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Por: P. José Silvio Botero G., C.Ss.R.

Poco se ha hablado del ‘liderazgo’ o protagonismo de la pareja, de la familia tiempo pasado. El Papa Juan Pablo II parece haber sido el primero o entre los primeros en haber atribuido a la pareja humana y a la familia el liderazgo cristiano; en Familiaris consortio Juan Pablo II afirmó: “las familias deben crecer en la conciencia de ser protagonistas de la llamada ‘política familiar’ y asumirse la responsabilidad de transformar la sociedad; de otro modo las familias serán las primeras víctimas de aquellos males que se han limitado a observar con indiferencia” (n. 44). 

Hay varias razones para fundamentar este liderazgo: en primer lugar, Yves Congar, un célebre teólogo de la época del Concilio Vaticano II, fue el promotor de la llamada ‘teología del laicado’; a partir de entonces se dio el despertar de los laicos en la iglesia; un despertar que ha sido una fuerza motivadora dentro de la iglesia, hasta el punto de haber organizado a nivel mundial varios congresos internacionales de laicos.

En segundo lugar, la pareja-familia ha pasado de ser objeto del trabajo pastoral a ser sujeto de la pastoral; es decir: antes la pareja–familia era pasiva, dejaba hacer;  hoy la pareja-familia se siente motivada a ser activa, líder, apóstol en su medio ambiente. Este paso de objeto a sujeto de pastoral y liderazgo obedeció a un cambio significativo dentro de la comunidad eclesial: anteriormente la iglesia se componía de la jerarquía que mandaba y enseñaba; el pueblo cristiano simplemente acogía la enseñanza y obedecía; con el concilio se operó un cambio particular: la iglesia es una comunión; los laicos han sido convocados a participar plenamente dentro de la iglesia. Pablo VI creó los llamados ’ministerios laicales’.

Una señal de la forma como la jerarquía de la iglesia ha abierto espacio a los laicos para trabajar en algún campo específico es la afirmación que hizo la Constitución pastoral Gaudium et spes (n. 43): “no piensen que sus pastores están siempre en condiciones de poderles dar inmediatamente solución concreta en todas las cuestiones, aun graves, que surjan; no es esta su misión. Cumplan más bien los laicos su propia función con la luz de la sabiduría cristiana y con la observancia atenta de la doctrina del magisterio”.

Hay unos campos específicos dentro de la iglesia en los que los laicos tienen competencia especial: la doctrina social de la iglesia, la pastoral familiar, la educación de los niños y de los jóvenes, la participación en los tribunales eclesiásticos en lo que respecta a las causas de nulidad matrimonial, en la consejería pastoral, en la posibilidad de hacer llegar a la jerarquía eclesiástica su sugerencia, iniciativas u opiniones. Esta participación activa de los laicos exige de ellos la capacitación necesaria para ejercer su liderazgo, su apostolado laical. Hoy son muchos los laicos que se capacitan en las universidades eclesiásticas y civiles. Participar activamente dentro de la iglesia no es un privilegio, sino un derecho del fiel cristiano.