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Por: Padre Martin McKeever, CSsR

El propósito de esta reflexión es intentar comprender el extraordinario éxito político del populismo en la última década (un éxito que ahora se ve seriamente atenuado por las respuestas inadecuadas a la pandemia). Aquí examinaremos sólo dos aspectos de este complejo fenómeno: los fundamentos teóricos del populismo y sus estrategias prácticas.


Quizás la característica más llamativa del populismo es la pobreza manifiesta de su base teórica. Algunas ideas (por ejemplo, el pueblo, la soberanía nacional, la identidad nacional), todas ellas cuestiones políticas serias en sí mismas, se predican con gran superficialidad y simple ignorancia en pos de los objetivos ideológicos. La cuestión teórica sustantiva clave, que no suele estar claramente articulada, es la representación. Quienes votan por posiciones políticas populistas suelen estar desilusionados con el actual sistema de representación (normalmente a través de los partidos políticos) y creen que alguna forma de democracia directa es una alternativa viable. Los que no estamos convencidos de la viabilidad de las alternativas propuestas haríamos bien en tomarnos en serio esta frustración, que es tan antigua como la propia democracia, pero que se ha visto exacerbada por múltiples factores de la cultura contemporánea.


Si el populismo es débil en el plano teórico, ha demostrado ser mucho más vigoroso en el plano práctico. El populismo funciona políticamente en la medida en que juega con las frustraciones y los temores de las masas desilusionadas mencionadas anteriormente. Entre ellos se encuentran los pobres, pero más generalmente son personas de clase media que se han visto afectadas negativamente por los cambios económicos, sociales y políticos. El político populista, el llamado “líder carismático”, aborda esta frustración y esta rabia denunciando, a menudo con una retórica violenta y sin sentido, a los que se consideran responsables de esta situación negativa (los partidos políticos tradicionales, la élite económica y política, el establishment). La eficacia de este proceso se ve muy facilitada por el uso de las redes sociales, que tienden a ofrecer soluciones telegráficas y polémicas a problemas políticos complejos, hasta el punto de propagar noticias falsas.


El populismo funciona porque divide y polariza. La experiencia ha demostrado y sigue demostrando que si bien esta forma de hacer política puede ser eficaz para alcanzar el poder, es totalmente inadecuada para mantenerlo, un dilema que Maquiavelo comprendió hace unos 500 años.

Fuente: Blog Academia Alfonsiana – Roma