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Por: P. José Rafael Prada Ramírez, C.Ss.R.

Doctor en Psicología Clínica, recopilador y redactor.

Podemos distinguir salud física, salud mental y salud espiritual. La física es la más común y por la que nos preocupamos más; generalmente cuando nos sentimos enfermos vamos al médico. La espiritual está en manos de cómo nos relacionamos en el amor con Dios y con nuestros hermanos; la mental depende generalmente de nuestras experiencias tempranas en la vida y de cómo enfrentamos los problemas y dificultades que vamos encontrando; para ella acudimos al consejero, al psicólogo, al orientador y, a veces, al sacerdote.

Nuestra “salud mental” es fundamental para la vida. Algunos nos preocupamos por la salud física, y aún por la espiritual, pero no por la mental, y eso es causa de que, a la hora de la verdad, llevemos una vida llena de temores, angustias, traumas, peleas en comunidad, y nos quejemos en secreto de que somos infelices y de que en la vida nos va mal.

En referencia a la salud mental El Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid lanzó hace poco un documento-decálogo con sus orientaciones para la gestión psicológica de periodos como éstos que estamos pasando por el coronavirus en el 2020 y 2021. Lo esencial, según explica José Antonio Luengo, secretario de este colegio, es confiar en las medidas de bioseguridad de las autoridades y ser conscientes de que la vida va a cambiar por este evento pandémico.

Aquí sugerimos algunos puntos que nos ayudarán durante la pandemia Covid 19, pero también nos serán útiles en todos los momentos de nuestra vida diaria. Leámoslos, discutámoslos en comunidad y pongámoslos en práctica.

SUGERENCIAS PARA UNA BUENA SALUD MENTAL

  1. Entiende que cuidar la salud no es un castigo, un aburrimiento, una obligación penosa:todo lo contrario, cuidar tu cuerpo y tu mente es “lubricar” toda tu persona para vivir mejor, con más energía, con más alegría, con más amor, con mejores resultados en tu vida. No olvides que el cerebro está organizado para aceptar lo placentero y rechazar lo que produzca dolor o fastidio. El cerebro es un maravilloso solucionador de problemas y debes tratarlo con delicadeza y energía, porque no hay ningún órgano en la naturaleza que te pueda ayudar tanto y tan bien en la tarea de supervivencia en este mundo.
  2. Define rutinas: cualquier actividad, así sea casera, debe tener orden, objetivos, metas y plazos. Dicho de otra forma, debes evitar al máximo el sedentarismo extremo (sentados en un sillón dejando pasar el tiempo) y no permitas que tu mente vague sin sentido y aperezada. Es importante que destines tiempos específicos para cada tarea con los consecuentes descansos y lapsos para divertirte, orar, estudiar, dormir y descansar.
  3. Duerme bien: descansar adecuadamente es fundamental para recuperar energías y permitir que el cerebro realice correctamente sus funciones. Es nuestro principal alimento, por eso gastamos tanto tiempo de nuestra vida en dormir y descansar. Los expertos sugieren dormir entre 6 y 8 horas diarias. Tomar una pequeña siesta de 20 o 30 minutos también es beneficioso para la salud, pero no una siesta larga. Cuida, pues, la temperatura de tu habitación, que haya oscuridad y que no molesten los ruidos. Sugiérete, antes de dormir, que lo vas a hacer “como un lirón”, “a pierna suelta”, “a calzón quitao”. Y como eres religioso, haz una oración de confianza en los brazos de Dios antes de dormir.
  4. Sé positivo: sonreír y afrontar cada día con una actitud positiva, es el primer paso para recibir algo bueno. El pesimismo, el mal genio, el estrés, la angustia son enemigos de tu felicidad y tu buena salud. Desde que despiertes por la mañana date mensajes positivos física y espiritualmente, sin pena, sin exagerar, pero con entusiasmo pues eres una creatura maravillosa y con un potencial increíble. El ser positivo hace crecer tu “barrera inmunológica”, multiplica tus defensas orgánicas y te defiende de virus, bacterias y enfermedades de toda clase. Y por el principio de la “profecía del autocumplimiento”, lo que te propones y deseas alcanzar, fácilmente lo lograrás si eres positivo en tu existencia.

Pero… ¡ojo! No niegues tus sentimientos negativos, no los reprimas, acéptalos como son, pero no te dejes dominar por ellos ya que tienes “libre albedrío” y puedes centrar tu atención y dar importancia a lo que tú decides que es bueno para ti. ¡Y ser positivo es inmensamente mejor que ser negativo!

