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XIV Domingo del Tiempo Ordinario

Comentario dominical

4 de julio de 2021

Ciclo B: Mc 6, 1-6

Por: P. José Humberto Toro Palacio, C.Ss.R

El pasaje del evangelio de este domingo, contrasta con el del domingo anterior. Allí encontramos dos ejemplos de fe: una mujer con flujos de sangre y la hija de Jairo. Hoy tenemos la “falta de fe” y la “incredulidad” de los paisanos de Jesús en la sinagoga de Nazaret.

Una estupenda enseñanza de Jesús (aunque no se dice que enseñaba) produce la admiración de todos, pero el resultado es la incredulidad. Esto no deja de ser un misterio, escuchar palabras divinas y no acogerlas; ver milagros y no creer. Así es el corazón humano.

La pregunta que surge es por qué no creen en Jesús. Ellos mismos dejan claro que su sabiduría es profunda y que sus milagros confirman que está “tocado” por lo divino. Entonces, ¿Por qué pasan del asombro al escándalo? Hay que tener presente que en aquel tiempo había varias teorías sobre el origen del Mesías: Sería descendiente de David o de origen desconocido (Jn 7, 27). El Jesús que tenían delante no parecía que tuviera mucha realeza y, además, era bastante conocido: “¿No es éste el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago y José y Judas y Simón? Y sus hermanas ¿no viven con nosotros aquí?” (Mc 6,3). Es como si la naturaleza humana de Jesús se volviera un obstáculo para creer en él. Su encarnación es tan radical, que desconcierta a quienes esperan algo más “divino”.

A partir de este fracaso de Jesús en la sinagoga, ya no volverá a enseñar en este lugar ni predicará más a sus paisanos. Él ha corrido la misma suerte de los profetas que en su gran mayoría no fueron escuchados. Al respecto es ilustrativa la primera lectura, donde el Señor le advierte a Ezequiel de su absoluto fracaso en su tarea, pero deberá hacerla: “a ellos te envió para que les digas: “Esto dice el Señor.” Ellos, te hagan caso o no te hagan caso, pues son un pueblo rebelde, sabrán que hubo un profeta en medio de ellos” (Ez 2, 4b-5). Esta situación de fracaso no desmotiva a Jesús, por el contrario, se irá a otros pueblos a enseñar. Dejará claro que lo escuchen o no lo escuchen, la gente sabrá que hubo un profeta entre ellos. Es la certificación de que Dios siempre está en medio de su pueblo.

Esta forma de proceder de Jesús deja ver en quién está puesta su confianza y cuáles son sus intereses. Su razón de ser y de su actuar es su Padre, es la obediencia a su voluntad la que lo impulsa y por ello no se desanima cuando la respuesta es la negativa de algunas personas, él sabe que siempre habrá otras dispuestas a creer y a recibir la buena noticia.

Es hermoso ver la humildad con que procede Jesús. Lleva su enseñanza y sus milagros a la vida cotidiana de cada persona. Allí donde cada uno hace su vida, allí está él, santificando su existencia e invitando a descubrir el amor de su Padre por todos los hombres. Esto nos lleva a pensar que habrán sido muchas las ocasiones en que hemos escuchado sus palabras sin que apenas nos conmuevan, sin llenarnos de asombro como sus paisanos.

Un pequeño resumen del evangelio de San Marcos hasta este pasaje, deja ver que Jesús ha sido aplaudido, admirado y que las multitudes lo siguen. Pero también ha sido tildado de loco, de impuro, de agitador en nombre de Satanás, de no respetar las leyes sagradas y hasta se ha convertido en motivo de escándalo. Con todo esto, ¿valdrá la pena seguirlo o también terminaremos desilusionados?

La súplica que debe brotar de nuestros corazones al escuchar este evangelio es pedir la gracia de la fe. Una fe que nos permita ver la acción salvadora de Dios en nuestras vidas. Una fe que nos libre de toda marginación como a la hemorroisa y que nos dé vida como a la hija de Jairo. La fe es el espacio natural de la acción de Dios.