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Por: P. José Rafael Prada Ramírez, C.Ss.R.

Si alguno de los 7 Sacramentos pondría en práctica hoy el Señor Jesús, sería el de la Unción de los Enfermos, pues fue la actividad más común en su vida terrena. Lo mismo podríamos decir referente a la devoción al Señor de los Milagros de Buga, pues la petición más común que hacen los peregrinos es por su salud.

Salud significa vida, y ésta es el principal regalo de Dios y la principal necesidad de los seres humanos. El Sacramento de la Unción de los Enfermos, denominada también “sacramento de vida”, precisamente, nos adentra en el misterio de la vida y en la plenitud de nuestra esperanza: ¡el hombre ha nacido para vivir! Este sacramento lleva al corazón de tantos seres humanos enfermos y adoloridos, un poco de ilusión, de esperanza y de fe en que el Señor los quiere sanar. Y no sólo a ellos, sino a sus familiares y amigos. Por eso el Señor en Lucas 10, 9 manda a sus apóstoles: “Curen a los enfermos que haya y digan: Ya les ha llegado el Reino de Dios”.

PRINCIPIOS ANTROPOLÓGICOS

Los seres humanos somos finitos y por tanto mortales, pero el Señor en su infinito amor y misericordia nos ha prometido la Resurrección, por la cual viviremos por toda la eternidad en el amor con Él y con los seres que hemos amado. No somos meramente “polvo de estrellas” como muchos pensadores y poetas nos dicen para animarnos, sino “personas” con cuerpo y alma maravillosos, con capacidad de amar hasta el extremo, con creatividad asombrosa y con libre albedrío para decidir en nuestra conciencia lo que es bueno y es malo para nosotros.

Por eso el dinamismo humano tiene una finalidad: existe para que el hombre se cree, se realice, se construya. Hoy decimos que somos “proyecto de realización, vocación a crearse” y en la búsqueda de ese sentido encontramos la posibilidad de una existencia eterna en el Dios en quien creemos, y en Él tenemos nuestra seguridad. De ahí nace nuestro sentido al sufrimiento, a la enfermedad, a la muerte, es la perspectiva cristiana.

PRINCIPIOS TEOLÓGICOS

La Fe cristiana no es una opción meramente humana para los momentos normales de la vida, sino que tiene especial importancia en las situaciones límites de dolor, sufrimiento y muerte. Es decir, la Fe envuelve la totalidad de la persona, desde lo más profundamente humano a lo más espiritual y divino.

Nos apoyamos en Dios (Yahveh) que desde milenios atrás, sostenía el caminar de su pueblo Israel, a pesar de desiertos, guerras, deportaciones, pecados y miserias. Él nunca fallaba y siempre era misericordioso con un pueblo que sí pecaba y se le alejaba de su amor.

Luego en el Nuevo Testamento, ese Dios misericordioso, se hace hombre, muere y resucita por nosotros, demostrándonos así que “no nos ama de lejos sino de cerca”, comprometiéndose en todo con nosotros, menos en el pecado. Jesús de Nazareth destruye esa relación judía de sufrimiento-pecado; vencido el segundo, el sufrimiento, tiene que ser mirado de otra manera: éste es la condición inherente de un ser limitado pero invitado a la felicidad eterna. El Reino de Dios, anunciado por Jesucristo, comienza desde ya con todas sus limitaciones, pero se proyecta en el más allá con toda su perfección. El dolor seguirá existiendo mientras se esté en proceso, pero estará fecundado por la opción salvadora de la esperanza en Cristo.

La Iglesia, prolongación de Jesucristo, tendrá que asumir el Espíritu de Jesús frente al misterio del dolor expresado en la enfermedad, el sufrimiento y la muerte. Para ello tiene la vivencia del Misterio Pascual.

PRINCIPIOS PASTORALES

La Unción de los enfermos se manifiesta como la solicitud eclesial sacramental por el ser humano que sufre.

