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Por: P. José Silvio Botero G., C.Ss.R.

Es la mujer que me llevó en su seno durante  nueve meses con la ilusión de ver mi rostro cuando yo naciera. 

Es la mujer que me recibió en sus brazos al nacer con una dulce sonrisa y con un tierno beso. 

Es la mujer que juntaba mis manitas con la suyas para agradecer al buen Dios el regalo de la vida. 

Es la mujer que me arrullaba en sus brazos con canciones que eran música para mis oídos.  

Es la mujer que con el alimento materno dio fuerza a mi débil cuerpo. 

Es la mujer que con una sonrisa comprensiva me corrigió cuando me equivocaba. 

Es la mujer que me inculcó  la fe cristiana y la alimentó con su buen ejemplo. 

Es la mujer que me vio crecer con la esperanza de que llegaré a ser una persona humana de bien. 

Es la mujer que me dio a conocer al Dios tierno y misericordioso con los hombres.  Es la mujer que sabe darse toda entera sin reservas, sin esperar retribución.