MISERICORDIA Y SOLIDARIDAD

II Domingo de Pascua

Comentario social

11 de abril de 2021

Por: P. Edward Julián Chacón Díaz, C.Ss.R.

Ciclo B: Jn 20, 19 -31

¿Alguna vez has tenido un mal día? Sólo piensa qué tipo de fin de semana tuvieron los apóstoles en la primera Pascua del Señor. Todo en lo que habían creído se derrumbó en menos de tres días. Temerosos al correr un destino similar que su maestro, se encierran en una casa. En esta dificultad tienen un encuentro con el resucitado, que los anima a no desfallecer en su experiencia de seguimiento.

Entonces, la crisis de la primera comunidad era ciertamente interpretativa. Pues la imagen que tenían de Jesús difería de lo que él realmente quería trasmitirles. Por un lado, aparecen los imaginarios de los hijos de Zebedeo que tenían ambiciones ciertamente “políticas”, recordemos el episodio en que su madre pidió a Jesús puestos de honor para sus hijos. Otro caso es el de Pedro, que le cuesta aceptar el destino de la cruz del Señor. Y Tomás, que es el caso que presenta el evangelio este día: la necesidad de evidencias que corroboren una creencia.

Thomas Merton, monje de la comunidad Trapense decía: “Sólo el hombre que ha tenido que enfrentarse a la desesperación está realmente convencido de que necesita misericordia. Es mejor encontrar a Dios en el umbral de la desesperación, que arriesgar la vida en una complacencia que nunca ha sentido la necesidad del perdón”. El desespero es un obstáculo para el creer y más en una sociedad que está acostumbrada a soluciones fáciles y rápidas. Sin embargo, la esperanza surge como “flor de desierto”, de ahí la paradoja de que busquemos a Dios en los momentos de crisis. Y la respuesta del Señor: la misericordia.

En este contexto, el Papa San Juan Pablo II consagró este segundo domingo de Pascua a reflexionar entorno a la Misericordia del Señor, incluso el Papa Francisco dedicó un año y una serie de reflexiones que serían muy provechosas estudiar. La misericordia, no es un sentimiento de lástima. Es un amor sin limites que ofrece Dios a la humanidad y que a su vez ésta la asume como un modo de vivir y actuar: la compasión.

Una humanidad creyente en Dios vive la compasión como praxis de la misericordia. La primera lectura de los Hechos de los Apóstoles, “los creyentes tenían un solo corazón y una sola alma” (Hch 4, 32) es un reflejo de esto. Creer y vivir no son acciones simplemente individualistas sino son respuestas colectivas de una comunidad que descubre en su hermano la presencia del resucitado. Así como Cristo es crucificado nuevamente con los marginados y olvidados de la historia; resucita en las acciones solidarias, que devuelven la dignidad humana a tantas víctimas de las estructuras opresoras de nuestro sistema.

Frente a las anteriores paradojas, la humanidad necesita del perdón, sinónimo de la misericordia de Dios. Jesús en el relato del evangelio de este domingo envía a sus discípulos a reconciliar la humanidad no sólo con Dios sino consigo misma. Por ende, la paz como experiencia de reconciliación no nace de la victoria de los fuertes, sino del perdón de los vencidos. Como afirma Xavier Pikaza: “sólo un Dios crucificado, expulsado de la buena sociedad y deshonrado, ha podido ofrecer el perdón y lo ha hecho, con los demás expulsados (víctimas), abriendo un camino de reconciliación que no es simple estrategia de dominio.”

En conclusión, la misericordia expresada en las relaciones humanas, nos invita a salir de nuestros “propios encierros”: temores, prejuicios y resentimientos” y buscar en las periferias existenciales de la sociedad las heridas de Cristo, así lo expresaba Benedicto XVI en la Pascua del 2007: “Tomás ha recibido del Señor y, a su vez, ha transmitido a la Iglesia el don de una fe probada por la pasión y muerte de Jesús, y confirmada por el encuentro con Él resucitado. Una fe que estaba casi muerta y ha renacido gracias al contacto con las llagas de Cristo, con las heridas que el Resucitado no ha escondido, sino que ha mostrado y sigue indicándonos en las penas y los sufrimientos de cada ser humano”. Dejemos la incredulidad del apóstol y asumamos un compromiso más solidario con nuestros hermanos necesitados.