image_pdfimage_print

XV Domingo del Tiempo Ordinario

Comentario social

11 de julio de 2021

Ciclo B: Mc 6, 7-13

Por: P. Edward Julián Chacón Díaz, C.Ss.R

“Caminar a solas es posible pero solo el buen andariego sabe que el camino de la vida requiere compañeros… Cuando sueño solo es nada mas que un sueño, cuando soñamos juntos es el comienzo de una realidad”

(Monseñor Helder Cámara)

Las lecturas de este XV domingo del tiempo ordinario nos recuerdan nuestro llamado a predicar la Buena Nueva de Jesús dando testimonio del amor, la misericordia y la salvación de Dios. La primera lectura (Cfr. Am.7, 12-1) presentan a los profetas como hombres y mujeres inspirados, que recibe una palabra de Dios para transmitirla al pueblo y a sus dirigentes respecto a una cuestión que siempre tiene que ver con la justicia social y la fidelidad a Dios (ambas cosas son inseparables). Se trata de alguien con una misión en relación a una situación concreta de su tiempo. El Papa Francisco en una homilía del 17 de abril de 2018, describe el perfil del profeta:

“La Iglesia necesita que todos seamos profetas, es decir, hombres de esperanza, siempre directos» y nunca débiles, capaces de decir al pueblo «palabras fuertes cuando hay que decirlas y de llorar juntos si es necesario”.

La experiencia de la profecía del Antiguo Testamento, es continuada en la misión apostólica de la Iglesia, que anuncia la esperanza y la transformación de un mundo herido por el pecado en una nueva creación sellada por la gracia y la misericordia de Dios como expone la carta a los Efesios (1, 3-14). En consecuencia, es inseparable la relación anuncio-llamado-vida-testimonio. Nos resulta entonces elocuente una cita del papa San Pablo VI cuando afirma: “el hombre contemporáneo escucha más al que da testimonio que al que enseña y si escucha al que enseña es porque da testimonio” (EN, 42).

La Iglesia latinoamericana durante su historia ha tenido “profetas de la esperanza” que han entregado incluso su vida en su apostolado. A ejemplo de los apóstoles enviados por Jesús (Cfr. Mc. 6, 7-13), se han identificado con su mensaje liberador, ligeros de equipaje, con un corazón compasivo por los marginados, pero con palabras de denuncia contra los opresores. En medio de las injusticias que hoy padecen tantos hombres y mujeres, ¿Cómo anunciarla solos? El primer anuncio es la solidaridad del que camina al lado de otro, sencillo y pobre, compartiendo lo poco que tiene.  

Sin duda, el objetivo de la “Misión” es que el Evangelio logre la transformación del hombre y, por lo tanto, de la sociedad, para vencer todo lo que amenaza al hombre desde afuera y no le permite ser plenamente humano y feliz. Si los apóstoles van de dos en dos, es para que sea la comunidad, donde se escuche y proclame este anuncio de salvación. La pobreza acompaña a los enviados para que sea el mensaje y la obra a realizar, predicar la conversión y expulsar demonios, su única riqueza. Las instrucciones que da Jesús, son para que el talante del apóstol concuerde con el mensaje a anunciar. El bastón y las sandalias, indican que Cristo los quiere auténticos misioneros, sin nada más, confiados a los pueblos que los acojan.

Por último, San Marcos, quiere hacer resaltar la absoluta confianza en la providencia del Padre y la pobreza de la misión, que redunda en que las gentes vean la carencia de un interés particular, y que vean en su mensaje la cercanía del Dios de la gracia. La Iglesia hoy continúa la misión de llamar a la conversión al hombre de todo aquello que lo aleja de Dios, ofende a su prójimo y no lo hace plenamente ser humano. Son muchos los signos de división que amenazan la vida del ser humano hoy, Jesús quiere liberarnos de todos ellos, se necesita fe y conversión al Evangelio que nos predicó y nos predica la comunidad eclesial cuando nos reunimos en la asamblea eucarística dominical.