Domingo de Ramos
Comentario bíblico
10 de abril de 2022
Ciclo C: Lc 8, 7. 14-23, 56
Por: P. Luis Alberto Roballo Lozano, C.Ss.R.
Evangelio de San Lucas 19, 28-40[1]
28Y dicho esto, continuó adelante camino de Jerusalén.
Entrada triunfal en Jerusalén (Mt 21, 1-10; Mc 11, 1-10; Jn 12, 12-19). 29Al llegar cerca de Betfagé[2] y de Betania, junto al monte de los Olivos, envió a dos discípulos diciéndoles: 30«Vayan a la aldea de enfrente y, a la entrada, encontrarán un burrito atado sobre el que nadie ha montado aún; desátenlo y tráiganlo. 31Si alguien les pregunta: “¿Por qué lo desatan?”, díganle: “El Señor lo necesita”». 32Los enviados fueron y lo encontraron como les había dicho. 33Mientras ellos desataban el burrito, sus dueños les dijeron: «¿Por qué desatan el burrito?». 34Ellos replicaron: «El Señor lo necesita». 35Y se lo llevaron a Jesús. Echaron sus mantos sobre el burrito y montaron a Jesús.
36A medida que avanzaba, ellos extendían sus mantos en el camino a modo de alfombra. 37Al acercarse a la bajada del monte de los Olivos, todos los que iban con él, llenos de alegría, comenzaron a alabar a Dios a grandes voces por todos los milagros que habían visto, 38diciendo:
«¡Bendito el que viene,
el rey, en nombre del Señor!
¡Paz en el cielo!
¡Viva Dios Altísimo!».
39Algunos fariseos de entre la gente le dijeron: «Maestro, reprende a tus discípulos». 40Él les dijo: «Les digo que si estos se callaran, gritarían las piedras».
Después de varias semanas de camino, Jesús culmina su propósito de ir a Jerusalén (cfr. Lc 9,51). Su camino físico se une a un itinerario en el que aparecen importantes líneas de cristología y eclesiología mezcladas con el viaje de Jesús. Los anuncios de la pasión y las parábolas sobre el rechazo que experimenta Jesús presentan la figura del Mesías sufriente. La predicación del Reino va unida con frecuencia a la invitación al “seguimiento” o discipulado y es evidente la insistencia de Jesús en la renuncia, la humildad, la correcta administración de los bienes, el servicio y la misericordia[3].
Con el v. 28 concluye el viaje a Jerusalén. En su relato de la entrada mesiánica en Jerusalén, Lucas constata la alegría y alabanza a que da ocasión (v. 37). Recuerda el canto de los ángeles (v. 38); es ahora cuando va a glorificar al Padre llevando a cabo la redención de los hombres en la Ciudad Santa[4].
Los cuatro evangelios narran el ingreso de Jesús a Jerusalén días antes de su pasión. La de Marcos es la que más se acerca a los acontecimientos entre otros aspectos por la mención de las ramas que cortan en los campos y agitan durante las aclamaciones y que dan la denominación a las celebraciones litúrgicas y culturales de los ramos, asociadas a la entrada de Jesús en Jerusalén (cfr. Mc 11, 1-10). Lucas presenta una narración teológica que se apoya en el Salmo 118 (117), 24-26: 24 Este es el día en que el Señor ha hecho grandes cosas, ¡cómo no estar alegres y contentos! 25 ¡Danos, Señor, la salvación! ¡Danos, Señor, prosperidad! 26 — ¡Bienvenido en nombre del Señor! Desde la casa del Señor los saludamos. A esta aclamación se le añade el título de rey, en relación al descendiente de David. Lucas no refiere la famosa aclamación Hosanna que sí se menciona en Mateo 21, 9, Marcos 11, 9-10 y Juan 12, 13. La palabra Hosah-na significa literalmente “sálvanos” que de invocación se convierte en aclamación expresando que Dios sí realiza la redención. Y Dios es en este caso el Hijo de David que hace su ingreso a Jerusalén[5].
Con el vocabulario que emplea, Lucas hace evocación del canto de las multitudes angélicas en la entrada del Hijo de Dios al mundo y hace mención expresa de la gloria de Dios en los lugares elevados (doxa) como también de la paz que está en el cielo y se hace presente en la tierra (cfr. Lc 2,14).
Hay un detalle que es bien notado por Lucas: el burrito que es solicitado por Jesús a sus dueños como algo que le pertenece y ha sido confiado a sus actuales propietarios, más como administradores que como señores. Cristo envió a buscar el asna y su pollino del pesebre de su dueño y amo, cuando tuvo ocasión de emplearlos, y pudo hacerlo, porque todas las bestias del bosque son suyas, y las bestias domesticadas también[6].
