CAMINAR EN TIEMPO DE CRISIS

Domingo de Resurrección

Comentario bíblico

4 de abril de 2021

Por: P. Luis Carlos Jaime Murillo, C.Ss.R. (Superior Provincial)

Ciclo B: Lc, 24 13-35 (Evangelio liturgia vespertina)

Hemos vivido el triduo pascual con esperanza alegre. Al trascurrir un año de haber sido obligados a un confinamiento prolongado, volvimos a celebrar de manera diferente y esperanzadora la experiencia de la resurrección con los destinatarios de nuestra acción pastoral. Poder celebrar con nuestra gente la semana mayor nos ayudó a comprender y valorar nuestra labor misionera y nuestro ser redentorista: somos de la gente y para la gente.

La liturgia del primer domingo de pascua nos presenta el relato de los discípulos de Emaús. El evangelista Lucas es el único que narra este episodio en la vida de los discípulos de Jesús. En el relato el autor dice que inicialmente que los discípulos emprenden el camino que conduce Emaús, pueblo vecino de Jerusalén, y por el camino comienzan a recordar los acontecimientos acaecidos los días anteriores en la ciudad (Lc 24, 17). La situación que deja entrever el relato es de desconsuelo e incertidumbre por parte de los discípulos. Por el camino aparece un compañero ocasional con quien inician un diálogo y le dan a entender que aquello que habían soñado quedó truncado por la muerte de quien había despertado todas las esperanzas mesiánicas. (Lc 24, 13-24).

Los discípulos de Emaús creían en Jesús como profeta y lo consideraban el salvador de Israel (Lc 24,19-20). Sus expectativas desmoronadas les impiden entender que Dios no actúa siempre según las expectativas e intereses de las personas. El evangelista muestra a Jesús atento a las palabras de los caminantes y luego interviene para exhortarlos a mantener la fe en aquello que siempre han creído y a no perder la esperanza, porque Dios ha hablado por los profetas y ha hecho ver que no está lejos de sus necesidades.

El autor del tercer evangelio ofrece a sus lectores tres formas de estar cerca de Jesús y de encontrarse con Él:

  1. En las Sagradas Escrituras: ¿No era necesario que Cristo padeciera eso para entrar así en su gloria? Y empezando por Moisés y continuando por todos los profetas, les fue explicando lo que decían de Él todas las Escrituras”. (Lc 24, 26-27)
  2. : “El caso es que algunas mujeres de las nuestras nos han sobresaltado, porque fueron En el recuerdo de las enseñanzas y los hechos de Jesús, tal como lo hicieron las mujeres al encontrar la tumba vacía de madrugada al sepulcro y al no hallar su cuerpo, vinieron diciendo que incluso habían visto una aparición de ángeles que decían que estaba vivo”. (Lc 24, 22-23)
  3. En la Fracción del Pan, en la Eucaristía: “Sentado a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo iba dando” (Lc 24, 30)

Quien reconoció o experimentó al Jesús resucitado, no puede retener u ocultar su vivencia. Al instante, los discípulos de Emaús se levantan y marchan a Jerusalén para contar a los demás discípulos su experiencia (Lc, 24-33-35). La resurrección es para ser contada y proclamada a todos, como lo hicieron los protagonistas del presente relato; esta experiencia no puede quedarse sólo en algo intimista, sino que debe traspasar el ámbito personal y llegar a todos los seres humanos.

En el encuentro con los discípulos de Emaús el Resucitado quiere:

Fortalecer sus pies. La experiencia de la resurrección implica para los discípulos iniciar un nuevo camino en el que tendrán que afrontar nuevos retos y muchas dificultades, que sólo se podrán afrontar con los pies fortalecidos. Los discípulos son misioneros itinerantes, en salida permanente y en búsqueda de los más necesitados.

Calentar su corazón: “… ¿No ardía nuestro corazón en nuestro interior cuando nos hablaba en el camino y nos iba explicando las Escrituras?”. (Lc 24,32). La experiencia del encuentro con el Resucitado se debe vivir en el corazón y dejarse transformar por Él. De este encuentro los discípulos cambian de actitud, pues, “levantándose al momento, se volvieron a Jerusalén…contaron lo que había pasado en el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan”. (Lc 24, 33-35).

Animar su fe. Cuando todo parecía haber terminado, el encuentro con el maestro lleva a los discípulos a comprender que estaba con ellos y que su compromiso con el ser humano no fue vano: “Entonces se les abrieron los ojos y lo reconocieron…”. (Lc 2431) La experiencia de fe en el Resucitado los lleva a mirar la historia de una manera nueva, diferente y con optimismo.

Luego de un año de confinamiento, poco a poco hemos ido venciendo el miedo a contraer el virus. Como los discípulos de Emaús tenemos que continuar nuestro camino, llenos de esperanza y de fe que Dios fortalece nuestros pies, calienta nuestro corazón y anima nuestra fe. No nos podemos dejar vencer por el pesimismo que empobrece, ni por el conformismo que impide ver lo nuevo que Dios nos regala cada día.

Cristo ha resucitado. ¡Aleluya! ¡Aleluya! ¡Aleluya!