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III Domingo de Cuaresma

Comentario dominical

7 de marzo de 2021

Por: P. Óscar Darley Baez Pinto, C.Ss.R.

Ciclo B: Jn 13, 25

Una hermosa reflexión de la poetisa y nobel chilena Gabriela Mistral me trae a la memoria la escena de Jesús en el evangelio de este día, en la que saca del templo a los vendedores y negociantes de lo sagrado y devuelve al pueblo el verdadero sentido de la religión: la confianza en Dios y la caridad.

La imagen usada por esta mujer creyente es la de un Cristo yacente pero vivo, presente siempre en los más desamparados. Algunos apartados del texto dicen:

¿De qué quiere usted la imagen? Preguntó el imaginero: Tenemos santos de pino, hay imágenes de yeso, mire este Cristo yacente, madera de puro cedro…

Déjeme, pues, que le explique, lo que de verdad deseo. Yo necesito una imagen de Jesús El Galileo, que refleje su fracaso intentando un mundo nuevo, que conmueva las conciencias y cambie los pensamientos, yo no la quiero encerrada en iglesias y conventos… Yo quiero una imagen viva de un Jesús Hombre sufriendo, que ilumine a quien la mire el corazón y el cerebro…

Perdóneme si le digo, responde el imaginero, que aquí no hallará seguro la imagen del Nazareno. Vaya a buscarla en las calles entre las gentes sin techo, en hospicios y hospitales donde haya gente muriendo, en los centros de acogida en que abandonan a viejos, en el pueblo marginado, entre los niños hambrientos, en mujeres maltratadas, en personas sin empleo… ¡mejor busque entre los pobres su imagen de carne y hueso¡

Gracias Gabriela Mistral por estas sabias palabras que reflejan una espiritualidad sincera y madura, purificada de esa falsa religiosidad de querer agradar a Dios en lo externo y en lo grande, olvidando que la caridad con los pequeños es el camino del Reino. En esta misma línea, la liturgia de hoy nos habla de los 10 mandamientos, resumidos por Cristo en uno solo cuando nos dice “He venido a dar la vida en rescate por todos” (Mc 10, 45), y cuando saca del templo a todos los que han convertido en un sucio negocio el don gratuito de Dios.

Ofrezco algunas ideas para profundizar en el significado de estos signos obrados por el Señor.

  • Purificar el corazón de la falsa religión:

Jesús ve que el lugar del encuentro con Dios se ha convertido en un sitio para la compraventa de lo sagrado, donde prima la desconfianza y la ambición, y cumple un signo profético sacando el mal y expulsando a los vendedores con sus cosas. Este gesto antecede a otro, en el que Jesús habla de la oferta de su propia vida (el templo de su cuerpo) para la salvación de todos, como diciendo que la verdadera religión está en el aceptar primero su oferta redentora y en el vivir según esta gratuidad del Señor, es decir, en el dar la vida por los demás.

Entre más cultivamos el encuentro con Dios, más debemos salir de nuestro egoísmo, más debemos tomar conciencia de nuestra conversión personal y a la inversa, entre más descuidemos esta dimensión, más nuestro corazón se vuelve un sitio de cálculos egoístas, un mercado donde todo se cobra.

  • El celo por tu casa me devorará:

Tener celo por las cosas de Dios debe entenderse en sentido sano y liberador. Un celo correcto por las cosas del Padre nos debe empujar al sacrificio personal por los menos favorecidos, a aceptar la locura del morir a nosotros mismos, como Cristo y a vivir para los demás cada día, hasta el último. Un celo que no llega a ser donación y que no produce vida, simplemente se convierte en falsa religiosidad, en hipocresía e indiferencia.

  • Oración

Señor, ayúdanos a ser fervorosos en el hacer el bien, que te sirvamos en cada cosa que hagamos, que alimentemos en nuestro corazón el deseo de hacer tu voluntad y de buscar la santidad, de vivir a plenitud nuestra vida a la manera de Cristo. Líbranos de la desconfianza y de la dureza del corazón, de dormirnos en nuestra comodidad y de hacer envejecer los dones que tú nos has dado. Que seamos como aquellas luces que, mientras se consumen, dan luz a los demás. Ayúdanos a creer en el poder de tu Hijo, Jesús muerto y resucitado para nuestra salvación y a comunicar esta alegría a nuestros hermanos. Que no hagamos de este tesoro tan sagrado un mercado de egoísmo, ni que seamos un escándalo para los demás. Amén.

  • Cosas prácticas:

Esta semana trataré hablar menos y hacer más, comunicaré mi alegría a los tristes (mi pan a los hambrientos) y fortaleceré mis momentos de oración personal.

Referencias bibliográficas: