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Por: P. Óscar Javier Martínez Morales, C.Ss.R.

Con mucha esperanza nos acercamos al misterio de la Navidad, al encuentro con un Dios que se ha
hecho forastero, migrante, y sin techo donde nacer pero que, por amor a la humanidad se hace
niño y asume nuestra realidad.


El nacimiento de Jesús nos recuerda la historia de Dios que escucha y toma el lugar de los humildes. Dios acompaña al resto de Israel, denominación que usa Sofonías para referirse al pueblo fiel,
para darle esperanza en medio de la dificultad. Dios se hace Buena Noticia en Jesús para que todos
encontremos en Él la paz.


Ya Sofonías vislumbraba cómo ese resto de Israel sería constituido por hombres y mujeres de toda
latitud. Dios acoge, acepta y está presente en todos los seres humanos sin excepción. Y en ese misterio de amor, también se ha hecho migrante para acompañar a los que sufren el desarraigo de su
tierra por cualquier circunstancia.


San Alfonso María de Ligorio en algunas composiciones navideñas relata como Jesús ha dejado su
lugar para tomar el nuestro y compartir así todo gozo y dolor. Cautivan los versos del villancico
compuesto por este santo y cómo aquellas palabras son la triste realidad de nuestros hermanos
migrantes: “Tú que creaste al mundo con voz creadora, ¡ni abrigo ni sustento tienes ahora!”. Que la
experiencia espiritual de estos días nos inspire a actuar en favor de aquellos que comparten la experiencia de Belén.


El Evangelio nos confronta: lo importante no son los formalismos con los cuales respondemos a
Dios y a los hombres, sino la acción que en verdad realizamos. En estos días podemos decirle a
Dios sí de varias maneras, pero ¿en verdad estamos dispuestos a realizar su voluntad? ¿es sincera
nuestra actitud o sólo una respuesta momentánea? ¿eso que decimos es en verdad lo que pensamos, queremos y actuamos


Sea este el momento para que, a los pies del Milagroso, nuestra vida sea misericordia y compasión
con los que sufren, en especial con nuestros hermanos migrantes, y en verdad realicemos lo que Él
nos pide.