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XXVIII Domingo del Tiempo Ordinario

Comentario social

10 de octubre de 2021

Ciclo B: Mc. 10, 17– 30

Por: P. Edward Julián Chacón Díaz, C.Ss.R.

La Palabra de Dios en este domingo XXVIII del tiempo ordinario nos invita a reflexionar sobre la “auténtica riqueza” no como fin de la felicidad sino como medio que ayude a edificarla. Sin embargo, en nuestros corazones las riquezas son sinónimos de los bienes materiales: dinero, posesiones materiales y diversos objetos de valor económico. Este reduccionismo a conducido a un afán de “acumular dinero” a costa del bien común y de la dignidad de las personas.

Hacia el año 270 d.c., el joven san Antonio abad, que rondaba los veinte años, escuchó en la liturgia esta invitación de Jesús: “anda, vende lo que tienes, dáselo a los pobres, así tendrás un tesoro en el cielo, y luego ven y sígueme” (Mc 10, 21). Estas palabras le llegaron de tal manera al corazón que enseguida decidió vender sus posesiones y retirarse al desierto. Allí permaneció a solas con Dios. Pero no solamente se encontró con Dios, sino también consigo mismo. Tuvo que confrontar sus sombras para descubrir la misericordia de Dios y la sabiduría como riqueza para llegar a él.

El texto sapiencial de la primera lectura (Sab. 7, 7- 11) es una invitación a vivir la prudencia. Para C.S Lewis, escritor cristiano irlandés, la prudencia significa sentido común, tomarse el trabajo de pensar lo que se hace y las consecuencias probables que ello puedo tener. La inteligencia no es simplemente una capacidad cognitiva sino la virtud de discernir entre la bondad y aquello que puede perjudicar. Es paradójico encontrar personas académicamente preparadas pero necias en sus decisiones y gente que no tuvieron la oportunidad de estudios básicos, pero con una agudeza existencial de la vida.[1]

En consecuencia, san Efrén comentando un pasaje bíblico de los Hebreos (4, 12 -13) nos muestra la actitud interior con que tendríamos que acercarnos a la Biblia: “llenos de espíritu de humilde y perseverante búsqueda, con asombro ante sus maravillas y gratitud por sus enseñanzas e iluminaciones”[2]. La verdadera sabiduría cristiana no está en relación al acervo de conocimientos, sino con la experiencia que se tenga de una persona, Cristo, que es mi Dios y mi Señor.

Diría un clásico comercial de master card: “hay cosas que el dinero no puede comprar…” La sabiduría es una de ellas. El hombre rico del evangelio (Mc. 10, 17 – 30) creía sabérselas todas, pero es interpelado por Jesús a la hora de vivenciar aquella fe que decía conocer. Tampoco es satanizar el dinero, la dificultad es cuando lo consideramos como el objeto central de nuestra vida. San Basilio en uno de sus sermones predicaba: “nadie tiene derecho a acumular riquezas que superen las propias necesidades para vivir dignamente, mientras otros carezcan de lo necesario”[3].  

El sentido de la prosperidad económica como afirma san Juan Crisóstomo es la justa distribución de los bienes: la riqueza pertenece al Señor; sea cual sea la fuente de donde los hemos recogido… Y si el Señor te ha concedido tener más que otros, no ha sido para que la despilfarres. Ha sido para que lo distribuyas entre quienes lo necesitan”[4]. No es comunismo: es caridad cristiana. El punto central planteado aquí es que no existe ningún derecho a la propiedad privada que justifique acaparar bienes innecesarios, mientras otros carezcan de lo indispensable para vivir.

Entonces, ¿Quién hace reflexionar hoy desde la fe cristiana a la clase privilegiada de nuestro país? La misma clase política y financiera que desfila en los escándalos de corrupción acude todos los domingos a misa, pero ¿qué escuchan? Sería bueno traer a colación lo que san Ambrosio de Milán predicaba en cierta ocasión: “Dios entregó la tierra en común a todos los seres humanos, con el designio de que todos gozasen de los bienes que produce en abundancia; no para que cada cual reclamara para sí todas las cosas, con una avaricia furiosa, ni para que alguno se viera privado de lo que la tierra produce para todos”[5].

Oremos por nuestros gobernantes y por aquellos que tienen privilegios materiales para que sean generosos con sus hermanos y tomen las decisiones acertadas por el país. Y pidamos a Dios que nos conceda la sabiduría de elegir nuestros dirigentes.  


[1] C.S. Lewis. Mero cristianismo. En: https://ibitibi.org/wp-content/uploads/2017/03/MeroCristianismoC.S.Lewis_.pdf

[2] San Efrén. Contra la herejía de Noeto.

[3] San Basilio. Homilía sobre el joven rico.

[4] San Juan Crisóstomo. De las exhortaciones a los ricos.

[5] San Ambrosio de Milán. Sobre los deberes de los ministros.