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Por: P. Edward Julián Chacón Díaz, C.Ss.R.

El Papa Francisco en varias ocasiones ha presentado a la familia como el “sí del amor de Dios al mundo”. Solamente partiendo del amor la familia puede manifestar, difundir y regenerar el amor de Dios en el mundo. Sin amor no se puede vivir como hijos de Dios, como cónyuges, padres y hermanos. Además, es importante que las familias “se pregunten a menudo si viven partiendo del amor, por el amor y en el amor. Esto significa concretamente darse, perdonarse, no perder la paciencia, anticiparse al otro, respetarse”. (Cfr. Homilía Papa Francisco Encuentro Mundial de las Familias, 2018)

El amor no se construye desde el mero deseo o como un sentimiento pasajero. Al ser un valor permanente debe tener la dinámica de la paciencia, virtud que en la liturgia del día de hoy el apóstol Santiago exhorta a las diferentes comunidades cristianas. La paciencia empieza en uno mismo, sigue por aplicarla con la familia y termina esparciéndose, en los distintos estamentos de la sociedad.

En consecuencia, el crecimiento mutuo de la pareja y claramente del hogar debe tener como elemento primordial la paciencia. No debe ser vista como el aguatarse o el soportarse las diferencias sino es el arte de saber expresar los pensamientos, las emociones y sentimientos, que en ocasiones al no ser comunicados asertivamente pueden generar heridas en la vida familiar. Pues el amor tiene siempre un sentido de profunda compasión que lleva a aceptar al otro como parte de este mundo, también cuando actúa de un modo diferente a lo que yo desearía.

Por todo ello, es necesario asumir las diferencias y trabajar por la unidad en la pluralidad. Sin paciencia “nos convertiremos en personas que no saben convivir, antisociales, incapaces de postergar los impulsos, y la familia se volverá un campo de batalla”. La ineptitud para la convivencia y las actitudes antisociales pueden brotar de la incapacidad de postergar los deseos. Todo lo queremos aquí y ahora. Y continuamente discutimos y litigamos.  

Un hogar se diferencia de una casa, en la medida en que fluye la comunicación y nos encontramos unos a otros, es decir, en la capacidad de compartir las experiencias, de mirarnos a los ojos, de amar con los gestos, con las palabras y con las acciones, esto es lo que nos enseña la paciencia. Sin duda gran desafío en la actualidad al que se enfrenta toda familia, es el desafío de la comunicación, puesto que hoy en día, el ritmo de la existencia y el valor que se le ha dado al tener, por encima del ser, nos aísla como personas y nos lleva a experimentar sentimientos profundos de impaciencia y soledad.

Finalmente, el Papa Francisco no recuerda que, la familia más hermosa, protagonista y no problema, es la que sabe comunicar, partiendo del testimonio, la belleza y la riqueza de la relación entre hombre y mujer, y entre padres e hijos. No luchamos para defender el pasado, sino que trabajamos con paciencia y confianza, en todos los ambientes en que vivimos cotidianamente, para construir el futuro (Cfr. Papa Francisco, Mensaje para la Jornada Mundial de las Comunicaciones, 2015). Pidamos al Señor de los Milagros que sepamos vivir la nobleza y el entendimiento como germen de la paciencia en la vida familiar.