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Por: P. José Silvio Botero G., C.Ss.R.

Como las personas, las cosas, las instituciones humanas, que tienen un comienzo, tienen también un final; normalmente, la muerte o la desaparición de alguien, de algo, señala el final…  La unión de varón-mujer, sea por el matrimonio canónico, sea por la unión civil, se constituye como vínculo estable, permanente. Tanto el derecho civil,  como el derecho canónico, han establecido la posibilidad de una disolución del vínculo por unas razones y motivos reconocidos por la ley.   

El matrimonio civil se ha mostrado más flexible a lo largo de la historia; el matrimonio canónigo, regulado por el derecho de la iglesia, se ha afianzado en el concepto de  la ‘indisolubilidad  del matrimonio rato y consumado’ (cánones 1.056 y 1.061).  El canon 1.060 establece el ‘favor del derecho’, es decir, en caso de duda se ha de estar por la  validez del matrimonio’.  

El Concilio Vaticano II (1.962-1.965) es punto de partida de varias opciones que abren la puerta a la renovación de algunas leyes que regulan el matrimonio dentro de la iglesia; entre otros éstos: 

  • El último canon del Código del Derecho Canónico  (1.752) en su nueva versión (1.983), postula la ‘salus animarum’ (la salvación de las almas) como ‘la  ley suprema de la iglesia’. 
  • La Comisión Teológica Internacional en 1.977 propuso la revisión del concepto de ‘indisolubilidad’ y de la ‘consumación del matrimonio’. 
  • Algunos juristas han solicitado que el canon 1.060 que formula el ’favor del derecho’, se cambie por el ‘favor de la persona’. 
  • Benedicto XVI propuso a la Rota Romana el ‘encuentro del derecho canónico  con la pastoral’. 
  • El Papa Francisco ha planeado como principio orientador: ‘el amor es el constitutivo esencial del consentimiento’. 
  • El viejo principio moral para los esposos que, por circunstancias especiales no pudieran prestar el servicio a la vida con la procreación, ‘deberían vivir como hermanos’, ha desaparecido de los Manuales de Teología Moral. 
  • Tradicionalmente no se tuvo en cuenta el fracaso  matrimonial de muchas parejas;  hoy es  un tema a explorar. 
  • Algunos juristas de fama mundial han sugerido que en vez de  la consumación física del matrimonio se hable de la ‘consumación existencial’, es decir, el perfeccionamiento progresivo de la vida de  pareja mediante el amor fiel, la unidad, el diálogo, la comunión interpersonal. 
  • Hoy se propone sustituir el ‘principio jurídico de la indisolubilidad’ por el ‘principio bíblico de la fidelidad’. 
  • La definición del matrimonio es otro elemento a tener presente: qué no es el matrimonio; qué sí es. 
  • El protagonismo actual de los laicos dentro de la iglesia les abre la puerta a la participación activa en la doctrina y pastoral de la pareja. 
  • El fin primario del matrimonio no es ya ‘la procreación’, sino la unidad por el ingrediente del amor. 
  • Tradicionalmente contó mucho la ‘teoría’; hoy cuenta mucho ‘la experiencia’. 

Estas diez propuestas urgen ciertamente una renovación de la doctrina de la iglesia sobre el matrimonio cristiano sin olvidar la tradición: tradición y renovación van de la mano. Algo muy significativo es el hecho de que a partir del Concilio Vaticano II toda la reflexión sobre el matrimonio se ha abierto a la familia. El Papa Juan Pablo II tomó como bandera de su pontificado el tema de la familia.  

Matrimonio y familia son dos realidades intrínsecamente unidas; el matrimonio florece y se realiza como familia. Esto implica que el amor conyugal se transforma en amor familiar. El documento de Puebla (México) hizo referencia a los ‘cuatro rostros del amor humano’: amor conyugal, amor paterno-materno, amor filial, amor fraternal.  

Si  el matrimonio hace referencia a la alianza de Dios con su pueblo, a la alianza de Cristo con la iglesia, la familia hace referencia la Sma. Trinidad, como su imagen, es la ’pequeña iglesia’, o ‘iglesia doméstica’, es la primera escuela, es la célula vital y fundamental de la sociedad.  !! Nobleza obliga!!.