REINO DE DIOS Y CONVERSIÓN
Por: P. Leiner de Jesús Castaño García, C.Ss.R.
21 DE FEBRERO DE 2021
Ciclo B
Mc 1, 12-15
Amigos y amigas: En la Biblia, el desierto es el lugar en donde Dios le habla al corazón humano. Jesús después de ser bautizado se toma un tiempo de meditación, reflexión, retiro espiritual. Gracias a su relación constante con el Padre y por la presencia del Espíritu Santo, logra superar la prueba. Dios Padre estará por encima de todas sus tentaciones, miedos y dudas.
En este siglo veintiuno también estamos invitados a hacer en la ciudad y en el campo, nuestro propio desierto. Los que manejan la filosofía empresarial, hoy nos insisten abundantemente en la necesidad de un momento de silencio, de rompimiento con la rutina, de encuentro con nosotros mismos; y a esto, las personas creyentes y sobre todo de conciencia, le agregan el tema de la oración: ¿a qué hora? Hoy luchamos contra el tiempo que se nos esfuma de las manos, pero la oración debe ser una prioridad Uno A en nuestra vida. Algunos hacen oración en medio del trabajo, otros al comenzar el día o al finalizarlo. Y si vivimos en el campo, ¡tanto mejor! En medio de la naturaleza igualmente podemos sacar momentos de contemplación, meditación y oración. También nosotros hoy podemos seguir a Jesús en su experiencia de desierto.
Nos dice Marcos que Jesús empieza su trabajo público, su actividad, en medio de la gente, con una misión bien concreta: anunciar el Reino. Para ello se necesita la conversión. Porque aceptamos el Reino de Dios nos convertimos, o lo que es lo mismo: nos convertimos porque entramos al Reinado de Dios ya en este mundo. No habrá conversión si no hemos tomado conciencia de nuestra culpa, de que hemos fallado y, en palabras de Pablo, hemos hecho el mal que no queremos y, también, no hacemos el bien que nos hemos propuesto realizar.
La tentación está al alcance de la mano. Jesús nos enseñó a orar en el Padrenuestro: “no nos dejes caer en la tentación”. Nunca nos enseñó Jesús a pedir que el Padre nos quite la tentación. Parece que esto es imposible y que ella, la tentación, nos acompañará toda la vida. ¿Quién dijo que la tentación no es dulce, es decir, apetecible, incitadora? Esto es verdad. Pero también nos preguntamos: ¿Quién dijo que la tentación no se puede vencer? Lo dijo Jesús. Para ello nos dio el mejor ejemplo en el desierto con su oración, búsqueda de la voluntad del Padre, apertura a la acción del Espíritu y voluntad, mucha voluntad de servir a Dios y a sus hermanos y no de servirse a sí mismo.
El miércoles 17 de febrero hemos iniciado la cuaresma, tiempo para ejercitar nuestra voluntad y abrirnos a la acción de Dios para superar las tentaciones y pruebas. Cuaresma hace referencia al número cuarenta, el cual tiene una gran significación en la Sagrada Escritura. Iniciamos un proceso de caminar hacia la Pascua, el día más importante del año, en este 2021 será el 4 de abril. La cuaresma es un tiempo de retiro espiritual, es un “kairós” o tiempo de salvación. Es la oportunidad para:
- Profundizar en la Palabra de Dios. Los textos están muy bien seleccionados por la Iglesia y la mayoría de las veces la temática de la primera lectura y el evangelio están en la misma línea; esto es válido para las tres lecturas de los días domingos (cosa que no sucede en el tiempo ordinario que la segunda lectura lleva una temática autónoma). La lectura orante de la Palabra de Dios o “lectio divina” es una buena oportunidad para profundizar en los textos, sobre todo si lo hacemos en familia, en comunidad.
- Hacer obras de caridad. El ayuno o los ayunos, muy recomendados por todas las religiones, son la oportunidad para compartir con el pobre y el necesitado cualquier sacrificio de comida o de algo que nos guste, ejemplo: cine, restaurante, compra de algo que nos guste mucho. Compartimos nuestros “ayunos” con tanta gente que ha sufrido económicamente la pandemia del covid 19.
- Hacer un esfuerzo, un ejercicio de la voluntad que la Iglesia ha llamado tradicionalmente “ascesis”. Está en la línea del anterior punto. El ejercicio de dejar alguna cosa que aunque no sea mala, nos podemos eximir de ella, es educar la voluntad para cuando nos lleguen las tentaciones contra nuestra vida cristiana.
- Orar. La oración la necesitamos siempre, en todos los días del año. Particularmente este tiempo es de intensa oración, pues la lucha no es fácil. Tenemos muchos estímulos que van en contra de nuestra fidelidad al Reino de Dios. El Señor nos escucha y por algo nos pide que perseveremos en la plegaria.
- Convertirnos recordando el bautismo. La cuaresma es un cierto camino de catecumenado pues la Iglesia recuerda el Bautismo. La conversión fundamental es la del Bautismo. En este tiempo renovamos nuestro deseo de tener otra mentalidad de acuerdo al querer de Dios.
- Caminar gozosos hacia la Pascua. La idea no es sufrir más allá de nuestros sufrimientos diarios. La cuaresma es un camino gozoso hacia la Pascua que es fiesta y vida nueva.
- Abrirnos al Espíritu Santo. El Santo Espíritu estuvo en los principales momentos de la vida de Jesús. Nos fijamos en su presencia en el Bautismo. El Espíritu Santo fortaleció a Jesús en el desierto. Invoquemos al Espíritu y abrámonos a su acción.
- Celebrar el Sacramento del Perdón. El cuarto sacramento o “sacramento de la alegría” como lo llamaba el teólogo B. Häring, es la oportunidad para renovar nuestros compromisos de conversión que iniciaron en el Bautismo. Es reconocer con humildad nuestras fallas y comenzar una vida nueva de mayor amor, fraternidad, solidaridad y acercamiento a quienes sufren.
Disfrutemos la cuaresma. Caminemos hacia la Pascua Anual 2021.
