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VIII Domingo del Tiempo Ordinario

Comentario dominical

27 de febrero de 2022

Ciclo CLc. 6, 39 – 45

Por: P.Óscar David Tarazona Trujillo, C.Ss.R.

En esta época de alternativas y diversidad política, se hace necesario apelar a la escucha  dinámica de los discursos y contenidos que son emanados por quienes aspiran a cargos en función de un liderazgo y un servicio. Los impulsos emotivos que llevan a la elección deberían ir acompañados por esa recomendación hecha en el libro de Sirácida, en cuanto que las palabras revelan los corazones de las personas o como se encuentra en otro texto bíblico: De la abundancia del corazón habla la boca. Mt 12,34.

No obstante, hay que prestar especial atención en la medida que los expertos de la demagogia saben falsear la conexión razón-boca –corazón.

Por otra parte, el salmo nos invita a acoger la virtud propia de quien se ha sentido amado y es la gratitud, es bueno dar gracias al señor por tantas bendiciones que a lo largo de la existencia regala a cada uno de nosotros. En medio de los avatares de la vida si se tuviese que colocar en una balanza los momentos adversos vs los momentos de bendición, podríamos decir que sobrepasan más los momentos de bendición porque siendo tan humanos está la presencia del Dios justo y misericordioso recordado por el salmo.

Siguiendo con la propuesta de la liturgia, la carta de San Pablo a los Corintios nos recuerda el destino prefinal y final de todo aquel que ha hecho opción de seguimiento en Jesucristo. Respecto al prefinal está la hermana muerte que nos espera y siempre nos está recordando que apegos, vanidades, orgullos, lujos, esquemas mentales y otros tantos condicionamientos humanos, son finitos y pasajeros puesto que ella misma nos despoja y prepara para otro paso definitivo con Dios. Respecto al destino final se considera la victoria como lo llama Pablo y como en todo deseo por alcanzar grados de satisfacción se debe pasar por la lógica del esfuerzo, todos nosotros desde el lugar que Dios nos ha dado debemos entregarnos sin reservas, de manera generosa en la familia, el trabajo, el estudio, la comunidad religiosa, el voluntariado, etc.

Decía el músico argentino Atahualpa Yupanqui: “No le tengo miedo a la muerte, a lo que sí le tengo miedo es al trance, el ir hacía allá. Confieso que tengo curiosidad por saber de qué se trata.” ¿Y si resinificáramos nuestro sentido cristiano y cambiáramos la palabra miedo por alegría, gozo, esperanza, etc. No sería un buen ejercicio preparatorio para cuando llegue tal momento?

Siguiendo con el Evangelio, el examen de conciencia que allí se contiene a manera de ejemplificación es muy útil para la vida del cristiano:

  • ¿Seremos ciegos para ayudar a guiar a otros?: Todo acto de bondad y generosidad requiere de unos mínimos que se colocan en perspectiva de quien acogemos como prójimo. La ayuda se convierte en efectiva en cuanto que está dada por la visibilidad que tengamos, no olvidemos que la amplia visión espiritual es ganancia en función y servicio de quien en el mismo campo se siente limitado.
  • ¿Qué preocupa más, mis vigas o la astilla en el ojo ajeno?: Similar al punto anterior, el querer optar por el bienestar ajeno, exige un reconocimiento muy sincero de todo lo que sucede a nivel personal. Creemos  en ocasiones tener autoridad moral muy superior y facultada para decirle al otro  cómo debe ser, qué tiene qué decir o callar, cómo pensar, etc. Y en tanto pensar en los otros se nos olvida pasar por la aplicación de esos mismos imperativos por la existencia propia. Un refrán que nos ayuda a repensar este punto es aquel que aprendimos de niños: “Un burro hablando de orejas.”
  • ¿Arboles buenos?: Por último, es necesario pasar por el interrogante respecto a nuestros frutos como seguidores de Jesús. Pueden ser muchos que van por la misma línea: el amor, la paz, la comprensión, la tolerancia, la sinceridad, el respeto, etc. Si muchos de ellos o ninguno de ellos hacen parte de nuestras expresiones en la cotidianidad y no aparecen por ningún lado, será necesario pedirle a Dios fuerza de voluntad para aplicar los productos agrícolas de la espiritualidad para ser buenos arboles: Oración como abono, fuerza sacramental como agua, arrepentimiento y conversión como poda, obras de caridad como nutrientes y así sucesivamente.

Dios les siga acompañando. Una feliz y bendecida semana.