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Por: P. José Silvio Botero G., C.Ss.R.

Los niños practican lo que aprenden Si un niño vive con palabras de aliento, aprende a tener confianza. Si un niño vive con elogios, aprende a apreciar. Si un niño vive con equidad, aprende la justicia. Si un niño vive con seguridad, aprende a tener fe. Si un niño vive con aprobación, aprende a quererse a sí mismo. Si un niño vive con críticas, aprende a condenar. Si un niño vive con hostilidad, aprende la violencia. Si un niño vive con el ridículo, aprende a ser tímido. Si un niño vive con vergüenza, aprende a sentirse culpable. “siempre están alerta”.  

Deben ser muy conscientes del tremendo poder que tienen los padres frente a las actitudes de sus hijos. Deben ser muy cuidadosos con los ejemplos que les den, de los mensajes que les comuniquen. La coherencia de los padres entre lo que exigen y lo que hacen, entre lo que exigen a sus hijos y lo que se exigen a sí mismos, es muy importante. Los padres educan con sus palabras, pero mucho más con su forma de ser y con su ejemplo. Se ha dicho, y es verdad, que las palabras mueven, mientras que el ejemplo arrastra. Los hijos admiran a sus padres, sobre todo por su capacidad de esfuerzo, lucha y sacrificio para mejorar continuamente como personas. 

Los padres deben saber repartir las 24 horas de cada día, de modo proporcional, dentro de una jerarquía de prioridades, entre estos  

cinco aspectos de su vida: Los padres deben realizar su tarea educativa  

con entrega y dedicación a la misma: reservando todas las horas que puedan  

para el trato personal con los hijos. 

La frase: “a mi edad ya es tarde” tiene más de excusa que de verdad. Los padres deben aprovechar las posibilidades que les brinde su tiempo libre y utilizar para su formación todos los recursos culturales que están en el entorno próximo como, por ejemplo: las bibliotecas públicas, las librerías, las videotecas… 

Y NOS PREGUNTAMOS: ¿Mi hijo/a me ve decir la verdad aunque para mí sea dolorosa?. ¿Mi hijo ve que soy honesto en todo lo que hago?. ¿Mi hijo ve que sus padres disfrutan compartiendo juntos actividades, y que nos respetamos?. ¿Mi hijo me ve disfrutar cuando leo porque tengo tiempo libre?. ¿Mi hijo ve que me esfuerzo en hacer las cosas lo mejor posible, aun estando cansado? 

Otro punto a tener en cuenta es que los niños aprenden a resolver problemas al observar cómo lo hacen sus padres, por tanto, conviene explicarles cómo se resuelve el problema para que él aprenda a hacerlo. Con lo que ustedes les enseñan, más el método que irá descubriendo del ensayo y error caminarán hacia la adquisición de experiencia. 

Los siguientes comportamientos de los padres servirán de ejemplo a sus hijos para que tengan un buen comportamiento escolar: Constancia en terminar lo que se empieza, insistiendo aunque las cosas resulten difíciles. • Esfuerzo ante las dificultades intentando hacer las cosa bien. • Confianza en las personas fiables, personas que hacen promesas y las cumplen. Así al niño le resultará más fácil confiar en sus profesores y aceptar lo que le dicen. • Autodisciplina para dominar los deseos y la pereza y hacer las tareas que implican obligación de forma satisfactoria. 

Tener momentos de descanso: – Silencio (procure que en su ambiente familiar haya momentos de silencio en el que cada uno esté centrado en su actividad). – Relax (proporcione un ambiente relajado y tranquilo al irse a dormir). – Elimine sus tensiones, déjelas fuera de casa). 

Salidas y viajes familiares: – Realice visitas culturales. – Fomente la observación de la vida. – Permita que colabore en la planificación y organización de actividades familiares. Practicar la lectura y la escritura: – Comparta ratos de lectura. – Materiales agradables. – Enséñele a hacer cartas y notas. – Facilítele un tablón de notas a su hijo. Actividades compartidas durante las comidas: –  

Normalice la participación de todos en la preparación y recogida de la mesa. – Mientras comen facilite las conversaciones en general. – Aclare las dudas sobre conocimientos y vocabulario. 

Juegos educativos. – Varios: pintar, dibujar, escuchar música, leer, etc. Tareas domésticas: – Participación de todos en las tareas domésticas (el padre también). – La realización después de las tareas escolares. Tiempo libre: – Practicar el coleccionismo. – Uso de medios audiovisuales de forma didáctica. 

REFLEXIÓN: 

Existe en el argot popular latinoamericano un refrán que dice: “obras son amores y no buenas razones”; sin duda que este dicho tiene su equivalente en otras lenguas… Es algo que es fruto de la cultura de los pueblos, de la sabiduría popular de la gente. Esto obedece a que entre los hombres unos tienen la teoría, otros la experiencia de la vida. 

Por siglos la cultura occidental privilegió la teoría siguiendo la tradición del mundo griego; hoy está entrando en nuestro medio ambiente la cultura semita más orientada a abonar la historia, la experiencia humana. De hecho, la cultura semita parte de la historia del pueblo de Israel. Hoy se ha llegado, incluso, a ridiculizar la teoría como cuando se dice de ella que es un ‘bla… bla… bla…  

Para demostrar la eficiencia de la experiencia en la vida del hombre, alguien propuso esta anécdota: le preguntaron a un hombre experto en matemática: hay 100 palomas sobre un árbol; el cazador mata una, cuántas palomas quedan?. La respuesta inmediata fue: quedan 99. La misma pregunta se la hicieron a un campesino que, desde su experiencia, contestó: ninguna, porque las restantes volaron. 

También la pedagogía familiar y escolar pecó de demasiado intelectualista, muy dada a la transmisión de teorías y conocimientos, pero despreocupada de la realización concreta de dicha enseñanza. Cuántas veces los jóvenes preguntan al docente: ‘y esto  para qué sirve??’. De este modo cuestionaban la ineficacia de la sola teoría en la educación. La teoría unida a la práctica es la fórmula-clave para convencer; aquí está el secreto para una buena educación. 

Eduardo Villagrán, autor chileno, escribe en su obra ‘Educar a los hijos, hermoso desafío’ (1.999) que “es absolutamente necesario que las palabras vayan acompañadas del ejemplo; las palabras conmueven, pero los ejemplos arrastran”.  Relacionar palabra y acción, teoría y práctica, enseñanza verbal y ejemplo, son una forma convincente para educar correctamente. Los psicólogos dicen que el niño (a) aprende más fácilmente mediante lo que ve que mediante lo que oye. 

El Concilio Vaticano II fue enfático en enseñar que “los padres de familia son los primeros educadores de sus hijos; los forman con su palabra y ejemplo” (Apostolicam actuositatem, n, 11). A veces los padres no se dan cuenta de esta realidad y se engañan pensando que lo que ellos hacen no les afecta a los hijos. Sí y mucho. Por ejemplo, la buena relación entre los esposos y padres de familia genera en los hijos la ilusión de que su futuro matrimonio será como el de sus padres; en cambio, una mala relación destruye este ideal, mata cualquier ilusión de futuro., porque no quieren una vida conyugal según lo que están viendo. 

Padre, madre de familia. Crees sinceramente que educarás mejor con tu testimonio de vida que con lo que tú digas?.