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Domingo de Resurrección

Comentario dominical

17 de abril de 2022

Ciclo C: Jn. 20, 1-9

Por: P. Víctor Chacón Huertas, C.Ss.R. (Redentoristas de España)

¡Cristo ha resucitado, Aleluya! La alegría pascual nos embarga. Es el gozo que brota de la herida curada. Siguen las marcas, pero ¡cesó la hemorragia! Ya no hay peligro de muerte, ésta ha sido vencida. Siguen las llagas sí, pero estas son el mejor testimonio posible del amor que lucha y que se entrega hasta sus últimas consecuencias sin ahorrarse nada. El mismo Dios que nos da su vida, se parte y reparte entre nosotros como Pan Vivo, asume nuestra vida y la lleva a su máxima expresión, a su plenitud de sentido. La liturgia se muestra generosa la noche de Pascua, la profusión de gestos, la riqueza de la Palabra, la abundancia de momentos, himnos… un auténtico derroche que expresa bien lo que es clave en nuestra vida cristiana: la resurrección de Cristo.


1. “Conocen lo que sucedió en el país de los judíos”. La lectura de Hechos de los apóstoles comienza así. Anunciando que la historia que va a narrar no es nueva ni desconocida, pero que ahora se debe contar con una luz especial, la que viene de Cristo resucitado, la que nace de la Pascua definitiva. Dios que se sigue haciendo presente en la historia de su pueblo, y en Cristo del modo más evidente y plausible, más rotundo y evidente. Dios que pasó haciendo el bien, curando, sanando, reconstituyendo, y que murió en una cruz ajusticiado por hacer todo lo anterior. “El testimonio de los profetas es unánime: los que creen en él reciben, por su nombre, el perdón de los pecados”. Esto es ya una afirmación sin precedentes: la obra de Cristo viene de Dios, el ungido actúa movido por su ‘ungidor’ y derrocha su perdón al asumir el último de los lugares.

 
2. “Ya que han resucitado con Cristo, buscad los bienes de allá arriba”. Es el mensaje de Pablo a los Colosenses, como cristianos sois hombres y mujeres nuevas, no cabe continuar con la vida de antes. La pascua es paso, cambio, movimiento. Lo anterior queda ciertamente atrás (el pecado ha sido perdonado, la deuda condonada), y lo nuevo -la nueva vida- se abre por delante rebosante de posibilidades. Seguir a Cristo sólo puede hacer más plenamente humanos y felices, nos lo dijo el Concilio Vaticano II (GS 22), pero mucho antes, nos lo había dicho Cristo: “El que tenga sed, que venga a mí y beba”. Pablo insistirá en la idea bellamente: “Porque habéis muerto, y vuestra vida está con Cristo escondida en Dios”. Con Cristo, ya no camináis solos, y, “escondida en Dios” y llegará el día en que sea plenamente revelada. El día que adhiráis sin reservas a su resurrección.

 
3. “El otro discípulo… vio y creyó”. Lo decimos mucho eso de “Ver para creer”, pero es que les pasó a los mismos apóstoles, también ellos necesitaron ver antes de dar testimonio. Su fe se apoya en su experiencia, en su vivencia de Cristo. No es un ver ciego, ni “a tientas”; se apoya bien en la obra que Dios ha ido realizando en su vida. Después de muchos sinsabores y cosas que no llegaban a entender, por fin, parece que los apóstoles logran completar el puzle. Aquello que intuían, pero que no terminaban de ver claro. Necesitaron una última pista, la que dio la tumba vacía. Cierto que eso no probaba nada, pero para ellos era coherente con la vida y el mensaje de Jesús. Él que era la Vida y la Verdad, no podía morir para siempre. Él, Luz eterna, no podía dejar de alumbrar. “Vio y creyó”. Y ya nunca más pudo dejar de hablar. Sobre este testimonio incansable y gozoso de la resurrección, de la nueva Vida que brota del costado abierto de Cristo, se asienta la Iglesia. Ella no anuncia sino al redentor del mundo, y no tiene otra misión ni sentido que la de señalar el Camino, la Puerta, el Agua Viva. Juan lo completa diciendo lo evidente: “Hasta entonces no habían entendido la Escritura: que él había de resucitar de entre los muertos”. Qué torpes y lentos son –somos- para entender, ya nos lo había dicho el Maestro. Vive la novedad de Cristo. Es la fe en él lo que rejuvenece, conforta y alienta verdaderamente. Quien lo ha experimentado lo sabe. Y da testimonio. Y él sabe que dice la verdad. Entreguemos gozosos la vida a esta fe que resucita y resucitará tanta realidad muerta, infecunda y estéril. Abrámonos a la Pascua. ¡Feliz Pascua!