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V Domingo de Pascua

Comentario dominical

2 de mayo de 2021

Por: P. José Humberto Toro Palacio, C.Ss.R.

Ciclo B: Jn. 15, 1 -8

Los capítulos 15 al 17 son un añadido que el redactor final consideró importante dentro del gran discurso de despedida de Jesús (Cap 13 -17).

El tema del “seguimiento de Jesús” debe ser actualizado constantemente como lo hizo la comunidad del “discípulo amado” con el fin de “dar frutos” que es la insistencia en este evangelio que leemos hoy.

Porque siempre corremos el riesgo de perder de vista que nuestra vida debe mantenerse unida a Cristo, para que corra en nosotros su vida divina. Que su resurrección se haga efectiva en cada discípulo dando los frutos que él espera. Y esos frutos son un compromiso con cada persona que sufre, que está rota, que es víctima de la injusticia, que no conoce el amor… a cada uno de ellos hemos de tender nuestra mano, hemos de restaurarlo; con el amor que recibimos de Jesús.

Algunos afirman que creer en Cristo es algo personal, algo íntimo, pero sin compromiso con la práctica liberadora que Jesús llevó a cabo en su vida. Otros dicen que son “amigos” de Jesús, pero no están dispuestos a dar la vida como él. 

El mejor indicador de estar dando fruto como lo pide Jesús, es que estemos en confrontación con una sociedad injusta y estemos creando estilos de vida alternativos para todos aquellos que son víctimas del sistema opresor que despersonaliza a los hijos de Dios.

Con esta “alegoría” del labrador, la vid y los sarmientos; Jesús describe el tipo de comunidad que él quiere. En la Biblia, la vid es uno de los símbolos con los que se identifica el pueblo de Dios. El salmo 80 compara a Israel con una pequeña vid que Dios trasplanta a la tierra prometida y allí crece hasta que sus ramas llegan al Éufrates. Con ese pueblo Dios hizo una Alianza para que produjera frutos: La justicia y derecho.

El profeta Isaías (cap 5) en una canción muestra los cuidados que recibió esa viña por parte del Señor y solo produjo frutos amargos. Dios esperaba de su pueblo justicia y bondad y encontró malicia y maldad.

Al presentarse Jesús en el evangelio como la vid y su Padre como el viñador, está inaugurando el punto de partida para que todos aquellos que se unan a él, den frutos abundantes y hagan realidad el Reino de Dios en este mundo.

También se ha de tener en cuenta que esta alegoría pone en guardia sobre aquellos “sarmientos” que pretenden vivir alejados del proyecto de Dios y que terminarán secos y echados al fuego porque sin la savia que los alimenta no pueden tener vida. Es una dura advertencia, que tiene como finalidad, despertar la conciencia sobre el triste final que se corre, si no estamos injertos en la vid que es Cristo.

La vid no produce los frutos en el tronco sino en los sarmientos (ramas), es una indicación de que nuestra colaboración en el proyecto de Jesús es muy importante. Si nos alejamos de Dios no vamos a producir frutos y el proyecto de Dios se queda estéril. Nos mantendremos unidos a la vid que es Cristo, si nos amamos de verdad y con obras como nos dice hoy San Juan en la segunda lectura.

“Él corta toda rama que no da fruto, y a la que da fruto, la poda para que dé más fruto aún” (Jn 15,2). Una aplicación de esta afirmación la podemos ver en la lectura de Los Hechos de los Apóstoles, cuando vemos que Pablo, después de su conversión podría esperar que lo recibieran bien. Pero ocurre todo lo contrario, nadie se fía de él. Luego cuando comienza a predicar quieren eliminarlo y le toca huir a Tarso. Toda la vida de Pablo fue una gran poda, porque tuvo una vida llena de persecuciones y sufrimientos, pero todo esto hizo que diera mucho fruto, llegando a ser en un gran apóstol.

Una buena lección para nosotros que nos quejamos cuando las cosas salen mal y queremos vivir una vida cristiana sin ningún contratiempo.