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XV Domingo del Tiempo Ordinario

Comentario dominical

11 de julio de 2021

Ciclo B: Mc 6, 7-13

Por: P. Leiner de Jesús Castaño García, C.Ss.R

Con el agradecimiento que quiero hacerles llegar a nuestros ilustres visitantes de la página web de los redentoristas en Colombia, les comparto esta meditación que tendrá en cuenta diferentes elementos encontrados en el evangelio de hoy, las instrucciones dadas por Jesús a los apóstoles y unas recomendaciones para nosotros cristianos del siglo veintiuno.

Jesús es maestro y envía a sus “alumnos” al campo de trabajo. Hubo un tiempo en que se habló de la educación bancaria en donde solo se recibe y poco se da. Jesús no sigue ese modelo, Él sabe que sus “pupilos” han recibido muchas enseñanzas suyas y son testigos privilegiados de sus milagros y exorcismos, pero también de sus gestos de diálogo, amistad y fraternidad con los mismos apóstoles y con algunas personas que frecuentaba como es el caso de Marta, María y Lázaro; Jesús fue cercano a pecadores como Leví, Zaqueo y otros. Los discípulos ya están preparados para “replicar” este modelo evangelizador, pastoral y misionero.

Doce y doce. En la Antigua Alianza el liderazgo lo tuvieron los doce jefes de las tribus de Israel, con tierra, (exceptuando la tribu de Leví dedicada al culto) y con organización tribal. Ahora Jesús envía a los doce apóstoles a servir y a continuar su obra. El poder (exousia en griego) es para animar, levantar, sanar; no para imponer o buscar intereses egoístas y mezquinos.

Jesús es realista y los previene sobre la realidad que encontrarán sus discípulos. Los discípulos anunciarán la Buena Noticia de la salvación, pero este trabajo no se dará entre aplausos, con coronas de laurel y olor de rosas, no; ellos se enfrentarán al mal que existe en el ser humano y que es capaz de calumniar, perseguir, torturar y asesinar, como de hecho le pasó al mismo Maestro.

Manual de instrucciones. Como si a los apóstoles no les hubiera enseñado suficientemente, Jesús da unas instrucciones muy útiles para ellos y para nosotros en el momento actual que vivimos:

  • La fuerza no vendrá del ego de cada apóstol; al contrario, cada uno tendrá que trabajar con humildad para que el Señor ocupe el puesto principal.
  • La fortaleza la dará el Señor. Solo de Él viene la fuerza para actuar y para enfrentar el peligro que está presente por doquier.
  • En consecuencia, el trabajo debe hacerse con sencillez, sin ostentación, mostrando que los medios utilizados no tienen en sí mismos la fuerza de convencer para construir el Reinado de Dios.
  • Aceptados o rechazados. Los discípulos que son discípulos y ahora misioneros, serán aceptados, los escucharán, mucha gente vivirá feliz con el kerigma o Anuncio, pero otros los rechazarán, incluso planearán quitarlos del camino para que no se opongan a sus intereses personales.
  • Sin imposiciones. El mensaje, en palabras del Papa Francisco, debe contagiarse y no imponerse. Si no los acogen, deberán tocar otras puertas. Es la experiencia del mismo Jesús. Cuando los paisanos no lo aceptaron, Jesús se fue a otros territorios aledaños; el fracaso no lo desanimó, no lo detuvo en su misión.
  • El tiempo necesario. ¿Cuánto tiempo? Las circunstancias lo indicarán. Un tiempo para anunciar con claridad y no echar raíces desde la comodidad del evangelizador.
  • El mensaje es comunitario. Irán de dos en dos. Se trata del testimonio que darán, será la oportunidad para reforzarse en las penas y disfrutar de las alegrías propias de la labor misionera.

Usted y yo amable visitante, también estamos llamados desde el bautismo y la confirmación a ser evangelizadores. Las recomendaciones son las mismas para nosotros. Tengamos en cuenta:

  • Las palabras de Jesús se cumplieron. Nos dice el Evangelio de hoy que los apóstoles “expulsaron demonios y curaron muchos enfermos”.
  • La Iglesia sigue anunciando el mensaje evangélico. A través de ella el Resucitado sigue haciendo muchos milagros. A través del aceite que se usa en la Unción de los Enfermos, la Iglesia lleva esperanza, cercanía y curación a muchas personas.
  • Jesús llamó a los doce, pero también a otros 72 (Lc 10, 1-24). Allí estamos los que vendríamos después de la muerte del último apóstol: obispos, presbíteros, diáconos, consagrados, laicos. Todos somos importantes en la misión de construir el Reino de Dios.
  • Con la conciencia de que somos llamados proclamemos la Palabra de Dios, demos testimonio de vida, llevemos una manera de vivir y actuar para que el mensaje sea más creíble. No olvidemos que tenemos la capacidad de llevar amor y Palabra de Dios. Ya que el Señor nos ha dotado de capacidades y nos llena la presencia del Espíritu Santo, seamos responsables y llevémosle amor a los demás, especialmente a los más débiles; así se va haciendo presente el Reino de Dios.
  • Los laicos están llamados a llevar el Evangelio a la familia o Iglesia doméstica, la cual se vio muy reforzada con motivo de la pandemia del Covid 19. También están llamados a llevar el mensaje en el ambiente en que se mueven. Este trabajo puede hacerse desde diversos estados o estilos de vida:
    • El matrimonio.
    • La vida consagrada en las comunidades religiosas, institutos seglares o movimientos apostólicos.
    • La soltería. Hay personas que se han dedicado a cuidar a sus papás, a sus hermanos y sobrinos y han sido grandes mensajeros y servidores del Señor.

Jesucristo sigue llamando, ninguno está excluido. Llamó a los apóstoles, ahora nos llama a ser discípulos-misioneros. Él cuenta con nosotros. A través del Papa Francisco y nuestros pastores nos envía a las periferias, a los humildes y en general a todo ser humano. No seamos pequeños ante una misión tan grande.