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I Domingo de Cuaresma

Comentario dominical

6 de marzo de 2022

Ciclo CLc 4, 1-13

Por: P. Edward Julián Chacón Díaz, C.Ss.R.

El Miércoles de Ceniza comenzamos nuestro camino con Cristo. Como un camino que durará unas seis semanas y media, el tiempo de Cuaresma nos presenta la oportunidad de revivir el misterio pascual de Cristo. Nos expone a otras dimensiones de la vida y, por lo tanto, nos equipa para la gloria de la Pascua.

‘Cuarenta’ es el símbolo de una generación, de toda una vida. El pueblo de Israel caminó en el desierto durante cuarenta años (Dt 8, 2). Prácticamente, fue una nueva generación la que entró en ‘la Tierra Prometida’ (Num 32,13). El número cuarenta simboliza un tiempo de oración, como el tiempo que Moisés pasó en comunión con Dios en el monte Sinaí (Ex 24,17-18; 34-28). Simboliza el viaje de cada persona al monte de Dios como Elías “caminó cuarenta días y cuarenta noches hasta llegar a Horeb, el monte de Dios” (1 Reyes 19,8). ¡Es este viaje el que nos recuerda el Tiempo de Cuaresma! 

La primera lectura (Dt.  26, 1-2. 4-10), nos presenta el credo del pueblo judío. Es una síntesis de los acontecimientos salvíficos que Yahvé hizo por su pueblo. La fórmula, no es una oración sino una proclamación, es la profesión de fe que el pueblo hacía desde la época de los Jueces. Tres son los grandes momentos que el creyente recuerda: Yahvé, guió a los patriarcas, el éxodo y el ingreso en la tierra prometida.

La segunda lectura (Rm. 10, 5-13) el apóstol nos presenta el credo cristiano: confesar a Jesucristo como Señor. Además, presenta otra dimensión de este camino hacia la salvación. Presenta la fe como una herramienta necesaria que debe manifestarse a través de nuestras confesiones. Sin fe, será prácticamente imposible llegar a nuestro destino. La fe en este caso es la energía que nos motiva a medida que avanzamos. Si a lo largo de este viaje en esta temporada, nos cansamos, volvernos a Jesús es la mejor opción disponible para nosotros. Si lo invocamos con fe, encontraremos la fuerza para continuar. No podemos prevalecer en este viaje solo con nuestras propias fuerzas.

Cada año, el primer domingo de Cuaresma, la liturgia de la palabra nos invita a meditar sobre las tentaciones de Jesús. Esta realidad antropológica ofrece una idea de la espiritualidad que esperamos desarrollar mientras guardamos los cuarenta días este tiempo litúrgico. Podemos confiar en que Dios proveerá para nuestras necesidades materiales. Adoramos a Dios porque solo Dios tiene dominio sobre nosotros y nuestro mundo. Confiemos en que Dios será fiel a sus promesas. El rechazo de Jesús a las tentaciones del diablo muestra que no pondrá a Dios a prueba. Basándose en la Palabra y la autoridad de las Escrituras, Jesús reprende al diablo por su confianza en la protección y fidelidad de Dios.

Cristo nos enseñó, por una parte, la lógica del Reino de Dios y, al mismo tiempo, nos señaló el camino para superar las tentaciones en nuestra vida personal y en el anuncio del evangelio: el recurso a la Palabra de Dios. Es leyendo y meditando los evangelios como nosotros comprenderemos en nuestra vida personal lo relativo del poder, del tener, del brillar, del placer. Y la Palabra de Dios nos dará fuerza para superar esas tentaciones. En el campo del anuncio del evangelio, nos señala las pautas para actuar de acuerdo con el plan de Dios. En la sociedad de hoy tal parece que únicamente tendremos éxito si nos apoyamos en estructuras de poder y si contamos con medios económicos para competir con ideologías y proyectos del mundo. Ciertamente hay que usar la tecnología moderna en el anuncio del evangelio, pero no hacerlo depender de ella.

Finalmente, Al comenzar nuestro viaje a través de la Cuaresma, el Evangelio de este domingo nos llama a adoptar la misma confianza que Jesús tuvo frente a la tentación. Cada vez que rezamos el Padrenuestro le pedimos a Dios que no nos deje caer en la tentación. Meditemos estas palabras pidiendo que nos ayude las tentaciones del poder, del tener, del brillar y del placer egoísta.