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I Domingo de Cuaresma

Comentario dominical

6 de marzo de 2022

Ciclo CLc 4, 1-13

Por: P. Víctor Chacón Huertas, C.Ss.R. (Redentoristas de España)

Llegó ya la Cuaresma, tiempo de escucha y de revisión. En la que se pone a punto, se mira niveles, se revisa lo que somos y vivimos desde la fe… pero no lo hacemos mirándonos a nosotros, sino mirándole a Él, y escuchándole a Él. Vamos a ello.

Nos ha dicho el Deuteronomio: “Clamamos al Señor y el Señor escuchó nuestra voz, miró nuestra opresión y nos sacó de Egipto”. Y así nos presenta a un Dios que mira y escucha, que no se desentiende, que no está tan lejos ni sordo. Presenta a Dios como el cercano y salvador que se deja afectar por la vida de sus criaturas. Primera clave para revisar nuestros niveles de fe: ¿nos dejamos afectar nosotros por la vida de los demás? ¿por sus males y dolores, por sus sufrimientos y soledades, por el hambre de otros?

La epístola a los Romanos es una obra maestra de Pablo y de su pensamiento. Hoy comienza con solemnidad a decirnos: “La palabra está cerca de ti, la tienes en los labios y en el corazón”. La palabra de la fe que os anunciamos no es una cosa externa o ajena a tu vida, forma parte de ti. Tu corazón no sirve solo para amar u odiar… sirve para creer, sirve para guardar la palabra, meditarla, acogerla en silencio, rumiarla, que enriquezca tu vida y la de quienes te rodean. Hoy se banaliza demasiado el corazón. Y se reduce tristemente a siluetas rojas que sirven para vender y para pensar en relaciones efímeras. Y el corazón es algo más, es custode de la Palabra. Segundo nivel a revisar: ¿Qué importancia tiene la Palabra en mi vida? ¿Tengo un corazón abierto a la escucha?

Lucas nos presenta hoy el corazón de Jesús, que es tentado por el desierto. 40 días dice que pasó allí Jesús, y esto recuerda bien a los 40 años del Pueblo por el desierto, que vinieron después de la Liberación. Parece señalar el evangelista que Jesús continua esta historia de salvación. Pero nos presenta a Jesús, salvador, como Dios humanado. Y por ello tentado en su debilidad, sin llegar nunca a pecar.

Dios quiso asumir nuestra debilidad incluso enfrentándose a las principales tentaciones humanas: tener, poder y ser… Aparece junto al Espíritu que guiaba a Jesús, otro espíritu, este impuro y maligno, el tentador, el diablo. Este quiere apartarlo de su misión, alejarle de su Padre. Por ello le propone primero ser más fuerte, ahorrarse la debilidad y el sufrimiento de pasar hambre… el puede tener todo ¿por qué no tenerlo todo? Porque no solo de pan vive el hombre. Después vendrá la tentación del poder… “te daré todo esto, el poder y la gloria… si te postras y me adoras a mí”, pero Jesús no era necio y amaba profundamente a su Padre. Tercera y sorprendente tentación: “tírate por el alero del templo, porque tú eres importante y grande, y Dios cuida de ti”, aparece el diablo incluso citando la Palabra de Dios, una frase del salmo de hoy. Pero Jesús lo tiene claro: “no tentarás al Señor tu Dios”. A quien se ama no se le pone a prueba. A la luz de esta Palabra… ¿cuáles son mis tentaciones y cómo las afronto? ¿Acierto a confiarme en las manos de Dios como hace Jesús? Curioso lo que Jesús nos dice hoy: reconocerse débil es signo de fortaleza, querer imponerse y parecer fuerte -es signo demoníaco- y muestra inequívoca de debilidad.