  1. Evita la monotonía: procura que tus actividades sean variadas y, por encima de todo, reconfortantes y gustosas, de tal forma que al realizarlas te generen gusto o placer. La monotonía se puede convertir en un foso de desespero e irritabilidad y vuelve a la persona amodorrada, sin iniciativas, repetitiva y aburridora. Haz algo nuevo que te guste: aprende una nueva lengua, haz un crucigrama, escucha música agradable, aprende a cocinar…intenta cualquier cosa que te cause placer.
  2. Sé tolerante: como somos religiosos y vivimos en comunidad, la convivencia con otros te puede generar roces que, incrementados por la ansiedad del disgusto, llegan a convertirse en conflictos que te harán insufribles los días, especialmente estos días de coronavirus con confinamientos, toques de queda, pico y cédula etc… Por eso, evita los temas que generen discusiones mayores (políticos, religiosos, deportivos) y no traigas a la mente situaciones desagradables o reclamos atrasados. Discutir y enfurecerse nunca sirve para nada. Sé proactivo y tolerante: ¡te irá mucho mejor!
  3. Haz ejercicio: dedica un tiempo fijo para realizar una actividad física de manera regular. Si no estás acostumbrado a hacer ejercicio, inicia este proceso de manera ascendente. Y si ya lo haces, no pierdas tus rutinas. No olvides el adagio latino “Vita est in Motu”: ¡la Vida está en el Movimiento! Existen muchos tutoriales en Internet para hacer ejercicio en casa.

El movimiento pone en marcha gran producción de endorfinas y serotonina, neurotransmisores que producen estupendos estados de bienestar. El cuerpo produce estas endorfinas como respuesta a múltiples sensaciones, entre las que se encuentran el dolor y el estrés; también influyen en la modulación del apetito, en la liberación de hormonas sexuales y en el fortalecimiento del sistema inmunitario. Cuando sentimos placer estas sustancias químicas se multiplican.

  1. Ojo con la alimentación:  somos lo que comemos, no hay duda. Sé estricto con los horarios de alimentación, evita la comida chatarra y los excesos de harinas y grasas y prefiere siempre las frutas y las verduras, idealmente en cinco porciones por día. Y el consejo tradicional: desayunar muy bien, almorzar bien y cenar poco. Eso de sentarse a ver T.V. por horas, mientras comemos comida chatarra, sirve únicamente para “agrandar la barriga”, agudizar nuestras enfermedades actuales o propiciarnos enfermedades futuras.
  2. Sé empático y solidario: la convivencia entre los seres humanos, y más entre nosotros religiosos, exige unos grados de relación tan íntima que termina por requerir cuidado mutuo entre los integrantes del grupo que se comparte. Revisa tus síntomas y los de los que te rodean, ayuda a sobrellevarlos y estés pendiente del bienestar de los demás. No olvides que “de músico, poeta y loco, todos tenemos un poco”. Comprender a todos, ayudar al desvalido y sencillo, compartir con los pobres y necesitados, perdonar a los que nos ofenden, dar la mano al que lo necesita, es esencial para ser profundamente humanos y sentir felicidad. Pon en práctica pequeños gestos de amor: cada paso pequeño construye, poco a poco, una actitud positiva más poderosa y duradera. Y practica esta empatía con tus hermanos de comunidad, no la dejes sólo para tus amistades, para personas de tu parroquia o para tus fieles preferidos.
  3. Mantén tus contactos:  no pierdas la relación con tus familiares, tus amigos de hace años en vida religiosa, tus compañeros cercanos con los que vives y otras personas para ti importantes. Habla con ellos de manera regular. No te encierres en ti mismo. Hoy la tecnología permite la comunicación, pero también el encerramiento. Si en algunos momentos debemos estar aislados por nuestros trabajos, eso no significa que estemos incomunicados. Somos-seres-en-comunicación, esa es nuestra esencia.

No le tengas miedo a las TIC (tecnologías de información y comunicación), intenta comprenderlas y comienza a dominarlas, aunque tengas ya algunos años encima. Pero, claro, no seas esclavo del celular o del internet… Aprende a distanciarte de las pantallas del celular o del computador, de lo contrario serás su esclavo ansioso y sumiso y dejarás tu esencia humana para convertirte en máquina de estímulo/respuesta.

