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III Domingo de Pascua

Comentario dominical

1 de mayo de 2022

Ciclo C: Jn. 21, 1-19

Por: P. Víctor Chacón Huertas, C.Ss.R. – Redentoristas de España,

eguimos caminando en este itinerario Pascual, envueltos de la experiencia que nace del saber mirar todo desde la luz nueva de la cruz gloriosa. Allí donde crucificamos nuestra esperanza resurge ahora con más fuerzas de lo imaginable la Vida auténtica. Sólo cabe ahora aprender a seguirle de un modo nuevo, al igual que nueva es su presencia entre nosotros. A la escucha de su Palabra descubrimos algunas claves para seguir caminando en esta Pascua, para darnos cuenta de su “paso” por nuestras vidas.

1. “Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres”. Es la certeza de Pedro y de otros apóstoles entre aquellos que les reprenden por anunciar a Jesucristo. Ellos no actúan desde un arrebato de bondad, ni desde el capricho, sino que están obedeciendo a Dios. Obran movidos por su Espíritu, pues como nos confirma el mismo libro de Hechos, este Espíritu que les hace testigos es algo que Dios da a los que le obedecen. La obediencia es importante. En la raíz de esta palabra está la escucha (ab-audire), la apertura al otro. Un cristiano no puede ser alguien que anda siempre de “monologuista”, de conferenciante o ponente. Un cristiano necesita escuchar y escuchar mucho, a los sabios (con más o menos estudios) y necesita escuchar la verdadera Sabiduría que brota de la Palabra de Dios. Obedece, pues, hermano. Obedece a Dios antes que a los hombres.

2. Hoy merece la pena detenerse en el salmo 29. “Te ensalzaré, Señor, porque me has librado”. Es la experiencia de todo creyente, de todo aquel que sabe reconocer el paso de Dios por su vida. La huella de aquel que quiere nuestro bien, que opera en nuestra historia silenciosa y calladamente. “Señor, sacaste mi vida del abismo, me hiciste revivir cuando bajaba a la fosa”. Un Dios que se hace presente aún en los momentos dolorosos, que no olvida a sus criaturas. Sólo cabe alabar y gozar sabiendo la nueva oportunidad que se nos brinda, cada día, a cada momento; Dios que renueva, perdona y olvida, enmienda y endereza, repara y sana.

 3. Por tercera vez se aparece Jesús a sus discípulos. Y esta vez también les pilla desprevenidos. Les coge con las manos en las redes. Y las redes vacías. Y no por falta de esfuerzo, pues habían pasado la noche entera bregando. Pero bregaban sin norte, sin criterio, sin planificación alguna. Llega Jesús y las brumas se disipan y ¡las redes se llenan!: “Echad a red a la derecha y encontraréis”. Pero echadla con convicción, no la echéis con miedo ni desanimados porque ya son muchos los intentos fallidos. Una vez más echadla, pero como si fuera la primera. Dice el relato de Juan que ninguno se atrevía a preguntarle quién era “porque sabían bien que era el Señor”. No hay duda. Sólo él actúa así, tan autoritariamente, tan salvíficamente. En el diálogo con Pedro que se sucede a continuación opera un milagro mucho mayor que el de la pesca. Con la pregunta por el amor, Jesús hace cambiar a Pedro de criterio. Si hasta entonces era un Pedro impulsivo y timorato a la vez el que decidía, en adelante cambiaría ese miedo por amor. La clave no sería su criterio, sino el bien del pueblo que pastorea. De un plumazo Jesús le confirma en su misión, le renueva en el amor y le llama a seguirle siempre, a buscarle con fidelidad. “¿Simón Pedro, me amas? Apacienta mis corderos”. No cabe un amor abstracto y difuso, la confesión del amor implica tarea al igual que la confesión de la fe implica seguimiento. ¿Me amas? ¿Y qué haces ahí parado?  Deja que Cristo resucitado guíe tu vida, deja que él llene tus redes vacías. Que te diga dónde debes seguir pescando.