IV Domingo de Pascua
Comentario bíblico
8 de mayo de 2022
Ciclo C: Jn 10, 27-30
Por: P. Luis Alberto Roballo Lozano, C.Ss.R.
27Mis ovejas escuchan mi voz. Yo las conozco y ellas me siguen; 28yo les doy la vida eterna y no perecerán jamás; no me las arrebatará nadie de mis manos. 29Mi Padre, que me las ha dado, es más que todas las cosas; y nadie puede arrebatar nada de la mano de mi Padre. 30Yo y el Padre somos una sola cosa».
La primera parte del capítulo 10 de Juan presenta dos parábolas: la primera la del pastor y las ovejas y la segunda la de la puerta de las ovejas que brinda seguridad al redil. 1-21. Las dos parábolas (vv. 1-21), Pastor y Puerta originariamente eran independientes. La del pastor y el rebaño (vv. 1-6), que indica la seguridad de las ovejas bajo la protección del pastor, recibe una ampliación (vv. 11-18), utilizando un lenguaje directo, que habla de la entrega de su vida por ellas para que tengan la vida verdadera. La de la puerta (vv. 7-10) presenta a Jesús como el acceso único a la salvación y responde a la pregunta de los judíos sobre quién es Jesús. Él busca a las ovejas (cf. 9, 35), Él no las dispersa, como ellos, que son pastores aprovechados y a sueldo (9, 34). La tensión entre buenos y malos pastores, entre ingresar debida o indebidamente, recoge un tema ampliamente conocido en el Antiguo Testamento (cf. Ez 34 y 37, 16ss), que motiva la unión de las dos parábolas. El planteamiento dramático sobre el verdadero Pastor y la Puerta como garantía de seguridad seguirá siendo actual[1].
22-42. En fuerte contraposición (vv. 22-42) los judíos contestan la condición mesiánica de Jesús. En la respuesta de Jesús se ve claro que Él es el mesías en cuanto enviado del Padre. Para reconocerlo así, es necesario renunciar a la convicción de estar en posesión absoluta de la verdad y de ser los dueños absolutos del rebaño, y la apertura a las exigencias de la fe. Solo desde la fe puede reconocerse la unidad de acción de Jesús con el Padre: sus obras son las de Dios; y si esto es claramente así, debe por consiguiente aceptarse la constante presencia de Dios en Él.
El dramatismo se hace extremo: Jesús se presenta como consagrado y enviado del Padre para dar la vida eterna, mientras sus opositores lo acusan de blasfemo y quieren ejercer la defensa de la ley con la lapidación de Jesús y con su muerte defender la causa de una ley que termina negando la intervención de Dios.
El primer versículo del breve texto que nos ocupa este domingo, en el v. 27 describe de manera rápida y eficaz la labor de Cristo como buen pastor: Mis ovejas escuchan mi voz. Yo las conozco y ellas me siguen. El vocabulario empleado por Juan carga de sentido la breve declaración[2]. La mención de las ovejas en relación con el pastor y al lugar donde están seguras hace pensar a Eusebio de Cesarea (ca. 265-340) en el significado del nombre de Jesús: «Cuando Jesús baja a la tierra y, por el amor del Padre a toda la humanidad, asume nuestra naturaleza racional y la forma humana, por la conveniencia de estar al frente de infantes y personas que se comparan a las ovejas de un rebaño, se lo llama pastor de las ovejas (Ez 34, 23-34); y porque ha anunciado el cuidado de los afligidos, se lo puede llamar salvador (Mt 1, 21) y médico. Todo esto significa, entre los hebreos, el nombre de Jesús»[3].
Con los verbos escuchar la voz, conocer y seguir, el versículo mencionadodescribe la interrelación que se establece entre Jesús y sus discípulos. El pastor conoce las ovejas y las guía a buenos pastos y es la puerta que da protección a sus entradas y salidas de modo que tengan plena seguridad frente a los asaltos de agentes depredadores[4].
