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II Domingo de Pascua

Comentario bíblico

24 de abril de 2021

Ciclo C: Jn 20, 19 -31

Por: P. Jesús María Ortiz Orozco, C.Ss.R.

En esta ocasión, será comentado el pasaje bíblico de Jn 20,19-31. Después de la Vigilia pascual, en la que celebramos la resurrección de Jesús, la liturgia eclesial nos ha presentado varios relatos en los que el resucitado habla con algunos de sus discípulos y discípulas.

El evangelio según san Juan le dedica al tema de la Resurrección de Jesús los capítulos 20 y 21. Cada uno tiene un contexto geográfico diferente. En el primero, las apariciones se dan en Jerusalén y en el segundo en el lago de Galilea y sus alrededores.

El capítulo 20 se divide en tres partes: a) Jn 20,1-10: la tumba vacía; b) Jn 20,11-18: aparición a María Magdalena; y c) Jn 20,19-31: aparición a los discípulos y primera conclusión del evangelio. Esta última parte tiene la siguiente estructura literaria:

  • El Señor se hace ver de los discípulos en ausencia de Tomás.

El regalo de la paz y del Espíritu Santo: Jn 20,19-23.

  • Tomás rechaza el testimonio de los discípulos: Jn 20,24-25.
  • El Señor se hace ver de Tomás en presencia de los discípulos.

El regalo de la paz y la bienaventuranza: Jn 20,26-29.

  • El testimonio sobre los signos de Jesús, escrito para creer sin ver al Señor: Jn 20,30-31.

He aquí algunos detalles de texto comentado:

  • La presencia del Resucitado trae paz, alegría, compromiso misionero y Espíritu Santo.
  • El grupo de los discípulos da testimonio de su experiencia pascual, afirmando que han visto al Señor.
  • Tomás cree después de haber visto al Resucitado.
  • La última parte concluye recordando el objetivo principal del evangelio: Creer que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios.

Sugerencia para vivir este mensaje

Tomás, con su incredulidad, representa a los que se cuestionaban el por qué Jesús se aparecía solamente a algunos y también a los cristianos de la segunda y posteriores generaciones. Jesús lo invita y a la vez a los que este representa, a creer sin necesidad de atestiguar que “han visto al Señor”.

Nosotros somos bienaventurados porque creemos sin haber visto al Señor. No formamos parte de sus primeros discípulos. Nos identificamos más con los destinatarios de la primera carta de Pedro: “Porque ustedes lo aman sin haberlo visto, y creyendo en Él sin verlo todavía, se alegran con un gozo indecible y lleno de gloria, seguros de alcanzar el término de esa fe, que es la salvación” (1Pe 1,8-9). Por consiguiente, sigamos creyendo en Jesucristo, quien pasó por este mundo haciendo el bien y que murió y resucitó para redimirnos de todo aquello que impide experimentar el gozo pascual.