  1. Descansa, respira profundamente, relájate y conéctate con la naturaleza. Hay que aprender a decir ¡basta! y detenerte. Si nos dejamos llevar del activismo pronto tendremos ansiedad y, a la larga, nos abatirá el “surmenage” (agotamiento) del cual es muy difícil salir. Es importante aprender a relajarse, para que lo puedas hacer en pocos segundos frente a una situación estresante. En internet o en libros de autoayuda puedes encontrar métodos de relajación. Haz la relajación. Te ayudará enormemente.

Date un paseo por el bosque, por el parque, por la montaña, por el jardín de flores, por la orilla de un río o el mar, pues tu contacto con la naturaleza te tranquiliza y te hace sentir parte del cosmos. Caminar por zonas verdes, con árboles, pájaros, riachuelos y arboledas, te facilita el entrar en ti mismo, aplacarte y conocerte.

  1. Cambia de ambiente y aprende a desconectarte: lo puedes hacer yendo a un pueblito, al mar, a una zona campestre que te recuerde tu niñez feliz. Pero también lo puedes lograr dentro de casa, combinando el trabajo con la música, con el ejercicio, con una canción religiosa o profana positiva, con un programa de T.V. que te agrade, con una llamada telefónica amigable, o entrando en tu interior y agradeciendo lo maravilloso que eres física y espiritualmente. Tal vez en época de pandemias no puedes movilizarte como quisieras al exterior, pero lo puedes hacer con tu imaginación y con un recorrido en tu vida interior.

Aprende a no ser esclavo del trabajo porque eso te agobia y te hace explotar tarde o temprano. Tú no eres indispensable en ninguna parte ni en ninguna tarea. Aprende a ser humilde y comunitario.

  1. Infórmate sin saturación: el mundo de hoy es complejo. Basta mirar alrededor: coronavirus, crisis climática, trancones automovilísticos, complejidad en las comunicaciones, violencia extendida, marchas y huelgas, pluralismo y minorías que protestan, crisis en las religiones, en la vida consagrada y en todas las estructuras sociales, nuevas formas de vivir, etc. Y en medio de la ansiedad, muchos de nosotros somos dados a recoger información constantemente, aunque no siempre sea veraz. El consejo es acudir a fuentes confiables, pero con moderación, y ante las dudas… ¡consulta! No difundas noticias sin verificar, y no te dejes sugestionar. Como eres creyente y religioso, piensa y siente que en lo más íntimo de tu ser habita Dios: allí le puedes hablar.
  2. Haz oración, meditación, yoga o “mindfulness” (vivir el momento presente). Procura ser una persona “profundamente humana” para que puedas entrar dentro de ti, conocer tus “sombras”, tus “perros que ladran”, y dialogar con ellas y ellos (tus complejos, tus traumas, tus aprendizajes incorrectos tempranos). Aprende a respirar profundamente con respiración diafragmática o abdominal; ésta te ayuda a respirarusando el diafragma, músculo grande que cumple una función importante en la respiración y está ubicado debajo de los pulmones, separando el pecho del abdomen. Inhala y exhala en profundidad y rítmicamente.

Y como eres religioso, te sugiero hacer la conocida “oración de amor” u “oración del Peregrino Ruso”: al inhalar el aire dices “Jesús, hijo de Dios vivo”, y al exhalar añades “Ten misericordia de mí”. Así, puedes pedir brevemente en la exhalación, por cualquier persona o acontecimiento. Inténtalo, pues es una oración maravillosa.

  1. Agradece y no te enfades. Si agradeces, las demás personas te seguirán ayudando y gustosos estarán a tu lado. Si te enfadas, enmudeces, humillas o desprecias a alguien, pierdes tu paz interior, te conviertes en repulsivo para los demás, y confundes en tu cabeza las soluciones y te enredas en los problemas. ¡Qué hermoso es tratar con una persona agradecida! ¡Hasta Jesús de Nazareth agradeció que el leproso samaritano regresara a darle gracias por su curación y echó de menos los otros nueve que nunca lo hicieron!

¡Cómo todos crecen cuando el diálogo existe entre los seres humanos! La verdadera autoridad significa “hacer crecer a los demás”, nunca imponer tus ideas o tu fuerza. No olvides el adagio que enseña: “El ser humano que domina a otro es fuerte, pero el que se domina a sí mismo es invencible”.

  1. No seas procrastinador: no pospongas lo que debes hacer. Aplazar constantemente, nos hace sentir abrumados por los eventos y sin el control de nuestras vidas. Recuerda que la sabiduría popular nos dice: “no dejes para mañana lo que puedes hacer hoy”.

Por eso, ¡comienza desde ya a poner en práctica estos consejos o sugerencias para tener una muy buena salud mental!