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Por: P. José Silvio Botero G., C.Ss.R.

Cuenta una leyenda que cuando Dios crea a un hombre toma un corazón en la mano y lo parte en dos: una mitad la coloca en el pecho de un hombre y la otra mitad en el cuerpo de una mujer. A ambos los echa al mundo, cada cual con su medio corazón. Cuando los dos crecen, notan que no tienen más que medio corazón y que deben entregarse a la búsqueda del otro medio corazón que a cada uno le falta. 

Dónde estará esa otra mitad?. Estará lejos?, estará cerca?. Ninguno de los dos lo sabe. Por eso, ni él ni ella deben descansar hasta que encuentran el medio corazón que a cada uno le falta. Una vez que lo encuentran, tienen que unir sus dos medios corazones para formar uno solo, y para lograrlo solamente hay un pegante, el pegante del amor. 

 

REFLEXIÓN: 

Las leyendas no siempre tienen un fundamento histórico, pero sí nos explican, muchas veces, inquietudes de fondo. El amor es un misterio. Y la razón está en que Dios es Amor. Dios al crear al hombre y a la mujer a su imagen y semejanza los creó capaces de amar y necesitados de ser amados. Dios no es un ser solitario, sino un ser solidario: por esta razón Dios es familia.  

La familia es la mejor imagen de la Trinidad Divina: Padre, Madre e Hijo son el ‘sacramento natural’ de Dios-Familia. Con razón que el Documento de Puebla aluda a los cuatro rostros del amor humano: el amor de esposos, el amor de padres, el amor de hijos, el amor de hermanos. 

Es sintomático que esta intuición de la búsqueda del otro medio corazón aparezca en las culturas antiguas en otros términos; el mito griego del ‘andrógino’ alude a un ser humano, varón y mujer al mismo tiempo, que se creyó superior a la divinidad y, por esta razón Júpiter lo partió en dos; el reclamo de volver a la unidad primigenia hizo entender a la cultura griega la atracción entre los dos sexos; la cultura china intenta explicar esa búsqueda concibiendo al varón como llave, a la mujer como chapa de la puerta; y en nuestro medio ambiente se escucha la expresión ‘mi otra mitad’ cuando un joven presenta a otro su novia o esposa. 

El libro del Génesis nos dice ya en sus primeras páginas que el Creador los hizo varón y mujer y que el varón dejará a su padre y a su madre, se unirá a su mujer y los dos se harán una sola carne” (2,24). El texto bíblico emplea tres verbos que revelan algo especial: abandonará supone la ruptura del cordón umbilical que dio origen a un vínculo biológico, anatómico, para dar paso a la autonomía de la persona; se unirá a su mujer y así se genera un nuevo vínculo afectivo; se harán los dos una sola carne alude al proceso de crecimiento en el amor; los enamorados se suelen decir: ‘hoy te quiero más que ayer, pero menos que mañana’. 

Esta búsqueda de la otra mitad no es algo automático; debe ser fruto de un proceso de discernimiento inteligente; un autor lo sintetiza en tres pasos: integración del Yo (como varón o como mujer), apertura al Tú (diferente sexualmente) y construcción del Nosotros de pareja. Otros escritor lo describe con un proceso más largo: enamoramiento, elección del otro(a), compromiso con él(ella), proyecto común de vida. 

G. Boiardi sugiere tres consignas como pistas de acción para acertar en la búsqueda de ‘la otra mitad’: 

– identidad biológica: llega a ser lo que eres (varón o mujer). 

– identidad psicológica: acepta lo que eres. 

– identidad en vista a la relación: elije lo que no eres.  

Ante el fracaso de tantas parejas hoy, por motivos muy diversos, conviene conocerse debidamente, no precipitarse, asesorarse de buenos consejeros, porque no es cierto que el amor es ciego: el amor necesita de la inteligencia; Enrique Rojas, psiquiatra español, ha escrito un libro con este título: El amor inteligente. Corazón y cerebro, claves para construir una pareja feliz (Madrid 1.997).