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III Domingo de Adviento

Comentario bíblico

12 de diciembre de 2021

Ciclo C: Lc. 3, 10 – 18

Por: P. Luis Alberto Roballo Lozano, C.Ss.R.

Respuestas y anuncios del Bautista (Mt 3, 11-12; Mc 1, 7-8; Jn 1, 24-28). 10La gente le preguntaba: «¿Qué tenemos que hacer?». 11Y él contestaba: «El que tenga dos túnicas reparta con el que no tiene ninguna, y el que tiene alimentos que haga igual». 12Acudieron también unos publicanos a bautizarse, y le dijeron: «Maestro, ¿qué tenemos que hacer nosotros?». 13Y él les respondió: «No exijan nada más de lo que manda la ley». 14Le preguntaron también unos soldados: «Y ¿nosotros qué debemos hacer?». Y les contestó: «No intimiden a nadie, no denuncien falsamente y conténtense con su paga».

15Como la gente estaba expectante y se preguntaba si no sería Juan el mesías, 16Juan declaró públicamente: «Yo los bautizo con agua, pero ya viene el que es más fuerte que yo, y a quien no soy digno de desatar la correa de sus sandalias. Él los bautizará con Espíritu Santo y con fuego. 17Tiene en su mano el bieldo para aventar su parva, llevar el trigo a su granero y quemar la paja en fuego que no se apaga». 18Con estas y otras muchas exhortaciones evangelizaba al pueblo.

El pasaje evangélico que nos ocupa es precedido por una introducción inusual y solemne en que aparece el organigrama en que se mueve el mundo judíoy buena parte del mundo de ese momento. Claudio es el emperador de Roma. Poncio Pilato el gobernador de Judea, varios descendientes del viejo Herodes se reparten las diversas regiones de lo que llamamos la Tierra Santa y en Jerusalén son reconocidos como sumos sacerdotes Anás y Caifás (Lc 3, 1-2). De una manera igualmente insólita Lucas declara; “Dios habló a Juan, el hijo de Zacarías en el desierto”.

Se indican a continuación el lugar geográfico, “la región del Jordán”, la descripción de su actividad “predica un bautismo de conversión” y el objetivo de su labor “para recibir el perdón de los pecados”. Se confirma la solemne presentación con la cita del texto de Isaías, del mismo prólogo del Libro de la Consolación: «Voz que grita en el desierto: Preparen el camino del Señor, allanen sus sendas; 5que los valles se eleven,  que los montes y colinas se abajen, que los caminos tortuosos se hagan rectos y los escabrosos llanos, 6para que todos vean la salvación de Dios».

El texto está tomado de Isaías 40, 3-5 con una citación muy precisa de las palabras del profeta y con la confirmación de que Dios ha hablado por la boca de Juan. De este modo, frente a la arrogante presentación de las autoridades imperiales y religiosas, la figura de Juan es enmarcada de manera  breve y precisa y el espacio en que se destaca su figura es la del tiempo que precede la predicación de Jesús, no propiamente en los ambientes imperiales y de administración romana, como tampoco en el recinto religioso del templo y de la ciudad de Jerusalén. Juan pasa su vida en una región que se la menciona como desierto pero que está bañada por el río que motiva la invitación al bautismo, el Jordán.[1]

Seguramente fueron muchas las enseñanzas del Bautista en respuesta a la gran afluencia de gente que llegaba hasta él. Los Evangelios resumen sus enseñanzas en pocas palabras que se concentran en recibir el bautismo de conversión y preparar los caminos de alguien que está por llegar.

Lucas en el texto que nos ocupa hace una selección de tales enseñanzas qaue se convierten en un excelente código de conducta social. De este modo el pasaje hace honor al perfil que tiene su evangelio como “Evangelista de las naciones” y “Evangelio del compartir”[2]

El texto lucano de las enseñanzas del Bautista se centra en tres núcleos de destinatarios, decisivos en el equilibrio o desequilibrio de la sociedad, el pueblo en general, los publicanos encargados de recaudar los impuestos y tributos para el emperador y los militares. Todos ellos parecen agolparse en torno al que está anunciando cambios que suscitan gran espectativa.

