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Solemnidad del Cuerpo y de la Sangre de Cristo

Comentario dominical

6 de junio de 2021

Ciclo B: Mc. 14, 12-16.22-26

Por: P. Óscar Darley Báez Pinto, C.Ss.R.

La eucaristía es la forma en que estamos más cerca de Cristo y Cristo de nosotros,

pues él es el Emmanuel encarnado, el pan vivo bajado del cielo que nos da la vida eterna.

Introducción

Corpus Christi es una de las fiestas más amadas de la Iglesia Católica. Muchos de nosotros recordamos que desde niños nos solían llevar a la Iglesia a celebrar con gran respeto y devoción esta solemnidad. En mi pueblo el parque se llenaba de arcos, en los que los campesinos y comerciantes colgaban sus ofrendas para la iglesia local. Era la fiesta de la generosidad y del compartir en torno a Aquel que nos se nos dio totalmente.

Incluso las gentes más humildes encontraban lo mejor que tenían para vestirse ese día y celebrar la santa misa en comunidad, comulgar y acompañar la procesión presidida por el sacerdote con la custodia y un buen número de monaguillos. Cientos de personas abarrotaban las calles del pueblo para cantar: Alabado sea el Santísimo Sacramento del altar y también Tú reinarás, este es el grito que ardiente exhala nuestra fe. Hasta los curiosos y los no creyentes veían con admiración cómo celebrábamos la fe como un solo cuerpo. En verdad esa es la procesión más importante de todas porque no se lleva la imagen de ningún santo sino la presencia viva y real del Señor en la eucaristía.

Un poco de historia

Por mucho tiempo la fiesta de la sagrada eucaristía había quedado supeditada a la fiesta del Viernes Santo, sin embargo, ya se tenían algunas prácticas para adorar la Sagrada Eucaristía y bendecir al pueblo con la custodia. Dichas prácticas se hicieron más frecuentes a finales del siglo XII y ya en 1246 se empezó a celebrar el Corpus Christi en Lieja (Bélgica). Desde allí se empezó a extender por Alemania, Francia y el resto de Europa. En 1263 un sacerdote anónimo emprendió una peregrinación a Roma pidiéndole a Dios que le diera más fe, puesto que dudaba de su presencia real en la eucaristía. De regreso, mientras celebraba la santa misa en la población de Bolsena (Italia) ocurrió el milagro: después de la consagración, empezaron a caer tantas gotas de sangre de la hostia que el corporal y parte del altar quedaron enrojecidos.

Este milagro fue testimoniado por san Buenaventura, luego de lo cual el papa Urbano IV estableció la fiesta del Corpus Christi para toda la Iglesia en 1264, a celebrarse el segundo jueves después de Pentecostés, y encargó a santo Tomás de Aquino para que preparara el oficio divino de esta fiesta. Durante la reforma protestante se atacó fuertemente esta fiesta, diciendo que el sacrificio de Cristo no se repetía en cada eucaristía y que esta era solo un símbolo de la primera, celebrada por Cristo la noche de la última cena. Lutero también atacó el sacerdocio ministerial por exaltar el sacerdocio de los laicos, pero con ello golpeó aún más el corazón de la Iglesia, puesto que son los sacerdotes lo que hacen presente a Cristo en la eucaristía, no para exaltar su poder personal en la tierra, sino para alimentar la fe de la comunidad y alentar su esperanza.

Algunas notas prácticas

A través de la eucaristía Jesús nos alimenta y sacia nuestro deseo profundo de la vida eterna, nos vuelve a unir a sí en una relación más íntima y real, de maestro a discípulo, y nos envía a comunicarlo al mundo. El sacerdocio se vuelve para nosotros un compromiso de servicio comunitario. Es un privilegio que no podemos merecer, ¿quiénes somos nosotros para hacer presente a Cristo en cada eucaristía? Es un milagro que nos sobrecoge y nos hace sentir la grandeza de nuestro ser sacerdotal y la sublimidad de nuestra misión en el mundo: somos (o debemos ser) Cristo en la tierra. Esta es una bella ocasión para presentar al Señor, junto con los campesinos, las primicias de nuestro ministerio día a día, junto con los niños, la ofrenda un corazón sencillo y alegre, y junto con los religiosos que nos antecedieron en el discipulado, la esperanza que el mundo necesita. Este día tratemos de acercar a nuestros amigos y hermanos a Dios, seamos pan compartido para los que se sienten solos y están tristes y alimentémonos con fe de Aquel que dijo: Yo soy el pan de vida, el que come de este