III Domingo del Tiempo Ordinario
Comentario social
23 de enero de 2022
Ciclo C: Lc. 1, 1-4. 4, 14 – 21
Por: P. Pedro Pablo Zamora Andrade, C.Ss.R.
Introducción
El texto del Evangelio de este domingo es un testimonio único, es decir, solamente aparece en el evangelio de san Lucas. Es verdad que los otros evangelios sinópticos afirman que el Señor Jesús solía ir los sábados a la sinagoga y «enseñaba» en ese lugar (Mt 13,54; Mc 6,2); sin embargo, nunca nos refieren qué era lo que enseñaba. Solamente nos comentan la reacción de extrañeza de la gente ante su enseñanza: «¿De dónde le viene esto? y ¿qué sabiduría es esta que le ha sido dada?» (Mc 6,2; Mt 13,54-56).
Nosotros hemos titulado esta reflexión: «El programa del Señor Jesús», porque estamos convencidos que ese es el objetivo central del texto que hoy nos ocupa. Lucas quiere presentarnos, al comenzar su evangelio, a qué se va a dedicar su protagonista durante su vida pública. El Señor Jesús es el Mesías/Cristo de Dios, el ungido («Él [Dios Padre] me ungió» y actuará bajo la acción del Espíritu Santo («El Espíritu del Señor está sobre mí»). Su tarea misionera o pastoral consistirá en devolverle los derechos y la dignidad perdida a los marginados por la sociedad (los pobres) y por la religión (los pecadores). Con él se inicia «un año de gracia», un nuevo jubileo. Recordemos que el jubileo judío se celebraba cada 50 años y, con motivo de esa celebración, se perdonaban las deudas y las propiedades retornaban a las familias. Así mismo, no se sembraba ni cosechaba, para permitir que la tierra descansara (Lv 25,8-22).
Dos posibles lecturas del texto
Ahora bien, el relato lucano de este domingo lo podemos leer de dos maneras: 1) con una mirada crítica y, 2) historizando el hecho. En los dos casos, el mensaje permanecerá siendo el mismo; sin embargo, será distinta nuestra percepción de los hechos. Veamos:
1. Con una mirada crítica. Los expertos nos dicen que es una elaboración teológica de la comunidad cristiana de Lucas. Contiene, muy posiblemente, algunos elementos históricos. Como, por ejemplo: que el Señor Jesús iba los sábados a la sinagoga con el resto de sus vecinos judíos o que, en alguna oportunidad, el rabino de la sinagoga le permitió leer y comentar algún texto del Antiguo Testamento, dada su popularidad en medio de sus paisanos.
Que el Señor Jesús se encontró, por casualidad, con el texto del profeta Isaías (61,1-2), lo leyó y lo comentó, es posible. Sin embargo, no parece que sea el caso en esta oportunidad. El parecer de los expertos es que el texto fue escogido con mucho cuidado por la comunidad cristiana de Lucas para «enmarcar» la vida pública del Maestro. Así como se escogieron los textos referentes al Siervo sufriente (Is 42,1-9; 49,1-6; 50,4-11; 52,13-15; 53,1-12) y se los aplicaron al Señor Jesús en su pasión, algo similar sucedió con el texto que estamos comentando. No nos olvidemos que los evangelios, sin ninguna excepción, fueron escritos varias décadas después de sucedidos los hechos. Quienes escribieron los evangelios, ya conocían los pormenores de todo lo que sucedió con Jesús de Nazaret, a quienes ellos ya confesaban como Señor y Salvador.
Según la comunidad cristiana de Lucas, el Señor Jesús cumplió con todas las exigencias presentes en el texto del profeta Isaías (61,1-2): ungido por Dios Padre, guiado por el Espíritu Santo y enviado de manera preferencial para preocuparse de los pobres y pecadores.
2. Historizando el hecho. En este caso, la lectura sería así: Lucas describe con todo detalle lo que hizo el Señor Jesús en la sinagoga de su pueblo: se puso de pie, recibió el rollo del profeta Isaías, buscó él mismo el pasaje que quería leer y comentar, lo devolvió y se sentó. Todos los asistentes se dispusieron a escuchar con atención el comentario al texto escogido por el Profeta de Nazaret, pues contenía la misión a la que él se sentía enviado por Dios.
La primera sorpresa vino de la introducción a su discurso: «Hoy, en presencia de ustedes, se ha cumplido este pasaje de la Escritura» (Lc 4,21). ¿Cómo es posible que eso suceda? Un texto no se cumple cuando alguien lo lee. Así mismo, un propósito o un proyecto no se hace realidad cuando alguien lo dice verbalmente o lo expone en una reunión de grupo. A todo eso hay que ponerle «dientes» para que se haga realidad. De lo contrario, caerá en el vacío y se perderá en el olvido.
Según la primera perspectiva, podríamos leer el texto así: «El Señor Jesús llevó a cabo lo dicho por el profeta Isaías en ese texto. Él lo cumplió». Según la segunda perspectiva, lo podríamos traducir así: «Hoy, en presencia de ustedes, se ha cumplido este pasaje de la Escritura, porque yo me comprometo llevarlo a cabo». Lo que cambia es el tiempo. En la primera perspectiva es pasado; en la segunda, es futuro. ¿Cuál de las dos es la correcta? Depende de la perspectiva en la que nos ubiquemos. Siguiendo la forma como se escribieron los evangelios, a nosotros nos parece que la más plausible es la primera.
A modo de síntesis o conclusión
Nuestra misión en el mundo, como cristianos y como Iglesia, tiene que parecerse a la del Señor Jesús. En el bautismo fuimos ungidos con el óleo santo para ser sus hijos adoptivos y discípulos de Jesús de Nazaret, nuestro Señor y Maestro. Como cristianos y como Iglesia, debemos continuar la obra iniciada por la enseñanza y el estilo de vida del Señor Jesús. Es una tarea que debemos realizar guiados por el Espíritu Santo.
Continuar con la construcción del Reino de Dios implica, entre otras cosas, hacer una «opción preferencial» (DP 1134-1165) por los marginados por la sociedad (los pobres) y por la religión (los pecadores). Sin esa «opción preferencial» seremos cualquier cosa, menos los discípulos y la Iglesia del Profeta de Nazaret. Los discípulos verdaderos y la Iglesia verdadera son los que más se parecen al Señor Jesús en su enseñanza y en su estilo de vida.
Que el evangelio de este domingo nos recuerde una vez más cuál fue la misión del Señor Jesús, cuáles son los predilectos de Dios Padre y, en esa misma dirección, cuál debe ser la misión de la Iglesia, quiénes deben ser sus preferidos y cuál debe ser nuestra labor pastoral y social para con ellos. Que así sea.