El detalle del burrito puede ser muy útil a los evangelizadores y ministros de comunidades en un campo a veces muy indefinido entre las realidades temporales y los valores de la evangelización. Debemos ser respetuosos de la autonomía de los temporal y de la independencia de las administraciones de los bienes terrenos y sociales en campos como la propiedad privada y el empleo de los bienes de uso común. Una acusación muchas veces repetida y subrayada en la historia de la evangelización es la prepotencia ofensiva con que algunos evangelizadores se presentan más como conquistadores y usurpadores de los bienes que como enviados a anunciar la llegada del reino de Dios. El tema tiene especial vigencia en las nuevas circunstancias que la organización de las ciudades presenta, donde con frecuencia la presencia de la Iglesia llega con retraso. También en los casos en que los movimientos de evangelización se adelantan y empeñan en dar un aporte de mejoramiento humano y social en ambientes marginados y hacen posible el buen uso de los recursos naturales para en bien de las nuevas poblaciones[7]. No es infrecuente el caso de poblaciones y ciudades donde el trazado y los nuevos mapas tienen como referencia el templo y los centros de asistencia social.
Nuestra gratitud al dueño de la humilde cabalgadura que usó Jesús y a la enorme cantidad de personas de buena voluntad que dan su aporte, siempre importante, a la llegada de Cristo y de su mensaje[8]. Jesús recuerda las grandes alabanzas que durante siglos le ha dirigido el pueblo al Dios histórico que lo ha acompañado y vincula los astros, los montes, los mares, los ríos, los árboles y toda la creación a esa merecida alabanza. Las mayores expresiones de esa alabanza cósmica son la voz y las aclamaciones del pueblo en el templo y en la ciudad de Jerusalén y esa aclamación se hace sentir en ese momento. La declaración de Jesús, no exenta de tono retador, plantea una alternativa contundente. “si estos callan, gritarán las piedras”.
De este modo, el ingreso de Jesús en Jerusalén es la culminación de su ministerio, con todas sus palabras y obras, el comienzo de su propio sacrificio pero también como una aclamación en que están presentes los habitantes de la ciudad, los seguidores entusiastas que lo han acompañado y los elementos naturales en una curiosa manifestación. En ella hacen presencia los ramos de olivos y de palmas que se agitan al grito de Hosanna. El burrito que recibe honores en los mantos con que lo enjaezan y va avanzando en una calle tapizada por las vestiduras de los entusiastas que dan la bienvenida al rey, y las piedras que por todas partes forman la estructura de las calles y edificaciones de la ciudad y están dispuestas a gritar en caso de presentarse el silencio de los minerales que también elevan su alabanza al rey que llega y que representan las piedras vivas de la Jerusalén a la que llegará el rey en su entrada definitiva (cfr Ap 21, 2-6).
Seminario Mayor San Alfonso, Suba, 4 de abril de 2022.
Memoria de San Isidoro de Sevilla, científico y teólogo del siglo VI.
[1] Texto de La Sagrada Biblia de América, (2016) Luis Roballo, etc., San Pablo, Bogotá.
[2] Betfagé (pronunciar Betfagué) significa “casa de la brevas“, y es el nombre actual de una iglesia franciscana ubicada en el Monte de los Olivos en Jerusalén. En ella se conserva una piedra que tradicionalmente fue identificada como la que Jesús habría usado para montar un asno que le sirvió como transporte en el inicio de su procesión a Jerusalén. La iglesia actual, construida en 1883, se apoya en los cimientos de una capilla del siglo XII que los cruzados construyeron en la antigua aldea de Betfagé, que hoy forma parte de Jerusalén. Hace dos mil años fue un poblado separado entre Betania y Jerusalén (Nota recibida por cortesía de Olga Lucía López).
[3] Rainer Dillmann – César A. Mora Paz, Comentario al Evangelio de Lucas, Evangelio y Cultura, 2, Ed. Verbo Divino, Estella, 2006, p. 267 s.
[4] Texto de La Sagrada Biblia de América, (2016) Luis Roballo o.c., comentario enedición de estudio
[5] BibleWorks 10, Software for Biblical Exegesis and Research, Norfolk, Virginia, referencia a nota de Adolf Harnack en una nota al Evangelio según los Hebreos que también refiere el ingreso de Jesús a Jerusalén. Hosanna es una palabra indeclinable que aparece tanto en hebreo como en arameo y se usa como aclamación. Es tomada por los Evangelistas Mateo, Marcos y Juan en la narración de la entrada de Jesús en Jerusalén mientras que Lucas pone de relieve la bienvenida que el pueblo le da al rey que entra en la ciudad.
[6] Matthew Henry. Commentary. a vv. 29-34, tomado de BibleWorks 10.
[7] El tema es tratado en una breve serie de meditaciones de Carlo Maria Martini, Yo estoy en medio de vosotros, El sacerdote y su comunidad, Ed. Verbo Divino, Estella, 2011, pp. 182
[8] El tema de la Evangelización de las ciudades es ampliamente tratado por el Papa Francisco en la Exhortación apostólica Evangelii Gaudium (2013), especialmente en el Capítulo IV, Dimensión social de la Evangelización. (n.de a.)


