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MENSAJE DEL PADRE GENERAL AL CONCLUIR EL AÑO DE SAN CLEMENTE HOFBAUER

TESTIGOS DEL REDENTOR:

Solidarios para la misión en un mundo herido

Roma, 15 de marzo de 2021

Queridos congregados, hermanas y hermanos en Cristo Redentor,

El lunes 15 de marzo de 2021 concluye la celebración del Año Jubilar del bicentenario de la muerte de San Clemente María Hofbauer, misionero redentorista y nuestro “segundo fundador.” Desafortunadamente, este Año Jubilar coincidió con la pandemia de Covid-19, que canceló casi todas las celebraciones previstas para conmemorar este importante aniversario.  Sin embargo, el espíritu de San Clemente nos ha acompañado a lo largo de todo el año, inspirándonos y animándonos, incluso en medio de las medidas de confinamiento.

En 1785, tras un largo camino de búsqueda de su “vocación,” Clemente Hofbauer y Tadeo Hübl profesan y se ordenan como misioneros redentoristas en Italia. A los pocos meses eran enviados más allá de los Alpes a predicar el Evangelio y a establecer la Congregación. San Alfonso recibía con alegría estas noticias estando en Pagani. Tannoia escribe que Alfonso en esos momentos, con espíritu profético exclamó: “Dios no dejará de difundir su gloria a través de estos hombres, en aquellas tierras que han quedado parcialmente abandonadas desde la supresión de los jesuitas. Las misiones allí son diferentes a las nuestras… ellos pueden hacer mucho bien y van a necesitar de una gracia especial”. En adelante, y durante los siguientes 35 años, Clemente dedicaría su vida a estos dos objetivos: predicar el Evangelio y establecer la Congregación Redentorista “en esas tierras abandonadas”.  Sería una tarea nada fácil.

Ante la prohibición de predicar misiones populares en las parroquias, Clemente encontraría nuevas formas de evangelizar a través del apostolado social y la atención a los pobres. Al igual que San Alfonso, promovió la palabra escrita a través de libros y periódicos. Organizó pequeños grupos para el estudio del Evangelio y preparó a los laicos para ser misioneros y llevar el Evangelio a los demás. Preocupado por una celebración viva de la Liturgia, fomentó el arte y la música como medios para comunicar la belleza del Evangelio y el amor de Dios. Como la cercanía a la gente era tan importante, Clemente pasaba horas en el confesionario y brindaba dirección espiritual a miles de personas. Su lema personal se hizo famoso: “Predicar el Evangelio de manera siempre nueva, en cada momento y en cada situación, con palabras que la gente pueda entender”.

San Clemente llegó al norte de los Alpes en un momento coyuntural de cambio de época. Era la época de la Revolución Francesa, seguida por las guerras napoleónicas que reconfiguraron el mapa de Europa y un nuevo populismo político. Fue el periodo de la ilustración y el momento romántico que reconfiguraba el discurso filosófico y teológico del norte de Europa. Quizá lo más significativo es que también fue una época de “nativismo”, anticlericalismo y fuerte reacción contra el poder y la influencia de la Iglesia.

A pesar de los obstáculos a los que se enfrentó, San Clemente nunca perdió su sentido del humor, ni su sentido de la esperanza. Se resistía a desanimarse o a dejarse llevar por la amargura. Quizá por eso es un excelente modelo para nosotros durante este tiempo de pandemia. Él nos dice hoy: “¡Nunca te rindas! ¡Siempre hay un camino alternativo! ¡No pierdas la esperanza! ” Alentados por su creatividad y optimismo, durante este año de la pandemia, los redentoristas han reimaginado su carácter misionero a través de los medios digitales, en la Internet, y mediante la formación de pequeñas comunidades. En lugar de permanecer encerrados en nuestras casas, muchos cohermanos se han involucrado con nuevos apostolados para poder llegar a los pobres y a los abandonados. Esto es “predicar el Evangelio de manera siempre nueva…”

San Clemente intentó establecer la Congregación formando comunidades de redentoristas en Polonia y Austria, en Rumanía y Alemania, en Suiza y Hungría. Pero todas estas comunidades serían cerradas por gobiernos hostiles, y a veces por obispos o clérigos inamistosos. Sin embargo, nunca se rindió. Los jóvenes redentoristas que preparó fueron dispersados y se les prohibió vivir en comunidad. Los estudiantes fueron enviados a sus casas. San Clemente siguió reuniendo pequeños grupos para rezar juntos, discutir, compartir y servir a los pobres; y en el secreto formaba a sus discípulos. De estos pequeños grupos surgirían muchos redentoristas, así como misioneros laicos dedicados y comprometidos, y también “oblatos”. Un mes después de su muerte, en 1820, el emperador concedió el permiso para establecer una comunidad en Viena. Y así, los Redentoristas que habían sido dispersados se reunieron de nuevo y comenzaron un nuevo capítulo en la historia de la Congregación.