En esa solicitud el protagonismo eclesial lo tiene el enfermo y la comunidad de hermanos: es una lucha por vivir la vida con sentido.

Y es el Espíritu de Dios, el que desde lo más profundo de nosotros hace que esa actitud se manifieste. Por eso es sacramento de Unción: porque en la tradición judía y cristiana, el Espíritu de Dios está ligado al simbolismo de la “unción con el aceite”.

El sentido de la vida no es meramente sentido corporal o sentido espiritual, es “sentido total”. El sacramento da la “visión integrada” del ser humano en su doble dimensión corporal y espiritual, como “persona” que es.

Para dar “sentido a la vida” es absolutamente necesario el amor. Y la mayor prueba de amor es dar la vida: (“Nadie tiene mayor amor que el que da la vida por sus amigos”: Juan 15,13).

Finalmente, ese sentido de la vida no se puede cultivar sin la “actitud de la esperanza”, pues el que ya no espera, sólo vegeta y está muerto; pero el que espera, dinamiza continuamente la vida. Ante el dolor, el sufrimiento y la muerte, ninguna palabra tiene más sentido que la palabra esperanza, pues ésta afirma la vida.

LÍNEAS DE RENOVACIÓN

1. La Unción es sacramento de enfermos y no de moribundos. Lo dice expresamente la Iglesia en el Ritual de Unción y Pastoral de Enfermos (RU, 1972, 65): “La Unción es el sacramento específico de la enfermedad y no de la muerte”. Es sacramento de enfermos y de vida, para ayudar a vivir la enfermedad conforme al sentido de la fe y no como un castigo o desgracia.

Por eso debemos cambiar nuestra mentalidad y no llamarla “extremaunción”, de lo contrario continuará a significar pasaporte a la muerte, o seguro de salvación, y al sacerdote se le identificará como mensajero de la muerte. Se debe llamar a éste cuando el enfermo esté consciente y no en coma, y el sacramento “se celebra” y no se “administra”.

2. La Unción es sacramento de encuentro con Cristo, médico y paciente, que aporta salvación total y no solo salud. Cristo es compañero de camino del paciente, da coraje y sentido, anima y consuela, ofrece salud y da salvación. Este sacramento no es rival de la medicina o la terapia, pero asume y estimula el deseo del enfermo de curarse dándole a su enfermedad una significación cristiana. Así el enfermo será “testigo” ante el mundo, de que todo no es placer, facilidad, dinero, gozo, éxito y eficacia, sino también paciencia, ternura, dignidad, ofrecimiento, gratuidad, y, sobretodo, nos muestra un Jesús-Dios sufriente que comparte hasta el fondo el dolor del ser humano y desde ahí nos salva.

Por eso no se trata de ir a evangelizar y salvar al enfermo, sino de dejarse evangelizar y salvar juntos, suscitando en nosotros humildad, y en el enfermo voluntad de luchar, colaboración con los que lo cuidan, participación en la pasión de Cristo.

3. La Unción es sacramento de Fe y no de Magia. La Unción es sacramento que expresa, suscita y robustece la fe del que lo recibe. La eficacia del sacramento procede de Cristo, pero éste no puede obrar si el enfermo no quiere y se abre a Dios. Se trata, entonces, de evitar el sacramentalismo (administrar el servicio al mayor número de enfermos así éstos no se den cuenta de lo que hacen), la magia (lo importante son los ritos, los movimientos, las palabras esotéricas), el minimalismo o el maximalismo (no se exige casi nada del enfermo, o se le exige una fe pura y plena).

4. La Unción es sacramento de la comunidad y no solo de un individuo. En lo posible hay que conocer al enfermo pues cada enfermo es único y diverso. Ojalá se conozcan sus motivaciones y las de sus familiares al pedir el sacramento. Se ha de evitar todo tipo de proselitismo de última hora y no querer imponérsele el sacramento. Hay que crear un clima religioso sereno y de diálogo. Lo anterior significa que debemos procurar que los signos sacramentales sean realmente “significativos” de ese “Alguien” que lo visita en su enfermedad.

