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VI Domingo de Pascua

Comentario dominical

9 de mayo de 2021

Por: P. Leiner de Jesús Castaño García, C.Ss.R.

Ciclo B: Jn. 15, 9 – 17

Pocas palabras parecen saturamos tanto en el lenguaje cotidiano como ésta: «amor». La escuchamos en la canción de moda, en la conductora superficial de un programa de televisión, en el lenguaje político, en referencia al sexo, en la telenovela. Se usa en todos los ámbitos, y en cada uno de ellos significa algo diferente. ¡Pero, sin embargo, la palabra es la misma!

Y ni qué decir de la palabra “amistad”, no queremos parecerles a Ustedes personas negativas, simples, inconformes, pero desde un sano realismo en el mundo de hoy esta palabra está casi en desuso; los jóvenes la pretenden, pero el contenido dista mucho del significado auténtico.

San Pablo se arriesga y habla del amor. Nos cae muy bien volver a leer el capítulo trece de la primera carta a los corintios. El amor y la amistad están presentes en el mensaje del evangelio de hoy domingo, sexto del tiempo pascual.

Sería casi soberbio e iluso pretender tener nosotros la última palabra sobre el amor. Pero intentemos conseguir un acercamiento de la mano de San Juan, Evangelista: El amor en sentido cristiano no es sinónimo de un amor «rosado», sensual, placentero, dulzón y sensiblero del lenguaje cotidiano o posmoderno. El amor de Jesús no es el que busca su placer, su «sentir», o su felicidad sino el que busca la vida, la felicidad de aquellos a quienes amamos; aquí el amor se vuelve binomio porque necesita estar acompañado del sacrificio: amor-sacrificio.

Lo sabemos por experiencia, nada es más liberador que el amor; nada hace crecer tanto a los demás como el amor, nada es más fuerte que el amor. Y ese amor lo aprendemos del mismo Jesús que con su ejemplo nos enseña que «la medida del amor es amar sin medida» y que “nadie tiene mayor amor que el que da la vida por los amigos” .

El verdadero amor es una iniciativa divina, El Padre ha amado el primero, ha tomado la delantera; Jesús se siente amado, permanece en su amor; esa permanencia se convierte en un mandato, un mandamiento. Como Jesús permanece en el mandato del Padre o en otras palabras ha guardado los mandamientos del Padre así nos pide que guardemos el mandamiento fundamental, el del amor; pero no cualquier amor, el amor-sacrificio, no a la medida de cualquier persona, aunque sea servidora de la Iglesia, a la medida de Él quien lo dio todo por amor.

El amor de Jesús ha cambiado las relaciones con los discípulos y con sus apóstoles; lo normal sería que siempre mantuvieran dicho rol u oficio: ser discípulos, alumnos, novicios; pero no, Jesús ahora los llama amigos, lo cual supone igualdad de ventaja e intereses; pero no todo termina allí. Ahora nos toca a nosotros mantener dichas relaciones de amistad. Es que las relaciones entre los creyentes o seguidores de Jesucristo deben estar consolidadas en el amor-amistad, en la igualdad, en la mutua entrega y sacrificio. En el fondo, continúa la iniciativa divina, el Padre ha amado el primero, Jesús es quien ha elegido y nos he destinado para que demos fruto y fruto abundante. El mandato se reitera: ámense los unos a los otros, con base en la medida del mismo Jesús.

Aquí estamos ante el sentido principal y último de todo ser humano: amar y ser amado; tener sentido; tener de qué ocuparse. Comprender que el amor es un mandato, es algo así como tomar conciencia de que tenemos que respirar para vivir. Amar al estilo de Jesús es retirar de nuestras relaciones afectivas todo aquello que suene a dominación, utilitarismo, cosificación o manipulación. No podemos excluir de la pareja que vive en matrimonio el amor sensual, erótico, sexual y genital; pero no toda relación amorosa debe centrarse como primer interés en el disfrute sexual; sabemos que en el amor y en la amistad hay satisfacción mutua de necesidades económicas y afectivas, pero el compartir debe ser espontáneo, humilde, no utilitario. Con el Evangelio en la mano, es necesario volver a creer en el amor de pareja, en la amistad, en la relación de hermanos o fraternidad, en la convivencia ciudadana y patriótica especialmente en los momentos que vivimos. Con el ejemplo de Jesús es necesario volver a repasar la necesidad del amor entre los esposos, entre padres e hijos, hijos y padres; entre vecinos y compañeros de trabajo. Uno de los amores más puros, diáfanos y cercanos al Evangelio es el amor de la madre; a ella la festejamos en el mes de mayo y por ello le reiteramos nuestro cariño, aprecio y admiración.