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XVII Domingo del Tiempo Ordinario

Comentario dominical

25 de julio de 2021

Ciclo B: Jn 6, 1 – 15

Por: P. Ramiro Bustamante Trujillo, C.Ss.R.

Las lecturas de este domingo nos sitúan ante una problemática muy actual en el mundo entero: el egoísmo que no nos deja compartir.

El gesto de Cristo para saciar a aquellas personas que tenían hambre no es un mero simbolismo referido a la abundancia de los bienes  espirituales, sino que incluye, también, el realismo temporal del pan repartido a quienes lo necesitaban materialmente.

Hoy, frente a esta pandemia que estamos viviendo, es urgente una nueva multiplicación de los panes. Cristo no se contentó con hablar; unió la palabra y la acción. Así habrá de ser la proclamación del Evangelio de hoy día.

Es la oportunidad para tomar conciencia de la necesaria relación entre evangelización y desarrollo, entre fe y compromiso social.

Una comunidad cristiana que al comer la Eucaristía, pan de vida, no se sintiera urgida para una encarnación evangélica en el mundo y en las necesidades sociales que a su alrededor piden sensibilidad y apoyo, no puede considerarse perfecta. Tampoco bastan la palabra y el culto; en esto ya sobresalían los corintios, cuando Pablo les pide que pasen a la acción en favor de la comunidad pobre de Jerusalén. Cristo, siendo rico, se hizo pobre para enriquecernos a todos. Se requiere un compromiso personal y comunitario con la responsabilidad social, con la pobreza, con la paz y la justicia.

El Reino que Jesús anuncia nos ofrece plenitud y felicidad, nos ofrece vida en abundancia, hasta en los detalles más concretos como la comida.

 Un mundo de hambre y hartura. Mientras muchos viven en extrema pobreza a otros les sobra alimento y lo desperdician. La propuesta de Jesús es el pan compartido, pan para todos y en abundancia. Si somos cristianos se tendría que notar más en lo cotidiano. La Palabra de Dios hoy es una llamada a evaluar nuestros estilos de vida, nuestra conciencia, a veces insolidaria. Una llamada a ser, en medio de un mundo consumista y esclavo, testigos de la vida del reino. Un reino que está despertando en las personas; no por tener muchas cosas materiales y riquezas, sino porque viven la fraternidad y el compartir.

Jesús sabía que la solución del hambre del pueblo está en compartir. La solución no está en comprar; la solución no vendrá desde la sociedad de consumo. Se trata de organizarnos. De organizar la vida de otra manera. Una sociedad en la que a la gente le nazca compartir porque vive en comunidad. En una comunidad que siente alegría cuando comparte con el que tiene menos, donde nadie pasa hambre, donde se descubre al Mesías que Dios envió para saciar toda hambre, tanto la material como la espiritual.

Pidamos a Dios nuestro Padre que superemos nuestros comportamientos individualistas, que están tan arraigados en nuestro interior, y descubramos la alegría de compartir lo que somos, lo que sabemos y lo que soñamos. Recordemos: dividiendo con los demás, multiplicamos.

La solidaridad con las personas necesitadas, en lugar de empobrecernos, nos enriquece. Todos hemos experimentado la alegría de dar nuestro tiempo a los demás, ayudarles con nuestros conocimientos y experiencias. Nadie debería pasar hambre en esta “casa común” que nos acoge y nos brinda el pan de cada día.