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V Domingo de Cuaresma

Comentario dominical

3 de abril de 2022

Ciclo C: Jn 8, 1-11

Por: P. Víctor Chacón Huertas, C.Ss.R.

Ciertamente la vida nos da sorpresas y nos hace regalos. Este V domingo de Cuaresma está marcado por este hecho sorprendente y gozoso. Y la Palabra de Dios nos ayudará a profundizar en ello aún más.

1. No recuerden lo de antaño, no piensen en lo antiguo; mirad que realizo algo nuevo; ya está brotando, ¿no lo notan?
Es la profecía de Isaías la que nos advierte de la necesidad de desconectar, de soltar lastre para despegar del suelo con fuerza. Dice otra frase evangélica: “nadie que mete la mano al arado y vuelve la vista atrás puede seguirme”. Y lleva toda la razón. ¿Sabéis por qué? Porque es fácil que al tener en la mano el arado y torcer la cabeza al mirar atrás ¡torzamos también el surco! No se puede avanzar mirando hacia atrás. No podemos decir “te seguiré, Señor” y continuar con la misma vida de antes. El pasado de nuestra vida tiene un peso ineludible, no lo podemos cambiar, pero Dios lo puede todo. Él desea hacer algo nuevo con “todo lo viejo” de nuestra vida, sólo déjale: “mirad que realizo algo nuevo y ya está brotando, ¿no lo notáis?”.

2. Sólo busco una cosa: olvidándome de lo que queda atrás y lanzándome hacia lo que está por delante, corro hacia la meta, para ganar el premio
San Pablo a los Filipenses lo dejará aún más claro: “Todo lo estimo pérdida comparado con la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor”. Todo me da igual, sólo una cosa cuenta en mi vida, nos dice un Pablo apasionado. Y de nuevo aparece la idea de dejar atrás lo pasado, no remover, no anclarse ni aferrarse a nada, abrirse a los tiempos nuevos que Dios nos da. “Lanzándome hacia lo que está por delante, corro hacia la meta, para ganar el premio”. Y no, ya lo sospecháis, no se trata de competitividad; sino de estimular la propia vida, tener clara la meta: Cristo. Y caminar decididamente, sin rodeos ni entretenimientos hacia ella. El propio Pablo se siente aún corredor principiante, no posee nada, pero corre entusiasmado: ¡le aguarda al final Cristo! Y ¡le acompaña ya en la carrera! Es su Señor.

3. La primera piedra.
En todo camino hay piedras de tropiezo. Lo hubo hasta en el de Jesús (tentaciones). ¿No lo va a haber en el nuestro? Lo malo es cuando esas piedras no están hay simplemente, sino que son arrojadas o puestas por otros. Jesús no lo duda y así lo espeta a aquellos que le piden un juicio de aquella mujer que debía ser castigada: “El que esté libre de pecado que tire la primera piedra”. Eso equivale a haberles dicho: ¿quién eres tú para juzgarla? ¿Acaso eres tú más santo que ella? ¿Acaso tú no caes? ¿Tan justo y santo te tienes que ocupas el lugar de Dios que es dueño y Señor la vida? Pues no Señor. Nosotros creemos en la fuerza regeneradora del perdón. Porque el odio y el rencor son un cáncer voraz que consume nuestra vida y nuestra alegría. Nada ganamos con ellos. Como los discípulos te decimos: “¿dónde vamos a ir, Señor? Sólo tú tienes palabras de vida eterna”. Necesitamos vivir tu perdón, regenerar allí nuestra historia. Caminar decididamente mirando al futuro. Como aquella mujer.