El primer núcleo de destinatarios es la gente que en grupos y a veces en oleadas características de las grandes concentraciones y adquieren un movimiento ondulante,  en el que hay una figura y una voz que es el foco de atención. Entre los presentes seguramente algunos están recargados de ropas y bolsas que tratan de mantener seguras y hay otros más hechos al ambiente de desierto, con lo mínimo de ropa y sin pertenencias que cuidar (cfr v. 11). La enseñanza para este grupo grande anticipa las bienaventuranzas y se centra en la bondad y prontitud a compartir con los demás los elementos que dan soporte a la supervivencia, el vestido y la comida. El que tiene comida de sobra o ve que hay alguien en necesidad debe contribuir a aliviarlo e igualmente el que tiene ropa de sobra. La función de administración de lo que tenemos nos constituye en mayordomos frente a muchos hermanos en necesidad. Juan no da mensajes políticos pero indudablemente traza una política que supera las desigualdades y desequilibrios  que de modo constante han sido el gran problema de la sociedad. [3]

El segundo grupo es el de los publicanos, no tan numerosos pero bien conocidos. Eran los recaudadores de los impuestos y tributos para el Emperador, fachada tras la que se parapeta una maraña de personas, intereses y manejos y que producen los recursos que permiten la administración y servicios. Establecen un equilibrio entre gobierno y comerciantes, entre trabajadores y gente que encontramos en el primer grupo. Su oficio es cuidar de que el pueblo no defraude a sus gobernantes y para eso se presentan investidos de un poder que tiene claro impacto. El poder del dinero no se discute (cfr v. 13).  Pero todos saben del peligro de la corrupción. Tampoco se discute la obligación de pagar impuestos porque “le pertenecen al César”. Pero los recaudadores deben ser equitativos en las tarifas y no abusar, cobrando más de lo debido, para satisfacer la avaricia como particulares, o empleando maniobras fraudulentas. Lucas narrará de modo atento la vocación de Leví que de cobrador de impuestos se convierte en discípulo de Jesús con gran simpatía de sus compañeros (cfr Lc 5, 27-32).

El tercer grupo es el de los soldados.[4] Algunos píensan que estos soldados eran de la nación y religión judía. Es más probable que fueran romanos llegados en los desplazamientos militares de las legiones imperiales. Los judíos no se sentían dispuestos a prestar ese servicio por razones culturales y los romanos desconfiaban de los judíos debido a la falta de confianza de los oficiales para esperar su fidelidad al imperio por encima de su pueblo. Es ya muy frecuente la mención de una vida más allá de la muerte y los soldados están expuestos o a perder su vida o a actuar contra la vida de los demás. La disciplina militar no suprime el campo de los valores opuestos a la iniquidad. Las indicaciones que el Bautista les marca apuntan al respeto de las personas, a evitar los abusos propios de las acciones militares en caso de violencia o la presencia de soldados entre la población civil y al manejo de influencias para obtener ventajas económicas o escalafones militares. Lucas emplea una palabra que aparece en el texto griego del Antiguo Testamento y que más que “intimidar” significa “oprimir” o “manipular” en referencia a la población civil e incluso referida a conductas indebidas para con los superiores militares. En síntesis, el Bautista no pide deponer las armas o cambiar la estructura de la vida militar sino vivir el servicio de soldado con respeto a las personas, el cuidado para no abusar de la fuerza y no aprovecharse de la condición de quien está armado para manipular a quienes debe defender o a los superiores a quienes debe obedecer. No es insólito el caso de militares en la Historia Bíblica y expresamente en el Nuevo Testamento donde aparecen muchas veces. El Evangelio de Juan reserva lugar especial al oficial de Cafarnaún cuya fe  alaba el mismo Jesús (Jn 4, 46-53), Y Marcos coloca una profesión de fe en boca del oficial que ha visto morir a quien confiesa “Hijo de Dios” (Mc 15, 39). [5]

Juan el Bautista encarna la figura de quien anuncia y prepara los caminos al Mesías y predica el bautismo de conversión. Su mensaje es válido para las multitudes que buscan ser más humanas y fraternas, para las administraciones invitadas a actuar con equidad y evitando la omnipresente tentación de la corrupción y se dirige a quienes tienen el encargo de mantener el orden social respetando las personas y sus vidas y usando la fuerza no para la manipulación sino para establecer la paz.

Buga, 7 de diciembre de 2021, a los 21 años de la Aprobación de la Fundación Universitaria San Alfonso.


[1] Simón Sebag Montefiore, Jerusalén. La Biografía, traducción de Rosa María Salleras Puig, Editorial Crítica S.I., Barcelona, 2011, cfr. Capítulo II, pp. 139 ss.

[2] Alberto De Mingo Kaminouchi, La Biblia de principio a fin, Ediciones Sígueme, Salamanca, 2019, p. 293. 301

[3] Matthew Henry, Commentary, Tomado de Bible Works 10

[4] Lectio Divina per la Vita Quotidiana, a cura di Giorgio Zevini e Pier Giordano Cabra, Vol. 10, Il Vangelo di Luca, Editrice Queriniana, Brescia, 2009, p. 59

[5] En el análisis filológico fueron empleados ZERWICK, M., S.J.,-GROSVENOR M. A Grammatical Analysis of the Greek New Testament, GBP, Roma, 2010  y BibleWorks, version 10, Software for Biblical Exegesis and Research, Norfolk, VA.