image_pdfimage_print

XXIV Domingo del Tiempo Ordinario

Comentario dominical

12 de septiembre de 2021

Ciclo B: Mc. 8, 27 – 35

Por: P. José Humberto Toro Palacio, C.Ss.R.

José Luis Martín Descalzo comienza su obra “Vida y misterio de Jesús de Nazaret” con esta pregunta capítulo 8 del Evangelio de Marcos que hemos escuchado hoy. Y vosotros ¿quién decís que soy yo? (Mc 8, 27). Hace dos mil años un hombre formuló esta pregunta a un grupo de amigos. Y la historia no ha terminado aún de responderla…[1]

Los lectores de San Marcos se han encontrado con varias escenas en las que se les obliga a pensar quién es Jesús. Sus palabras y acciones son tan especiales que no es posible definirlo con facilidad. Enseña con autoridad y tiene poder sobre los espíritus inmundos (1,27), perdona los pecados como si fuera Dios (2,7), escandaliza porque come con publicanos y pecadores (2,16), se considera con derecho a contravenir el sábado (2,27), los fariseos y los herodianos deciden muy pronto de quede morir (3,21), sus familiares piensan que está mal de la cabeza (3,21), los escribas que está endemoniado (3,22) y los de Nazaret no creen en él, lo siguen considerando el carpintero del pueblo (6,1-6). Los discípulos se preguntan desconcertados: “¿Quién es este que hasta el viento y el lago le obedecen?” (4,41)[2]

La variedad de opiniones que tiene la gente sobre Jesús, es que un muerto que ha vuelto a la vida. Lo positivo es que todos lo consideran como un profeta. Si la pregunta la hubiera hecho hoy, sin duda que la gama de respuestas hubiera sido más variada.

En esa época Pedro responde por los discípulos y lo hace bien. Pero falta algo en esa respuesta. Jesús sí es el Mesías. Pero un Mesías que salvará al pueblo no por el camino del triunfo, sino por el camino del dolor; al estilo del siervo sufriente del profeta Isaías, cuya lectura también escuchamos en este domingo.

De la gran revelación que Jesús les comunica a sus discípulos, Pedro se quedó solo con la parte del dolor y del sufrimiento. Se atreve a corregir a Jesús y recibe del Señor una severa reprensión. Jesús había vencido las tentaciones del demonio, pero aquí, en la persona de Pedro, vuelve a sentir un ataque mucho más fuerte. Eso nos recuerda que algunas veces decimos palabras inspiradas por el cielo y en otras podemos servir a los intereses del mal. Debemos pedir siempre la ayuda de Dios. 

Es muy interesante ver que Jesús en su fidelidad al Padre, sabe que, aunque pase por el dolor, éste puede entrar en el plan de Dios, como un paso previo al triunfo y que su Padre Jamás lo abandonará.

El discípulo de todos los tiempos siempre debe tener presente esta manera de actuar de Jesús. No es el poder de las armas o la violencia, sino la entrega generosa a la voluntad del Padre, lo que redime y salva a la humanidad.

¿Y tú, quién dices que es Jesús? De la respuesta a esta pregunta será el tipo de discípulo y el estilo de comunidad que tengamos. Si Dios es solo quien me arregla los problemas con su poder, lo buscaré para que me ponga un “parche” y yo continúo con mi vida, pero jamás él será mi Señor, jamás le entregaré las riendas de mi existencia.


[1] Cf. José Luis Martín Descalzo, Vida y Misterio de Jesús de Nazaret. El comienzo. (Salamanca: Ediciones sígueme, 1986), 9.

[2] Cf. José Luis Sicre, El evangelio de Marcos. Comentario litúrgico al ciclo B y guía de lectura. (Navarra: Verbo Divino, 2020), 280.