Con la expresión Yo les doy la vida eterna Juan revela cuál es el objetivo de Cristo como pastor. La expresión “tener vida” en el evangelio de Juan corresponde al “entrar en el Reino” de los evangelios sinópticos. Una breve relación de textos ayuda a comprender esta palabra que encierra la finalidad de todo el Cuarto Evangelio.
1, 4: Dios autor de la vida; 3, 15.36: quien cree tiene vida; 4, 14.36: agua y frutos de vida eterna; 5, 24.26.29.39.40: escuchar a Jesús y creer en Él da vida eterna; 6, 27.33.35.40.47.48.51.53.54.63.68: pan de vida eterna; 8, 12: Jesús luz de vida; 10, 10: Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia; 11, 25: Jesús, la resurrección y la vida; 12, 25.50: perder o ganar la vida; 14, 6: Jesús, camino, verdad y vida; 17, 2.3: la vida consiste en conocer y aceptar a Dios; 20, 31: la finalidad de todo el evangelio es creer y tener vida.
La expresión “vida eterna” no significa – como quizá piensa el lector moderno – la vida después de la muerte. Mientras que la vida actual es, ciertamente, pasajera y no una vida eterna. “Vida eterna” significa la vida misma, la vida vida verdadera, que puede ser vivida también en el tiempo y que ya no puede ser invalidada por la muerte física. Esto es lo que importa: abrazar desde ahora “la vida”, la vida verdadera, que ya no puede ser destruida por nada ni por nadie[5].
El hecho de que las ovejas que escchen al pastor y lo sigan tiene sus consecuencias para quienes pertenecemos al rebaño de Cristo y lo seguimos, como buen pastor. En declaración del Magisterio de la Iglesia Latinoamericana: «Como discípulos de Cristo, nos sentimos interpelados a discernir los signos de los tiempos a la luz del Espíritu Santo, para ponernos al servicio del Reino anunciado por Jesús, que vino para que todos tengan vida y para que la tengan en plenitud»[6].
El Papa Juan XXIII ya recordaba en 1959 la importancia de la labor pastoral de la Iglesia, no solo reduciéndola a algunas acciones convencionales sino yendo al fondo de la propuesta de Cristo, el Principal de los Pastores, de dar la vida eterna: «Una instrucción y educación cristianas que se dieran por satisfechas con haber enseñado y haber hecho aprender las fórmulas del catecismo y los preceptos fundamentales de la moral cristiana con una sumaria casuística, sin traducirse en la conducta práctica, correrían el riesgo de procurar a la Iglesia de Dios una grey, por así decirlo, pasiva. La grey de Cristo, por el contrario, está formada de ovejas que no solo escuchan a su Pastor, sino que están en grado de reconocerlo y reconocer su voz, de seguirlo fielmente y con plena conciencia por los pastos de la vida eterna»[7]. El breve pasaje evangélico que nos ha ocupado concluye con la máxima revelación de Cristo que nos permite valorar por qué Él es el Buen Pastor y la obra que realiza en la Iglesia como su rebaño y la acción de quienes ejercen en su nombre la labor de apacentar su grey : Yo y el Padre somos una sola cosa (v. 30).
[1] Texto de La Sagrada Biblia de América, (2016) Luis Roballo o.c., comentario enedición de estudio.
[2] Maximilian Zerwick, S.J. & Mary Grosvenor (2010). A Grammatical Analysis of the Greek New Testament. Gregorian & Biblical Press (GBP), Roma. Y BibleWorks 10, Software for Biblical Exegesis and Research, Norfolk, Virginia.
[3] Eusebio de Cesarea, La preparación evangélica, 4, 10, 17-18.
[4] Maximilian Zerwick, o.c.
[5] Joseph Ratzinger-Benedicto XVI, Jesús de Nazaret, La Figura y el Mensaje, o.c.p. 449.
[6] Celam, Aparecida, Documento Conclusivo, 33.
[7] Juan XXIII, Princeps pastorum, sobre el apostolado misionero, 15.