En pocos años, cientos de redentoristas comenzaron a salir de Viena para predicar Evangelio en situaciones siempre nuevas, logrando establecer la Congregación en Alemania, Bélgica, Francia y Portugal. En 12 años, cruzaron el océano hacia las Américas para predicar de nuevo el Evangelio en las nuevas tierras, y establecieron la Congregación en Estados Unidos y Canadá, y pronto en América Latina, y después en África, Asia… Ahora nos encontramos en más de 80 países de todo el mundo.

Este es el legado que hemos heredado de nuestros padres fundadores, de Alfonso y Clemente. Es un legado que queremos proteger y seguir construyendo. Como lo afirma la constitución 15, dado que (los Redentoristas) “deben estar en búsqueda incesante de nuevas iniciativas apostólicas bajo la dirección de la autoridad legítima, se les prohíbe instalarse en situaciones y estructuras en las que su actuación perdería el distintivo misionero. Por el contrario, se ingeniarán en buscar nuevas formas de anunciar el evangelio a todas las criaturas (cf. Mc 16,15).”¡Predicar el Evangelio siempre de nuevo!

Después del Vaticano II hemos acogido seriamente estas palabras y hemos buscado adaptar nuestro carisma en un mundo complejo y que cambia rápidamente, en sintonía con el espíritu de San Clemente en el norte de Europa. El XXIV Capítulo General de 2009 puso en marcha un proceso que nos desafía a “reestructurarnos” por el bien de la misión. La respuesta a esta llamada en toda la Congregación ha sido reconfortante y nos ofrece una gran esperanza de cara al futuro.

Con el establecimiento de las cinco Conferencias hemos visto un discernimiento mucho más profundo de la misión de la Congregación hoy. Durante este sexenio, cada Conferencia ha trabajado intensamente, en diálogo con cada Unidad y comunidad local, para identificar nuestras Prioridades Misioneras y Apostólicas. Estos esfuerzos por articular el Plan Apostólico de la Conferencia están empezando a dar sus frutos. Estamos creciendo en nuestro sentido de solidaridad misionera, en una

conciencia de que todos juntos formamos parte de esta realidad. Hemos visto surgir nuevas iniciativas misioneras, creativas y audaces (Const. 13) mientras respondemos a las necesidades de nuestro mundo herido.

Es cierto, por supuesto, que la pandemia nos ha afectado a todos. Ha afectado y ralentizado algunos de nuestros esfuerzos. ¡Pero no nos desanimemos! ¡Existe la esperanza! Saldremos de esta pandemia con energías renovadas para continuar nuestro compromiso con la reestructuración para la misión. Seguiremos construyendo el legado que hemos heredado de Alfonso y Clemente.

Por ahora, no conocemos cómo será la “nueva normalidad”. Pero sabemos que hemos iniciado este viaje de reestructuración y renovación, un viaje que nos ofrece la oportunidad de imitar a Clemente, asumiendo riesgos, siendo creativos y predicando el Evangelio de manera siempre nueva en nuestro tiempo y en nuestras circunstancias. Inspirados por la vocación y el ejemplo de Clemente, estoy convencido de que, con fe encendida, seguiremos adelante.

Debido a la pandemia de este año, no pudimos honrar a San Clemente con las solemnes y festivas celebraciones que, en su honor y con tanto esmero, se habían planeado. Aun así, creo que podemos honrar a San Clemente de una manera mucho más significativa haciendo nuestro su espíritu misionero y encarnándolo hoy como sacerdotes, hermanos, religiosas y laicos asociados en la misión.

En nombre de la Congregación, me gustaría expresar mi gratitud a todos los que han contribuido a este año jubilar con publicaciones como las de One Body, biografías, artículos, vídeos y cartas. Gracias también por los numerosos proyectos que buscan dar a conocer el espíritu de San Clemente a nuestros formandos, a nuestra familia redentorista y a las personas a las que servimos. Sobre todo, gracias a San Clemente María Hofbauer por su ejemplo y su espíritu, que nos inspiran hoy a seguir predicando el Evangelio de manera siempre nueva y nos ayudan a seguir dando testimonio del Redentor en nuestro mundo herido. Animo a cada comunidad local a celebrar su fiesta este año con este espíritu de gratitud y esperanza.

Dos reflexiones finales del propio San Clemente:

  1. “Predicar el Evangelio de manera siempre nueva… en cada momento y en cada situación… con palabras que todos puedan entender…” Predicar el Evangelio de manera siempre nueva. Clemente nos dice: “arriésguense, sean creativos, sean apóstoles fieles”.
  2. Nunca hay que perder la esperanza, nunca hay que desanimarse, a pesar de los obstáculos que podamos encontrar en nuestro camino: “Es Dios quien está al frente de todo y lo dirige todo, para nuestro bien y para su gloria”.

Sigamos los pasos de Clemente mientras celebramos su vida, y sepamos que hoy, quizá más que nunca, dadas las circunstancias de esta pandemia y de estos tiempos difíciles, él nos sigue acompañando.

Que, al predicar el Evangelio en nuestro mundo herido, Dios siga bendiciendo a la Congregación y a toda la familia redentorista. Que el Espíritu Santo nos haga auténticos y proféticos testigos del Redentor. Que San Alfonso y San Clemente nos acompañen e inspiren en la misión.

Hermanos en Cristo Redentor,

Michael Brehl, C.Ss.R.,
Superior General