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Domingo XI del Tiempo Ordinario

Comentario bíblico

13 de junio de 2021

Por: P. Luis Alberto Roballo Lozano, C.Ss.R.

Ciclo B: San Marcos 4, 26-34

Evangelio de San Marcos 4, 26-34[1]

La semilla que crece y da fruto. 26También les dijo: «El reino de Dios es como un hombre que echa una semilla en la tierra. 27Lo mismo si está dormido como si está despierto, si es de noche como si es de día, la semilla, sin que él sepa cómo, germina y crece. 28La tierra por sí misma da el fruto: primero la hierba, luego la espiga, después el grano gordo en la espiga. 29Y cuando el fruto está maduro, el hombre echa la hoz porque es el tiempo de la cosecha».

El granito de mostaza y el porqué de las parábolas (Mt 13, 31-35; Lc 13, 18-19).30También les dijo: «¿Con qué compararemos el reino de Dios o con qué parábola lo explicaremos? 31Es como un grano de mostaza, que, cuando se siembra, es la más pequeña de las semillas de la tierra; 32pero, una vez sembrada, crece y se hace la más grande entre todas las hortalizas, y echa ramas tan grandes que las aves pueden anidar a su sombra».

33Con muchas parábolas por el estilo les exponía la doctrina según ellos podían comprenderla, 34yno les hablaba sin parábolas; a sus discípulos se las explicaba a solas.

La buena semilla del Evangelio, sembrada en el mundo y sembrada en el corazón de los hombres produce efectos maravillosos y los produce sin ruido. Esa es la conclusión de muchos comentarios y predicaciones y sobre todo es el proceso que ha seguido la evangelización, incluso más allá de los vaivenes de los predicadores y evangelizadores.

El texto que reflexionamos está constituido por un par de parábolas. Un reconocido autor dice: «Las parábolas son quizá el elemento más característico de la doctrina de Jesucristo consignada en los Evangelios. En su conjunto, no obstante los retoques que experimentaron en el curso de su transmisión, presentan el sello de una personalidad bien definida. Su impacto sobre la imaginación hizo que se fijaran en la memoria y les procuró un lugar seguro en la tradición»[2].

La primera parábola es una narración muy breve y casi esquemática de la siembra de semilla y su crecimiento hasta que está lista para la cosecha cuando es cortada con una hoz. La narración está muy lejos de los procesos agroindustriales propuestos por cualquier programa de desarrollo. El agricultor de la parábola, después de sembrar la semilla, no hace nada por su germinación; duerme y se levanta y tal vez ni siquiera piensa en el grano que sembró;  ni siquiera lo mira, sino que sigue en la rutina ingenua de su vida. La tierra misma da frutos, de acuerdo con el curso habitual de naturaleza y el poder acompañante de Dios[3].

El breve comentario (vv. 33-34) nos deja una preocupación sobre la utilidad de las parábolas y marca una diferenciación entre la multitud a la que Jesús habla en parábolas por una parte y cada uno entiende de acuerdo a lo que puede escuchar. Y por otra parte los discípulos, a quienes Marcos menciona como “sus discípulos” y a quienes el Maestro les explica las parábolas en un ejercicio didáctico que recoge el Evangelio de Marcos (4, 10-24).

No hay duda de que el Evangelio y la Evangelización están abiertos a todo el mundo. Pero también es claro que Cristo establece el grupo de discípulos a quienes dedica especial atención, con quienes comparte momentos particulares de su experiencia y a quienes confía el encargo de anunciar el Evangelio, sea como un ejercicio inicial (Mc 5, 7ss) sea como encargo definitivo (id.  16, 15ss).

La clave de la solución de este texto aparentemente contradictorio estaría en el término mashal, que significa misterio, enigma, sentencia… y parábola. En nuestro caso habría que traducirlo por «misterio», y el texto debería sonar así: «…a los de fuera todo les resulta “misterioso”, para  que “mirando, miran y no ven”, de modo que se conviertan y se les perdone.

El célebre teólogo y poeta Romano Melodio subraya esa diferenciación entre los discípulos y los de fuera en un poema que canta el momento de la siega, colocada en la parusía:   «Mira, mira que llegó el tiempo de la cosecha. Las hoces del fin del mundo están agitándose bien afiladas. Sobre la tierra se extienden la polvareda de los temblores y un gran calor. Los ágiles segadores blanden sus instrumentos esperando las indicaciones del dueño del sembrado. ¿Qué vamos a hacer, alma mía? Estamos adormecidos y Él puede separarnos del trigo y atarnos en manojos para el fuego. Presentémosle nuestras lágrimas y gritos y no nos quedemos afuera, solamente gritando “ábrenos” »[4].

No es ajeno a este par de parábolas el componente ecológico (vv. 31-32) que ha sido propuesto por el Papa Francisco como una línea de su magisterio:

Las criaturas de este mundo no pueden ser consideradas un bien sin dueño: « Son tuyas, Se­ñor, que amas la vida » (Sb 11,26). Esto provoca la convicción de que, siendo creados por el mis­mo Padre, todos los seres del universo estamos unidos por lazos invisibles y conformamos una especie de familia universal, una sublime comu­nión que nos mueve a un respeto sagrado, cari­ñoso y humilde[5].

Nos hemos acercado a estas parábolas de manera un tanto desprevenida pero es de rigor plantearnos una pregunta: ¿Qué rasgos tiene la figura de Jesús como lo presenta Marcos en estas parábolas?

A pesar de su brevedad, el texto nos permite intentar una respuesta. El Jesús de Marcos no es propiamente el personaje central de una biografía en el sentido griego. A diferencia de los demás Evangelios que presentan episodios detallados de la vida de Jesús como fotografías de un álbum personal, Marcos frecuentemente presenta a Jesús a través de sus enseñanzas y de sus milagros narrados de modo desconcertante.  Jesús aparece después de presentar otros actores. En muchas ocasiones ordena a los que lo rodean guardar silencio sobre lo que ha sucedido o sobre lo que han oído (cfr. 8, 30). Esto no significa falta de protagonismo de parte de Jesús. Sin duda todo el mundo queda convencido de que Él es,  no solo un maestro,  sino que es El Maestro. Marcos no nos narra la vida de Jesús. A través de sus palabras y acciones nos permite descubrir su mensaje, sus enseñanzas y nos invita a contar quién es ese personaje y a contarnos su vida de manera siempre nueva[6].

 Buga, 5 de junio de 2021, Memoria de San Bonifacio.


[1] Texto de La Sagrada Biblia de América, (2016) Luis Roballo, etc., San Pablo, Bogotá,

[2] Charles Harold Dodd, (1974) Las parábolas del reino, Cristiandad, , 21

[3] Matthew Henry, Commentary, Tomado de Bible Works 10.

[4] Romano Melodio, Himnos, Tomo V, LI, 7

[5] Papa Francisco, Carta Encíclica Laudato Si´ sobre el cuidado de la casa común, 89

[6] Jean Noël Aletti, (2017) Gesù una vita da raccontareIl Genere letterario dei vangeli di Matteo, Marco e Luca, San Paolo – Gregorian Biblical Press, Roma – Cinisello, , cfr pp. 61 ss.