VII Domingo del Tiempo Ordinario
Comentario social
20 de febrero de 2022
Ciclo C
Por: P. Alberto Franco G., C.Ss.R.
Lecturas bíblicas: primer libro de Samuel 26,2.7-9.12-13.22-23; Salmo 102,1-2.3-4.8.10.12-13; primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 15,45-49; evangelio según san Lucas 6,27-38. Domingo, 20 de febrero de 2022, 7º del Tiempo Ordinario – Ciclo C.
¿Quiénes son los enemigos?
El sustantivo o adjetivo enemigo “procede del latín inimicus que significa “no amigo”. El enemigo no era necesariamente un rival o agresor, era simplemente alguien que no era mi amigo. En el tiempo de los romanos las cosas eran bien simples: Estabas con ellos o contra ellos”[1]. Hoy el enemigo es el contradictor o antagónico personal, familiar, social, político, religioso, deportivo… Cuando el antagonismo se agudiza y transgrede el respeto humano, llega a la descalificación, la exclusión, la marginación, la negación de derechos, de la humanidad o la dignidad del “otro”, calificado como enemigo, se abre paso a la violencia física, simbólica, psicológica, sexual, racial, económica, religiosa…
La exacerbación de los antagonismos y contradicciones políticas, religiosas, raciales, étnicas o culturales con el odio, el miedo a los enemigos o los intereses económico-políticos se generan y justifican las peores barbaries de la humanidad. Basta revisar los hechos y discursos que crearon las condiciones para las guerras mundiales y los conflictos regionales y los discursos legitimadores de los principales actores, o las razones (sin razones) “divinas” que justificaron las guerras religiosas.
Hermanos convertidos en “enemigos”: la violencia fratricida colombiana.
Historias de abuelos, canciones, novelas, relatos familiares, libros de historia, documentos de instituciones públicas y de la Iglesia católica, cuentan cómo familiares, amigos, vecinos, compañeros de trabajo, fieles católicos y ciudadanos se convirtieron en enemigos, sin darse cuenta, y pasaron de lamentar que fuera del otro partido, del otro color, del otro bando a justificar su persecución, desplazamiento y asesinato. Y luego se asumió, repitió y reprodujo la versión de la historia que decía que era buena, que tocaba, que era necesaria, que Dios y la patria querían esa actuación de los míos: mi partido, mi iglesia, mi pueblo, mi grupo… Y afirmaron que toda la culpa la tenían los otros, los enemigos que nos odiaban y querían acabarnos. ¿Teníamos el derecho y la obligación de defendernos? Más aún había que atacar antes que ellos lo hicieran, no sabíamos lo que estaban planeando, eran sospechosos y debíamos adelantarnos.
El pueblo, de parte y parte, no preguntó si era cierto lo que le decían, tampoco por los intereses políticos y económicos que alimentaron la violencia, no supo que sus jefes políticos (de los dos partidos), quienes atizaban públicamente el odio y el miedo, en privado hacían pactos y negocios, compartían intereses, incluso asistían a las mismas fiestas. Sectores importantes de la iglesia católica jugaron un papel protagónico y poco cristiano.
“Quien no conoce la historia está condenado a repetirla”, una parte del pueblo y sector muy importante del cristianismo (católico, evangélico y protestante) se opusieron a los Acuerdos para la terminación del conflicto armado y la construcción de paz entre el gobierno de Colombia y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, en su mayoría los desconocían lo pactado y “argumentaban” repitiendo las afirmaciones de líderes políticos, religiosos y actores económicos para quienes “la paz era muy mal negocio” porque tocaba sus intereses “lícitos” e ilícitos, podían conocerse muchas verdades ocultas y sin la “distracción” de la guerra, la sociedad empezaría a pensar en sus necesidades básicas insatisfechas. Paradójicamente, sectores cristianos llamados al “ministerio de la reconciliación” (2Cor 5,18-20) y a amar a los enemigos han sido sus principales opositores, dejándose llevar por el odio a los enemigos y la desinformación.
Las lecciones bíblicas para la relación con los enemigos
La primera lectura cuenta que Saúl buscaba a David para asesinarlo; que una noche David y Abisay entraron al campamento donde dormía y quedó en sus manos, totalmente indefenso; que Abisay se ofreció para matar a Saúl y liberar a su jefe del enemigo mortal, como era lo normal; que David respetó la vida del rey, y se llevó su lanza como prueba de lo ocurrido; que de lejos mostró la lanza al rey.
Este hecho cambió la actitud de Saul hacia David y le pidió perdón. David vio a su enemigo como un ser humano y colocó el valor de la vida por encima de sus sentimientos y de la guerra. Le dio una nueva oportunidad que le cambió la vida.
