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III Domingo de Pascua

Comentario dominical

1 de mayo de 2022

Ciclo C: Jn. 21, 1-19

Por: P. José Pablo Patiño Castillo, C.Ss.R. 

En el relato del evangelio, el evangelista nos ofrece un detalle que no añade mucho al conjunto pero que, al aparecer en otros lugares del mismo evangelio de Juan, llama la atención y nos mueve a adivinar un mensaje especial del relator, pero incluso del mismo Jesucristo. Es la intervención de alguien bien determinado: “Entonces, aquel discípulo que Jesús tanto amaba le dijo a Pedro: “!Es el Señor!”.

En el pasaje se enumeran 7 de los seguidores cercanos de Jesús. Allí mismo el Maestro señala a Simón Pedro, pero en él, a los demás apóstoles, la misión de “Apacentar a sus ovejas”. Por otra parte, en la primera lectura se narran “los Hechos de los Apóstoles”; es decir, cómo los discípulos realizan la tarea encomendada por el mismo Jesús, incluso hasta exponerse a “sufrir injurias por causa de Jesús”.  Además, el tiempo Pascual, en que estamos, es para los cristianos, presbíteros y laicos, un Kairós, el espacio propicio y especial para la vivencia proclamación de Cristo crucificado y resucitado. Todo esto es oportunidad para que hagamos una reflexión sobre la expresión del evangelista Juan: “El discípulo que Jesús tanto amaba”.  Estas son las veces y lugares en que aparece en el IV Evangelio, y sólo en él, esa expresión:

“Uno de ellos, a quien Jesús quería mucho…” Jn 13, 23

“…y junto a ella al discípulo a quien él quería mucho” 19, 26.

“… donde estaban Simón Pedro y el otro discípulo a quien Jesús quería mucho” 20, 2

“Entonces el discípulo a quien Jesús quería mucho, le dijo a Pedro: “Es el Señor” 21, 7

“Pedro vio que detrás venía el discípulo a quien Jesús quería mucho” 21, 20.

Teniendo en cuenta el uso continuado simbólico del evangelista Juan, es legítimo pensar que no está en la intención del redactor aludir a una persona concreta y menos al mismo autor del cuarto evangelio, o sea el mismo Juan. En su propósito está, de seguro, señalar las actitudes que el Maestro quiere ver en sus discípulos.

Según esto, se pueden deducir los rasgos que, según Juan, y Jesucristo, han de distinguir ya no a uno solo de los apóstoles sino a todos, haciéndose así acreedores al afecto especial del mismo Maestro:   –“Estaba a la mesa al lado de Jesús…” y “recostándose sobre el pecho de Jesús…”  Indica la cercanía física, pero ante todo espiritual con el Maestro. Parecería aludir aquello de que “Escogió a los doce para que estuvieran con él y enviarlos…” (Mc 3,14). O aquello de Fil. 2,5: “Tengan ustedes los mismos sentimientos que tuvo Cristo” (Fil. 2,5)

  • “Jesús, viendo a su madre y junto a ella al discípulo a quien tanto amaba…”.  Señala a su seguidor unido en afecto y servicio a María, la madre de Jesús, para aprender de ella a conocer más y seguir mejor al Señor: “Hagan lo que él les diga” (Jn 2,5)
  • “María Magdalena… llega donde Simón Pedro y el otro discípulo a quien Jesús quería…” (20, 2). Es el cristiano que escucha a quien le comparte su inquietud por Jesucristo y luego acompaña a Pedro a conocer mejor lo concerniente a Cristo, incluso corre adelante, pero reconoce en Pedro una cierta pre – eminencia, y lo deja pasar primero. Y luego él, al entrar, “vió y creyó”. Es decir, la fe del seguidor de Cristo ha de estar animada por el amor.
  • “Entonces el discípulo a quien Jesús quería mucho, le dijo a Pedro: “Es el Señor” 21, 7. Es el discípulo que en medio de la vida ordinaria o extraordinaria intuye la presencia del Maestro y comparte su vivencia de fe y de amor con los compañeros.          –“Pedro vio que detrás venía el discípulo a quien Jesús quería mucho” 21, 20. Es el seguidor que está atento a discernir el querer de Dios y a ponerlo en práctica con fidelidad.

Haremos bien si, “fijando los ojos en Jesús, el iniciador y consumador de nuestra fe” (Hebreos, 12,2), nos esforzamos por hacer nuestros los rasgos que Él quiere para sus discípulos y así realizar la misión que Él nos ha confiado. Y, con ocasión hoy, del “Día del trabajo”, del trabajador, haremos bien en discernir cuáles serían los rasgos que Jesús desea encontrar en nosotros como “trabajadores de la viña del Señor”, según expresión del Papa Emérito Benedicto XVI.