EL SEÑOR NOS LLAMA
V Domingo del Tiempo Ordinario
Comentario dominical
6 de febrero de 2022
Ciclo C: Lc. 5, 1 – 11
Por: P. Leiner de Jesús Castaño García, C.Ss.R.
No hemos llegado a este mundo por casualidad; somos creación de Dios con la intervención de nuestros padres. En este mundo tenemos una misión, un trabajo, una meta. Cuando niños deseamos ser lo que hemos visto en otras personas: aviador, médico, servidor del Señor, conductor, negociante. En la medida en que vamos avanzando en nuestra existencia, nos damos cuenta tarde o temprano que lo más importante es ser una persona útil a la humanidad. Cuando llegamos a cierta madurez, nos sentimos fracasados si no hemos hecho un aporte específico a la formación de una sociedad más justa y fraterna.
El Señor nos llama a seguir su proyecto; muchos iluminados le han hecho propuestas a la humanidad. Jesús tiene una intención: construir el Reino de Dios. Esta meta era un llamado en su época y lo sigue siendo hoy con una fascinante actualidad. Nuestro mundo, Colombia en concreto, nuestro entorno, pueden ser mejores si el Reino va creciendo, beneficiando así a mucha gente.
En la palabra de hoy Jesús llama a Pedro y a otros discípulos, lo hace libremente, la libertad es el principal elemento de toda vocación: la iniciativa es divina. Ésta es aceptada desde la limitación humana, como Simón que no puede pescar nada, pero por la palabra de Jesús sus expectativas crecen hasta el punto de que no podía con la cantidad de peces. Solos no podemos. Sin el Señor no somos nada. Todos nuestros trabajos, proyectos, expectativas, sin la ayuda divina se vuelven vacíos, equivocados, destructivos tanto para nosotros como para los demás. El que sigue a Jesús vive una vida de sentido, hasta el punto que llama la atención de los demás.
Uno de los regalos más grandes que Dios nos ha dado es llamarnos a la vida cristiana, aunque no seamos mayoría en el mundo, pero la vida propuesta por Jesús nos hace personas en todo el sentido de la palabra. El plan del Señor sobre nosotros es que vivamos la salvación, ofreciéndonos a Él todos los días, entregando lo que somos y tenemos al servicio de la gente, del humilde, del necesitado o excluido. Encontramos personas que han auxiliado a un herido, le han dado estudio a un niño o joven, han sacado de la droga o de otra dependencia a una persona esclava, han dado un consejo oportuno, han compartido sus bienes, han predicado el Evangelio. Esas personas son un ejemplo, el Señor las llamó para una misión concreta, respondieron y se entregaron.
Nuestra invitación hoy: sea persona; sea cristiano seguidor de Jesús; viva en la Iglesia, comunidad de seguidores de Jesús la misión para la cual fue llamado. Pero, entréguese, dónese, ofrézcase a quien precisa de Usted, hágalo desde su libertad, su juventud, sus valores; siga su misión, sin fronteras. Tome conciencia de su bautismo, regalo de Dios, iniciativa divina; a usted no le preguntaron, pero ahora usted puede afianzarlo, asumirlo, vivirlo con la mentalidad de que todo bautizado es un enviado. Integre su bautismo con su profesión, su carrera, su trabajo. El mundo actual necesita profesionales, investigadores, artistas, deportistas, artesanos, campesinos, indígenas, que vivan su fe cristiana y la combinen con sus conocimientos y su práctica diaria. El Señor continúa hablándonos a través de personas y situaciones. Infortunadamente, muchas de estas sutiles manifestaciones de Dios en nuestras vidas pasan desapercibidas porque vivimos distraídos en medio del ruido de nuestros quehaceres.
Recuerdo la expresión de una niña de mi pueblo, Pensilvania Caldas, que cuando pequeña su mamá le preguntó qué quería ser cuando grande. Ella, sin dudas, respondió: “quiero ¡ser sirvienta!”. Quizás en la mente de una niña de cinco años existía la idea del servicio… o como dice Facundo Cabral, el niño que quería ser bombero, pues aspiraba a un trabajo noble, entregado, poco reconocido. Una sirvienta –aunque la palabra no suene mucho a nuestros oídos-, un bombero, dos ocupaciones que tienen que ver con el servicio desinteresado Nuestra mayor aspiración en la vida, lo reiteramos, debe ser el servicio a ejemplo de Jesús. Como bautizados nuestra aspiración debe ser el servicio a los demás, a la Iglesia, a Dios. No es conveniente que pasemos nuestra existencia solo pensando en nosotros mismos y nada más. Dejemos nuestro egoísmo… nuestra vocación es una lucha contra el pecado que tiene sus raíces en el egoísmo. El llamado que el Señor nos hace hoy es a vivir en libertad, a servir y a amar sin límites. Hermosa tarea para vivirla en este tercer milenio.
