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XVI Domingo del Tiempo Ordinario Solemnidad del Santísimo Redentor

Comentario dominical

18 de julio de 2021

Ciclo B: Mc 6, 30 – 34

Por: P. José Samuel Torres Tangua, C.Ss.R

En este domingo, 18 de Julio, los Misioneros Redentoristas celebramos la solemnidad del Santísimo Redentor. Él es el titular de la Congregación fundada para evangelizar a los más abandonados. Él es la inspiración de nuestra vida consagrada y misionera. Tras las huellas del Redentor, como misioneros, buscamos ser sus testigos. Nuestras constituciones cuando hablan del Redentor utilizan un verbo dinámico: seguir. El fin de la Comunidad, dicen “es seguir el ejemplo de Jesucristo Salvador” (Const. 1).

San Alfonso, cuando fundó a los misioneros en el año 1732 los llamó misioneros del Santísimo Salvador. Cuando la Santa Sede aprobó la Congregación en el año de1749, al existir otra comunidad con ese nombre, los llamó del Santísimo Redentor. Además, en el escudo de la Comunidad figura un verso del salmo 129: en Él es abundante la Redención = Copiosa apud Eum redemptio.

En el Redentor se fundamenta toda la esperanza del cristiano. Nuestro fundador en sus escritos insistía continuamente en el seguimiento de Jesucristo. El seguimiento conlleva una vida de total entrega a Dios. Y, al mismo tiempo, significa acompañarlo en su camino y compartir su destino. Lo que conlleva cargar la cruz como Cristo. Son elocuentes las palabras del santo napolitano cuando escribe. “Alma mía, abraza la cruz por amor a Jesús, que por mi amor tuvo que sufrir tanto. Mira cómo Él asume la cruz y nos invita a seguirle con la nuestra” (Consideraciones y afectos sobre la Pasión, Obras Ascéticas V, 166). Los misioneros siguen a Cristo en su vida comunitaria y misionera.

Las lecturas de esta solemnidad nos permiten ahondar este misterio de la Salvación. El profeta Isaías se refiere a la eficacia de la Palabra de Dios. De una manera relacional la palabra sale de Dios y regresa a Él después de fecundar el corazón del ser humano. Como también al aceptar su palabra de sellar la alianza nueva y eterna que implica siempre una misión. Al recordar las promesas davídicas, el profeta tiene la intuición de que esta alianza no involucra a una familia sino a todo un pueblo. Esta nueva realidad conlleva la misión ser luz de otras naciones, atraer hacia Él a los demás pueblos. Al mismo tiempo, el profeta enfatiza en la necesidad vital de todos los tiempos: busquen al Señor.

En la segunda lectura, San Pablo expone en su carta a los Romanos a manera de alcanzar la liberación del pecado. Una realidad que afecta todo ser humano. El apóstol utiliza la comparación en la que contrasta a Adán y Cristo. La referencia al primer hombre no es casual. Adán representa la humanidad eslavizada por el mal y sobre él recae la responsabilidad de introducir en el mundo el pecado, dejando esa trágica herencia a todos sus descendientes; “por un hombre entró en pecado del mundo”. Es una herencia que confronta a todo ser humano ante la propia realidad del mal. La argumentación del apóstol enfatiza la misión redentora de Cristo: Él es la Buena Nueva de la salvación. Pablo nos invita a dejarnos seducir por Cristo.

El evangelio de Juan está en consonancia con la Solemnidad. ¿Cuál es el cometido del Redentor en la vida humana? San Alfonso escribe en su libro La Práctica del Amor a Jesucristo: “Toda la santidad y perfección del alma consiste en amar a Jesucristo, Dios nuestro, sumo Bien y Salvador”.

Los verbos que aparecen en el Evangelio señalan el sendero: Subir y bajar, es decir, experimentar lasrealidades divina y humana. El Redentor, después de su resurrección, subió al cielo. Señala la meta última, la esperanza que germina constantemente en el corazón del creyente. Dar y creer. La oferta del Padre es gratuita. Él se da en plenitud en su Hijo. Acoger este regalo del Padre es todo un desafío para el creyente. Jesucristo Redentor nos atrae constantemente y nos invita a su seguimiento. Perecer y salvar. ¿Qué sería de nuestra vida sin la presencia de Jesús? Tener su experiencia es seguir tras sus huellas y obtener la posibilidad de vivir con Él eternamente.