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II Domingo de Cuaresma

Comentario bíblico

13 de marzo de 2022

Ciclo CLc 9, 28b-36

Por: P. Luis Alberto Roballo Lozano, C.Ss.R.

Evangelio de San Lucas 9, 28-36[1]

28Unos ocho días después Jesús tomó consigo a Pedro, a Juan y Santiago y los llevó al monte a orar. 29Mientras él oraba, cambió el aspecto de su rostro y sus vestidos se volvieron de una blancura resplandeciente. 30Dos hombres, de improviso, se pusieron a hablar con él. Eran Moisés y Elías, 31que aparecieron con un resplandor glorioso y hablaban con él de su muerte, que iba a tener lugar en Jerusalén. 32Pedro y sus compañeros estaban cargados de sueño, pero lograron mantenerse despiertos y vieron la gloria de Jesús y a los dos hombres que estaban con él. 33Cuando estos se alejaban de Jesús, Pedro dijo: «Maestro, ¡qué bien se está aquí! Hagamos tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías». No sabía lo que decía. 34Mientras él estaba diciendo esto, vino una nube y los cubrió. Al entrar en la nube, los discípulos se asustaron. 35Y una voz desde la nube dijo: «Este es mi hijo, el elegido, escúchenlo». 36Tan pronto como cesó la voz, Jesús se quedó solo. Los discípulos guardaron silencio, y a nadie contaron por entonces lo que habían visto.

En los tres sinópticos, la confesión de Pedro y el relato de la transfiguración  de Jesús están conectados por una indicación temporal. Mateo y Marcos dicen: “Seis días después, tomó Jesús consigo a Pedro, a Santiago y a Juan” (Mt 17,1; Mc 9,2) Lucas escribe “28Unos ocho días después Jesús tomó consigo a Pedro, a Juan y Santiago y los llevó al monte a orar”.[2]

Lucas, a diferencia de Mateo (manifestación de Jesús como nuevo Moisés) y de Marcos (epifanía de Jesús oculto), tiene sus características: el episodio ocurre cuando Cristo se encuentra en oración (v. 28); el tema de la conversación con Moisés y Elías es «su muerte», que tendría lugar en Jerusalén. Y la indicación «cargados de sueño» (v. 32) en referencia a Pedro y sus compañeros evoca 22, 45. Lucas es explícito en relacionar la transfiguración de Jesús con su muerte en Jerusalén[3]

La oración se prolonga durante la noche, según algunos autores en la noche del séptimo día para amanecer en el día octavo. Jesús dedica la noche a orar, como era su costumbre y esto explica el sueño de los discípulos. Y nos hace comprender el poder trasformante de la oración pues la transfiguración sucede durante la oración de Jesús.[4]

Otra diferencia con los sinópticos es que Lucas no utiliza la palabra “se transfiguró” (metamorphothe) sino “cambió el aspecto de su rostro y sus vestidos se volvieron de una blancura resplandeciente”. La razón de este cambio lingüístico obedece a que en la mitología pagana era frecuente el fenómeno de la transfiguración y la narración lucana considera que Jesús presenta un cambio que se explica, no por fenómenos mágicos o esquemas mitológicos sino por revelación del poder histórico de Dios presente en las figuras de Moisés y Elías, en el misterio de la pascua de Cristo y la manifestación de la luz y palabra de Dios como Padre que está presente y es garante del poder del Redentor. [5]

Los personajes que hablan con Jesús resplandeciente, también pertenecen a la esfera divina y son ampliamente conocidos tanto en el ámbito institucional como en el profético del Antiguo Testamento. Son dos figuras centrales de la tradición judía. La escena hace llegar al lector el  momento de la transformación de Jesús y su proclamación como el hijo elegido de Dios por su Padre. Si Moisés y Elías han sido escuchados, en adelante escucharemos la voz y gozaremos de la magnificencia de Jesús. La escena se proyecta hacia los próximos acontecimientos.  Lucas presentará a Jesús hablando de Moisés y Elías a los discípulos de Emaús, desde los acontecimientos sucedidos en la Pascua y presentando sus palabras como anuncios del misterio central que acaba de suceder en Jerusalén (Lc 24, 27).[6]

