CREER EN EL RESUCITADO
II Domingo de Pascua
Comentario bíblico
11 de abril de 2021
Por: P. Luis Alberto Roballo Lozano, C.Ss.R.
Ciclo B: Jn 20, 19 -31
Aparición a los discípulos reunidos (Mc 16, 14-18; Lc 24, 36-49). 19En la tarde de aquel día, el primero de la semana, y estando los discípulos con las puertas cerradas por miedo a los judíos, llegó Jesús, se puso en medio y les dijo: «¡La paz esté con ustedes!». 20Y les enseñó las manos y el costado. Los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor.
Dones y misión de la pascua. 21Él repitió: «¡La paz esté con ustedes! Como el Padre me envió a mí, así los envío yo a ustedes». 22Después sopló sobre ellos y les dijo: «Reciban el Espíritu Santo. 23A quienes perdonen los pecados, les serán perdonados; a quienes se los retengan, les serán retenidos».
Tomás, dichosos los que creen sin haber visto. 24Tomás, uno de los doce, a quien llamaban «el Mellizo», no estaba con ellos cuando llegó Jesús. 25Los otros discípulos le dijeron: «Hemos visto al Señor». Él les dijo: «Si no veo en sus manos la señal de los clavos y no meto mi dedo en el lugar de los clavos y la mano en su costado, no lo creo».
26Ocho días después, estaban nuevamente allí dentro los discípulos, y Tomás con ellos. Jesús llegó, estando cerradas las puertas, se puso en medio y les dijo: «¡La paz esté con ustedes!». 27Luego dijo a Tomás: «Trae tu dedo aquí y mira mis manos; trae tu mano y métela en mi costado, y no seas incrédulo sino creyente». 28Tomás contestó: «¡Señor mío y Dios mío!». 29Jesús dijo: «Has creído porque has visto. Dichosos los que creen sin haber visto».
Apéndice (20, 30-21)
Primera conclusión: vida en su nombre. 30Otros muchos milagros hizo Jesús en presencia de sus discípulos, que no están escritos en este libro. 31Estos han sido escritos para que crean que Jesús es el mesías, el hijo de Dios, y para que creyendo tengan vida en su nombre.[1]
Los Evangelios canónicos no nos dan información sobre la Resurrección de Jesús. La iconografía bizantina, algunos relatos apócrifos y los comentarios de algunos escritores e incluso de algunos Padres de la Iglesia intentan acercarse a ese acontecimiento del descenso a los lugares inferiores, que no son los que popularmente mencionamos como “infierno”, sino esa situación subterránea donde hay suspensión de la luz, de la vida y del tiempo.[2] De manera similar hay acercamientos al mismo momento de la resurrección y algunos iconos antiguos y modernos intentan imaginar, visualizar y hasta reproducir el sonido de la resurrección[3]
Los Evangelios canónicos y todo el Nuevo Testamento dan testimonio de la Resurrección de Jesús como de un hecho metahistórico y se concretan en dos campos: por una parte en la verificación de la tumba vacía y por otra en los relatos de las apariciones de Jesús Resucitado.
Según los versículos 19-20, la verdadera causa de la fe pascual fue el encuentro personal de Jesús con los suyos; lo que llamamos apariciones. Nuestro relato está pensado como el cumplimiento de las palabras de Jesús: «volveré a ustedes» (14, 18); «se presentó en medio de ellos» (20, 19); «otro poco y volverán a verme» (16, 16ss); «los discípulos se alegraron al ver al Señor» (20, 20); «les enviaré el Espíritu» (14, 26; 15, 26; 16, 7ss) y «para que tengan paz» (16, 33)-«la paz sea con ustedes…, reciban el Espíritu Santo» (20, 21ss).
El evangelista acentúa la identidad del resucitado con el crucificado y también, lógicamente, su diversidad; la confesión adecuada de la fe cristiana: «Señor mío y Dios mío» la recibimos de Tomás que no se negó a creer en la resurrección de Jesús pero sí la condicionó a una prueba de palpación de un cuerpo resucitado; la actitud de exigir pruebas tangibles y palpables para la fe es inadecuada porque el cuerpo ha adquirido una nueva existencia. Y aún así se dan las pruebas en el caso de Tomás, consideradas válidas y suficientes por el apóstol y tenidas en gran honor por la Iglesia de la India como comunidad que se considera, por él evangelizada y privilegiada por haber llegado a una fe probada. Los demás apóstoles tendrán una prueba similar de Jesús que come una porción de pescado antes de encomendar a Pedro el pastoreo de la Iglesia (Juan 21, 13-14)
Romano Melodio hace la siguiente reflexión: «¿Cómo voy a creer, cuando escucho cosas increíbles? Porque si hubiera venido el Redentor, hubiera preguntado por el servidor. Si hubiera brillado el día, ¿todavía estaría presente la noche? Si el pastor hubiera llegado, habría llamado a la oveja. Hace unos días preguntó: ¿dónde pusieron a Lázaro? Y ahora no dijo ¿qué pasó con Tomás? ¿Se olvidó del que quería morir con él? Seguiré sin creer hasta que lo haya visto. Cuando lo vea y lo toque, creeré y diré: Tú eres nuestro Señor y nuestro Dios». [4]
El Evangelio deja constancia de la fe de Tomás y subraya la actitud adecuada de la fe incondicional en las palabra «Dichosos los que creen sin haber visto».
