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III Domingo de Adviento

Comentario dominical

12 de diciembre de 2021

Ciclo C: Lc. 3, 10 – 18

Por: P. Óscar Darley Báez Pinto, C.Ss.R.

Hemos llegado al tercer domingo de adviento llamado también domingo de gaudete, es decir, de gozo. El gozo es algo que supera la mera alegría, pues viene del Espíritu Santo y de una vida en comunión con Dios y al servicio de la gente. Es como una fuente de agua subterránea, que se puede disfrutar solo si se tienen raíces profundas. Este día la liturgia nos permite usar el color rosado, poco usual, pero que invita a la frescura, al compartir y a amar.

Las lecturas nos recuerdan permanentemente esa alegría. Sofonías dice: “!Alégrate, hija de Sión, grita de gozo, Israel, exulta y aclama con todo el corazón, hija de Jerusalén!” El motivo es claro, se canta la victoria del Señor sobre el sufrimiento del pueblo, Dios ha tenido compasión y ha revocado la condena que pesaba sobre él.

Las notas más fundamentales de la homilía este día nos recuerdan que Dios es ternura y que está por encima de los sufrimientos y de las violencias que vivimos los seres humanos, siempre dispuesto a salvarnos. Al decir esto, pienso en tantas personas con una vida “arruinada”, que se muestran ante el mundo incapaces de redención, al menos eso podemos pensar: no solo personas que cargan tras de sí historias de drogadicción, delincuencia y asesinatos, sino también aquellas que sienten que su vida ha fracasado a causa de sus malas decisiones: abortos, prostitución, pérdida de su hogar, etc.: tantas cosas que oprimen sus vidas y acaban sus esperanzas.

Siempre es bueno recordar a estos hermanos nuestros que Dios no los condena y que está cerca, como un amigo, dispuesto a dar la vida por ellos, si fuera necesario. No nos podemos cansar de anunciar a un Dios misericordioso que, en verdad, se encarnó para asumir todos los sufrimientos de la humanidad de todos los tiempos. Así pues, digamos una vez más a estas personas que Dios las ama: “No temas, hijo-hija, no dejes caer tus brazos. El Señor, tu Dios, está en contigo y es un Dios salvador. Te renovará con su amor”. A veces me pregunto cuál será la suerte de todas estas personas que mueren sin haberse podido reconciliar con Dios sacramentalmente y al mismo tiempo me respondo, los sacerdotes somos solo un instrumento, Dios es el maestro y puede servirse de muchos otros medios para salvar a sus hijos. En verdad creo que muchos de ellos se salvarán por la misericordia de Dios.

Este día alentemos a la gente a tener confianza en Dios, su salvador y con el salmista reconozcamos que él es nuestra salvación, nuestra fuerza y nuestro canto. Quien lo recibe exultará de gozo en su corazón, cual si tuviera una fuente de agua en su ser. Así nos lo pide también el apóstol, “hermanos, estén siempre alegres, siempre, pero alegres en el Señor”. Sabemos que la gente que la alegría que el mundo nos puede ofrecer es engañosa, frugal y pasajera, en cambio, el Señor puede hacernos pasar de la muerte a la vida, es importante, pues, que nuestras oraciones vayan siempre dirigidas a Dios, en toda ocasión: en la alegría y en la enfermedad, en la salud y en el gozo.

Y si queremos saber cómo hacer para vivir el gozo del Espíritu Santo, el evangelio nos da varias luces cuando habla de compartir y de hacer justicia a los más pobres. El gozo ciertamente viene a los corazones de quienes son capaces de salir de sí y de dar algo de sí a los demás. Otra fuente del gozo es practicar la justicia: “no exigir a los otros más de lo debido, ni maltratar a nadie por la fuerza”. La fuerza no debe ser usada para oprimir, sino para servir y para salvar. Fuimos hechos para amar y solo si amamos podremos experimentar el gozo del espíritu y del amor de Dios. No hay otro camino.

San Lucas nos recuerda, además, que la vigilancia y la alegría en el Señor son parte de un proceso de conversión personal nacido en el bautismo, fruto de nuestra opción personal por Cristo. Juan Bautista nos sirve de modelo, al bautizar anunciaba a todos la venida del Mesías, uno superior a él, ante el cual no era digno ni de desatar la correa de sus sandalias. Hay tres actitudes en san Juan Bautista que quiero rescatar para nuestra reflexión:

  • Humildad: mientras más grandes queremos ser, más debemos poner los talentos que Dios nos dio al servicio de los demás, especialmente ayudando a otros con el testimonio a encontrar la vía del Señor.
  • Servicio: la esperar del Señor en nuestras vidas debe ser activa y gozosa, de ningún modo debemos esperarlo llenos de angustia o miedo, o con los brazos caídos como si estuviéramos derrotados, sino sirviendo con amor a los más necesitados.
  • Anunciar la esperanza del Mesías: nuestro gozo es el Señor, ese gozo es contagioso. Que en todo momento nuestra alegría sea ser de Cristo y llevar a otros a este gozo.

El trabajo que Dios quiere operar en nosotros es purificar tantas raíces secas, para sacar a la luz lo mejor que tenemos. Jesús vino a enseñarnos y a recordarnos que nuestra verdadera vocación sigue siendo la santidad.