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IV Domingo de Pascua

Comentario social

25 de abril de 2021

Por: P. Edward Julián Chacón Díaz, C.Ss.R.

Ciclo B: Jn. 10, 11 -18

Hoy celebramos al Señor resucitado como el Buen Pastor que ofrece su vida por sus ovejas. Jesús no fue el primero en utilizar la imagen del pastor. Incluso en la sociedad civil el concepto del pastor fue utilizado entre reyes y gobernantes, antes de la época de Jesús. En las estatuas e imágenes de los antiguos faraones egipcios, a menudo se representan sosteniendo el bastón de un pastor. Incluso podríamos decir que el concepto de un líder siendo pastor es tan antiguo como el concepto de monarquía misma.

En Palestina, la palabra “pastor” era sinónimo de amor desinteresado, sinceridad, compromiso y servicio de sacrificio. Por lo tanto, Jesús lo selecciona como el término más apropiado para denotar su vida y misión (Mt 2,6; 9,36; 18,12-14; 26,31; Mc 6,34; 14,27; Lc 12,32; 15,4; I Pe 2:25; 5,2-4; Heb 13,20). En el Antiguo Testamento, los profetas señalaron los principales deberes del Buen Pastor:

  • Conducir a las ovejas a los pastos, proporcionando alimento, agua y protección
  • Vigilar al rebaño de las diferentes amenazas.
  • Buscar a las ovejas pérdidas y sanar sus heridas.
  • Arriesgar su vida por el rebaño.

Entonces, todo aquel que tiene la confianza del cuidado de los demás es un pastor. Por lo tanto, sacerdotes, religiosos, padres, maestros, personal de la salud, autoridades, entre otros, son pastores. Nos convertimos en buenos pastores amando a los que se nos han confiado, orando por ellos, pasando nuestro tiempo, talentos y bendiciones por su bienestar, y protegiéndolos de los peligros físicos y espirituales.

Sin embargo, la primera lectura de hoy nos ofrece un ejemplo de los “falsos liderazgos” que han afectado a la humanidad en la historia. De cierta manera, Pedro en su discurso kerigmático evoca la profecía de Ezequiel: “¡Ay de los pastores de Israel que se apacientan a sí mismos! ¿No son las ovejas lo que tienen que apacentar los pastores?” (Ez 34, 1ss). Es una crítica a las autoridades de su pueblo que con su mezquindad y corrupción no han querido reconocer a Jesús como camino de salvación.

En contraste a lo anterior, el consagrado, el padre o madre de familia o el líder de una comunidad debe configurar su corazón a ejemplo de Jesucristo como lo expone San Juan en su primera carta: “cuando él se manifieste, seremos semejantes a él” (1 Jn, 1-2). La solidaridad y la compasión de Cristo por los más frágiles si visualizan en el servicio y la caridad como acciones que identifican a un buen pastor.

Además, los textos que meditamos este cuarto domingo de pascua es una llamada a despertar de nuestra dormición misionera; a redescubrir su voz y su mensaje en medio de los miles de palabras y mensajes que nos sacuden cada día; llamada a no emplear otros medios que la fraternidad y la generosidad: escuchar la voz del Pastor en las voces de nuestros hermanos más necesitados.

Finalmente, hoy la Iglesia nos invita a orar por las vocaciones no sólo al sacerdocio o a la vida consagrada, sino al laicado comprometido, a la fidelidad matrimonial o la unidad familiar; pidiéndole al Señor que nos regale testimonios vivos de lo que significa oír su voz, seguirlo y recibir de él la felicidad que nos llena de alegría, generosidad y gratitud.