Con Juan 20, 30-31 se cierra el capítulo con lo que se considera el epílogo a todo el evangelio y no solo a la narración de los signos de Jesús.[5] Es el único evangelio que indica claramente cuál es la finalidad: “para que crean que Jesús es el mesías y creyendo tengan vida en su nombre.” La finalidad no es solo cristológica, referida a Cristo, a quien proclama como Mesías y como Hijo de Dios sino también soteriológica.
La actitud de Tomás que pide comprobaciones antes de creer, su fe expresada en las palabras «¡Señor mío y Dios mío!» y la actitud prevenida de amplios sectores de personas que continuamente verifican las informaciones y tienen en la palma de la mano todo el conocimiento que circula por las redes se encuentran confrontados con la fe donde parece terminar la posibilidad de investigación. Con esa inquietud inicia la Encíclica “Lumen fidei” que recoge la herencia con que finaliza el pontificado de Benedicto XVI e inicia el Ministerio del Papa Francisco. Ya en el número 2, el documento nos plantea la alternativa que vive Nietzsche y comparte con su hermana Elisabeth: « Aquí se dividen los caminos del hombre; si quieres alcanzar paz en el alma y felicidad, cree; pero si quieres ser discípulo de la verdad, indaga ».[6]
La Encíclica responde a esta grave duda de que la fe sea una luz ilusoria.
Friedrich Wilhelm Nietzsche merece toda nuestra admiración y tiene un lugar destacado en la historia del pensamiento. Pero reduce la vida humana a una aventura intelectual. Y propone una experiencia humana y una historia de la humanidad como una supuesta búsqueda de la verdad que comienza con la negación de Dios.
La mencionada Encíclica continúa: “De este modo, el hombre ha renunciado a la búsqueda de una luz grande, de una verdad grande, y se ha contentado con pequeñas luces que alumbran el instante fugaz, pero que son incapaces de abrir el camino. Cuando falta la luz, todo se vuelve confuso, es imposible distinguir el bien del mal, la senda que lleva a la meta de aquella otra que nos hace dar vueltas y vueltas, sin una dirección fija…
Por tanto, es urgente recuperar el carácter luminoso propio de la fe, pues cuando su llama se apaga, todas las otras luces acaban languideciendo. Y es que la característica propia de la luz de la fe es la capacidad de iluminar toda la existencia del hombre.”[7]
El Evangelio de Juan en su primera conclusión termina donde está comenzando el discurso compartido de los dos Papas, Benedicto y Francisco: el primero fuertemente motivado por los textos del Evangelio de Juan y la persona de Jesús y el segundo muy activo en el manejo de las ideologías y en la aproximación a la complejidad de los acontecimientos religiosos y humanos del mundo en que vivimos. Volver a dejar resonar los dos últimos versículos del texto de Juan nos permite descubrir siempre nuevas resonancias, más allá de todo comentario: 30Otros muchos milagros hizo Jesús en presencia de sus discípulos, que no están escritos en este libro. 31Estos han sido escritos para que crean que Jesús es el mesías, el hijo de Dios, y para que creyendo tengan vida en su nombre.
Luis Alberto Roballo Lozano, Buga, 8 de abril 2021
[1] Texto de La Sagrada Biblia de América, Dirección Luis Roballo, etc., San Pablo, Bogotá, 2016
[2] En el Oficio de Lectura, de la Liturgia de las Horas del Sábado Santo se encuentra una antigua Homilía sobre el santo y grandioso Sábado en que se describe y dramatiza el descenso del Señor a la región de los muertos.
[3] En el Oficio de Lectura del Lunes de Pascua encontramos la Homilía de Melitón de Sardes, obispo de una de las siete Iglesias mencionadas en el Apocalipsis, y martirizado hacia el año 180. En los días sucesivos en el mismo Oficio de Lectura se encuentran importantes textos, entre otros, el de San Anastasio de Antioquía, fallecido hacia el año 600.
[4] Romano Melodio, Himnos, Tomo V, XLVI, 6.
[5] La palabra empleada por Juan es “semeion”, que puede ser traducida como milagro, señal o signo, indicando que es un hecho que aparece como señalador de que lo referido supera lo normal y está indicando algo que va màs allá de los lìmites naturales. Juan utiliza la palabra por primera vez en 2,11 subrayando que el hecho en que Jesús cambió el agua en vino fue el “primer signo” y lo asocia con la manifestación de su gloria por parte de Jesús y la respuesta de fe de parte de sus apóstoles. (En el análisis filológico fueron empleados ZERWICK, M., S.J.,-GROSVENOR M. A Grammatical Analysis of the Greek New Testament, GBP, Roma, 2010 y BibleWorks, version 10, Software for Biblical Exegesis and Research, Norfolk, VA)
[6] Brief an Elisabeth Nietzsche (11 junio 1865), en Werke in drei Bänden, München 1954, 953s. Cita tomada la Encíclica del Papa Francisco “Lumen Fidei” , n. 2, Roma, 29 de junio de 2013.
[7] Papa Francisco, Encíclica “Lumen Fidei” , Roma, 29 de junio de 2013, nn. 3-4