El sueño y las palabras de Pedro, el mismo de la confesión mesiánica pocos versículos atrás, tiene varios sentidos. Por una parte indica la falta de costumbre para pasar la noche en oración aunque Pedro sabe pasar las noches trabajando (Lc 5,5). Por otra los discípulos están fascinados de lo que está pasando y hacen referencia a la estadía del pueblo de Israel en el desierto, habitando en tiendas y experimentando la cercanía de Dios.[7]  La revelación del misterio de Jesús seguirá adelante y las palabras de Pedro serán expresión de su entusiasmo pero también de su ingenuidad y terminará en un prudente silencio sobre lo sucedido.

 La nube que envuelve a Jesús y los discípulos es la expresión de la teofanía. En la consagración del tabernáculo (Ex 40, 34-35) la nube será la señal de la presencia de Dios y lo seguirá siendo durante la marcha por el desierto. A este fenómeno envolvente que produce miedo a los discípulos acompaña la voz que se escucha, que presenta al hijo no ya como amado y predilecto como en el bautismo (Lc 3, 22) sino como el “elegido”. El título es conocido en la presentación del Siervo de los Cantos de Isaías (cfr. Is 42, 1), figura que tomarán los mismos evangelios para elaborar los relatos de la Pasión de Cristo. La exhortación a “escuchar al elegido” es también característica del Siervo en los Cantos de Isaías (Is 50, 10).[8]

 Lucas nos presenta en su relato una experiencia de Jesús durante la oración, vincula a los discípulos y especialmente a Pedro, quien ha manifestado la condición de Mesías de Jesús; vincula a Moisés y Elías que son testigos de la historia institucional y carismática de salvación del pueblo judío y deja en claro que no se trata de un truco mágico ni de un mito; orienta el sentido de la manifestación luminosa hacia los acontecimientos que sucederán en Jerusalén durante la Pascua de Jesús y se convertirá en una experiencia de la presencia y voz de Dios señalando en Jesús como el que nos da el mensaje divino y a quien debemos escuchar.


[1] Texto de La Sagrada Biblia de América, (2016) Luis Roballo, etc., San Pablo, Bogotá.

[2] Joseph Ratzinger-Benedicto XVI, Jesús de Nazaret, La Figura y el Mensaje, o.c.pp. 343 ss

[3] Texto de La Sagrada Biblia de América, (2016) Luis Roballo o.c., comentario enedición de estudio

[4] Matthew Henry. Commentary. Tomado de BibleWorks 10.

[5] Matthew Henry. Commentary. o.c.

[6] El Papa Juan Pablo II instituyó los Misterios luminosos en el rezo del rosario, con la carta apóstólica Rosarium Virginis Mariae del 16 de octubre de 2002. La transfiguración es el cuarto misterio y esta la propuesta sobre el modo de rezarlo: «Seis días después, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y los llevó aparte, a un monte alto. Y se transfiguró delante de ellos: su rostro se puso brillante como el sol y sus vestidos se volvieron blancos como la luz» (Mt 17, 1-2). «Por un instante, Jesús muestra su gloria divina, confirmando así la confesión de Pedro. Muestra también que para “entrar en su gloria” (Lc 24, 26), es necesario pasar por la Cruz en Jerusalén» (CIC, 555).  

[7] Rainer Dillmann – César A. Mora Paz,  Comentario al Evangelio de Lucas,  Evangelio y Cultura, 2, Ed. Verbo Divino, Estella, 2006,  p. 257.

[8] Maximilian Zerwick, S.J. & Mary Grosvenor (2010). A Grammatical Analysis of the Greek New Testament. Gregorian     & Biblical Press (GBP), Roma. Y BibleWorks 10, Software for Biblical Exegesis and Research, Norfolk, Virginia.