Reconocer la dignidad de los enemigos y concederle el derecho a una nueva oportunidad de vida, es una actitud humana y cristiana, muy desaparecida entre los colombianos por la larga historia de odios, miedos, violencias y fundamentalismos políticos y religiosos. Esta pérdida es una de las causas, en tres o cuatro últimos años, del aumento de las masacres, asesinatos de líderes social y ambientales, firmantes de los acuerdos, de la confrontación armada, del desplazamiento forzado, de la deserción de exguerrilleros del proceso de paz y de la crisis humanitaria. Como lo denuncian obispos, pastores y organizaciones basadas en la fe.
El salmo presenta una comprensión de Dios que contradice a otras comprensiones presente en el Antiguo Testamento. Las tensiones, polémicas, conflictos y violencias religiosas son profundas porque tocan el fondo de nuestro ser, porque la “imagen” de Dios que tenemos orienta, determina o justifica la actuación en los diversos espacios en que nos movemos. Esto explica la persecución, la marginación o el asesinato de los profetas y de Jesús de Nazaret, ellos vivían y enseñaban una comprensión de Dios radicalmente diferente a la de las autoridades religiosas del pueblo. El Salmo que escuchamos decía: “El Señor es compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia; no nos trata como merecen nuestros pecados ni nos paga según nuestras culpas. Él perdona todas tus culpas y cura todas tus enfermedades; él rescata tu vida de la fosa y te colma de gracia y de ternura”; aquí hay una imagen de Dios contraria a la revelada por las siguientes citas bíblicas: “El Señor de los ejércitos está con nosotros” (Sal 46,11), “el Señor, tu Dios, es fuego voraz, Dios celoso” (Dt. 4,24), “El Señor se llama Dios celoso y lo es” (Ex 34,14), “El Señor es un guerrero” (Ex 15,3); “Dios celoso y vengador es el Señor; vengador es el Señor e irascible. El Señor se venga de sus adversarios, y guarda rencor a sus enemigos” (Nah 1, 2).
Es importante reconocer estas contradicciones, no evadirlas, ni justificarlas, y comprender que en la Biblia hay una evolución de la imagen de Dios; que unas veces el pueblo avanzó y otras retrocedió en la fidelidad y comprensión de Dios; que hubo confrontación entre los dirigentes políticos y religiosos del pueblo y los profetas, sabios y creyentes fieles a la Alianza; que para los cristianos, el referente fundamental es Jesús el Cristo. Cuando existan contradicciones en la Biblia el criterio a seguir es: primero, los evangelios que presentan a Jesucristo, luego, los demás escritos del Nuevo Testamento y después, el Antiguo Testamento.
Las palabras de Jesús son fuertes, difíciles de escuchar y más todavía si queremos actuar honestamente y pasar de los discursos a la práctica: “Amen a sus enemigos, hagan el bien a los que los odian, bendigan a los que los maldicen, oren por los que los injurian”, palabras fáciles de pronunciar, pero confrontativas porque tocan los sentimientos frente a los “otros”, a los enemigos: los de la otra religión o del otro partido político, los ateos, comunistas, extranjeros, homosexuales…
“Al que te pegue en una mejilla, preséntale la otra; al que te quite la capa” estas palabras cuestionan desde lo profundo lo aprendido en Colombia, diaria e inconscientemente, durante tres o cuatro generaciones, degradando al “otro”, al enemigo, en la casa, la familia, la escuela, el pueblo, la iglesia, los medios de comunicación, los mensajes políticos…
La carta a los Corintios describe la tensión entre “el hombre hecho de tierra” y “el hombre del cielo”, entre “el hombre animal” y “el espiritual”, que explica la coexistencia dentro de cada persona de la tendencia al bien y la tendencia al mal, a los bienes de arriba y a los de la tierra (Col 3,2). Esta tensión que lleva a hacer lo que no queremos y a dejar de hacer lo que queremos (Cf. Rom 7,20). Para Pablo, el amor de Dios, que nos amó siendo aún pecadores y el Espíritu de Jesús son la fuerza para enfrentar la tendencia a dominar, excluir y degradar a quienes consideremos enemigos.
Una conclusión
“Jesús vio que lo decisivo en la vida es la humanización de los seres humanos. Decimos que es ‘humano’ odiar, injuriar, humillar, robar, pensar mal para acertar. Todo eso ‘es inhumano’. Porque lo humano químicamente puro no existe. Lo humano siempre está mezclado con lo inhumano. Por eso Jesús propone, como modelo de humanidad, el amor que vence al odio, la mansedumbre que vence a la injuria, la aceptación de la ofensa que vence a la humillación, la renuncia a lo propio que vence el robo, el juicio bueno que vence al mal pensado”[2].
No olvidemos estas expresiones del evangelio:
- Traten a los demás como quieren que ellos los traten.
- Amen a sus enemigos, hagan el bien, sin esperar nada.
- La medida que usen, la usarán con ustedes.
- Sean compasivos como su Padre es compasivo.
[1] http://etimologias.dechile.net/?enemigo, consultado el 14 de febrero del 2022.
[2] Castillo José María, La Religión de Jesús. Comentario al evangelio diario 2021, Desclée de Brouwer, Bilbao, 2020, p. 313.


