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XII Domingo del Tiempo Ordinario

Comentario dominical

20 de junio de 2021

Ciclo B: Mc. 4, 35 – 41

Por: P. José Samuel Torres Tangua, C.Ss.R

La época actual se caracteriza por su pluralidad, es decir, las diversas visiones del mundo, del hombre, de la fe se entrecruzan en un diálogo continuo. En medio de este contexto plural, el creyente se siente confrontado en su fe. Las lecturas de este domingo tienen como telón de fondo la experiencia de fe. En ellas, Jesús invita a los discípulos a pasar a la otra orilla. La travesía por el lago fue muy accidentada. La imagen de la barca azotada por las aguas agitadas es la imagen de la Iglesia que atraviesa los mares embravecidos y en los cuales se siente el temor, la duda, la incertidumbre. El grito de los discípulos resuena con actualidad: ¡no permita que nos hundamos! El reclamo de Jesús se hace sentir ¿a qué viene ese miedo? ¿aún no tienen fe?

La experiencia de la fe se debe afianzar cada día. La vivencia de la fe requiere cuidado, alimento, protección y testimonio. Algunos aspectos que surgen de las lecturas de este domingo:

  • La fe supone reconocer a Dios a pesar de las tormentas de la vida.

El relato del libro de Job ofrece la respuesta al mal sufrido por el inocente. En él se desarrolla la idea de la retribución, puesto que Dios castiga al malo y bendice al justo. Job después de vivir económicamente estable y rodeado de bienestar, cae en desgracia y acusa a Dios por sus males. Sus amigos, por medio de unos diálogos prolongados, tratan de ofrecerle una imagen diversa de Dios. A Job le impacta el silencio de Dios y al final del libro Dios le responde. Parte de la respuesta de Dios la leemos en este domingo. El ella, Job es invitado a mirar la belleza de la creación. En la misma contestación se desautorizan las concepciones que los amigos tienen de Dios. Son varios los símbolos que emergen en la respuesta de Dios. El mal es representado desarrollado con la imagen del mar y se describe como un niño que es arropado en su nacimiento. Esta imagen cósmica permite entender que el mal tiene sus limitaciones. El dolor, el mal, la tormenta no tienen la última palabra. La palabra de vida de Dios en la creación es una invitación a la esperanza.

  • La fe en Cristo supone una vida nueva.

Pablo comparte su proceso de fe con la comunidad de Corinto y le dice que antes juzgó con criterios humanos, e incluso llegó a perseguir a los cristianos. Ahora, el apóstol es una criatura nueva en Cristo. Vivir como cristianos conlleva una vida nueva. Es una opción personal donde se reconoce el amor de Cristo por cada uno de nosotros y al mismo tiempo se configura el amor del creyente a la vida oblativa del Redentor. Vivir para Cristo es vivir sin egoísmo y al mismo tiempo superar criterios netamente humanos.

  • La fe supone un encuentro personal con Jesús.

Recuerdo las palabras del papa Benedicto XVI en su carta encíclica Deus Caritas est (2005) “No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva”. Este encuentro afecta a toda la persona, cambia la manera de ser y de mirar la vida. A partir del encuentro, la persona experimenta la seguridad y confianza a pesar de las olas que continuamente agitan el mar de la vida. Jesús se presenta como el faro de la vida que orienta y abre nuevos horizontes. Los discípulos obedecen la orden del maestro y emprenden la travesía misionera.

La escena de la tempestad calmada es elocuente por su mensaje. El paso del mar y la agitación de las olas tratan de impedir la meta de Jesús: ir a la otra orilla. Jesús de dirige a otros pueblos, su misión del anuncio del reino lo lleva a pasar el lago de Galilea y a entrar en contacto con otras culturas y pueblos. La fe se debe anunciar. Es claro que esta labor no es tan fácil, no lo ha sido ni lo será y más en este tiempo de pluralidad y de desconcierto mundial. Salir airosos de la tempestad del mar es un hecho salvífico. Ante los discípulos, Jesús manifiesta su palabra de autoridad, de poder cósmico y de dominio del mal.

Los discípulos se sienten desolados ante la misión. Los vientos huracanados debilitan su fe. El naufragio de la barca parece inevitable. Contrasta en esta escena la furia del mar y la angustia de los discípulos con la serenidad de Jesús. |Sin embargo, la presencia del Maestro permite superar los obstáculos que se presentan en el camino y anunciar la buena nueva de la salvación. Las acciones de Jesús son significativas: se pone en pie, increpa a los vientos, y el mar se pone en calma. La vida ha sido salvada y la misión continúa.

Después de este acontecimiento, Jesús interpela a los discípulos en dos aspectos: el miedo y la fe. La fe, don de Dios, permite superar los miedos que trae la vida misionera. La realidad del mundo confronta continuamente al discípulo, pero la invitación de Jesús es constante: “pasemos a la otra orilla”.