Importante es cambiar la imagen negativa del sacramento por la positiva de toda una comunidad que quiere al enfermo, ora por él y está presente allí con los familiares y amigos que comparten su fe. Allí habrá una enseñanza recíproca entre enfermo y comunidad: aquél recibirá comprensión, consuelo y oración de la comunidad, y ésta obtendrá ejemplo de dignidad, de fe y de resilencia cristiana en el hermano que sufre y tiene esperanza.

RITO DE LA UNCIÓN

El Sacramento de la Unción tiene un rito muy sencillo que en su simplicidad refleja amor y esperanza. Los pasos son los siguientes:

1. Rito inicial. El Sacerdote saluda, bendice la habitación y da una pequeña monición basado en la carta de Santiago 5, 14-15: “El que está enfermo que llame a los presbíteros de la Iglesia para que rueguen por él, ungiéndolo con aceite en nombre del Señor. La oración hecha con fe salvará al enfermo, el Señor lo levantará, y si ha cometido pecados, le serán perdonados”.

2. Rito penitencial. El Sacerdote entona el “Yo pecador” y termina con “El Señor todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna. Amén”.

3. Liturgia de la Palabra. Generalmente se proclama el Evangelio de Mateo 8, 5-10, donde el Señor cura al criado del centurión y afirma que no ha encontrado en Israel fe tan grande como la de éste. El sacerdote, si lo ve conveniente, puede hacer una breve homilía.

4. Liturgia del Sacramento.

El Ministro dirige una oración de súplica en forma litánica e impone en silencio las manos sobre el enfermo.

– Luego el Sacerdote hace la oración de acción de gracias sobre el Óleo, invocando la fuerza del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

– Completa la acción con la sagrada Unción, que tiene dos pequeñas partes. La primera es ésta: “Por esta santa unción y por su bondadosa misericordia, te ayude el Señor con la gracia del Espíritu Santo. Amén”.  Y luego: “Para que libre de tus pecados, te conceda la salvación y te conforte en tu enfermedad”.

– Termina esta parte con una Oración sobre la recuperación del enfermo y su restablecimiento en la comunidad donde vive.

5. Conclusión del Rito. Todos oran el Padrenuestro y el Sacerdote da la bendición en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

CONCLUSIÓN

Es muy importante revitalizar en nuestros días el Sacramento de la Unción de los Enfermos:

– dándole un sentido de sacramento de Vida y Esperanza en Cristo

– respetando el ritmo, la fe y la psicología del enfermo

– incluyendo a la comunidad cristiana en la preparación y ejecución del rito

– entendiendo que el Viático (comunión al moribundo) sí tiene el sentido de entrega a la muerte en Cristo, pero que la Unción no es necesariamente para preparar a la muerte, sino, primeramente, para dar significado cristiano a la enfermedad grave y al sufrimiento del enfermo.

– animando a la “Pastoral de Enfermos”, antes y después de la Unción. Aquella, de manera especial, estará en manos de laicos comprometidos y preparados, que la pueden realizar diaria o semanalmente.

– capítulo aparte tiene la preparación y rito de la Unción de Enfermos en hospitales y casas de salud. Es importantísimo trabajar en este aspecto; de lo contrario, muchos de nuestros enfermos lucharán solos en esos centros de salud contra la enfermedad y la desesperanza.

– todo cristiano tiene que entender y hacer vida de su vida el Misterio Pascual de la Muerte y Resurrección de Jesucristo. Este misterio lo comenzamos a vivir ya en esta vida en medio de alegrías y dolores, sufrimientos y placeres, y su plenitud la tendremos en la otra, en lo que llamamos cielo. Somos para la eternidad y las vicisitudes de este mundo son pasajeras. Dicha convicción nos dará alegría, entusiasmo y ganas de vivir, según Cristo, para vencer el dolor, el fracaso, las dificultades, las angustias, y sostener nuestro existir enrumbado hacia la felicidad eterna con el Señor y con los que lo aman.