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Solemnidad del Corpus Christi

Comentario bíblico

6 de junio de 2021

Ciclo B: Mc. 14, 12-16.22-26

Por: P. Luis Carlos Jaime Murillo, C.Ss.R.

La liturgia de la Iglesia Universal nos presenta la solemnidad del Cuerpo y la Sangre del Señor, o Corpus Christi. El texto que se nos propone para esta fiesta está tomado del evangelista Marcos en el que se narra la Institución de la Eucaristía.

En la presente reflexión propongo a los lectores tres contextos que ayudarán a la comprensión y meditación del texto.

  1. Contexto literario

En una manera muy particular de narrar el evangelista Marcos, especialmente en esta quinta parte del evangelio, muestra el suspenso y la intriga entre los protagonistas de la narrativa. Inicialmente está descrito el plan de Judas quien busca a los sumos sacerdotes y ofrece entregarlo y estos a la vez le ofrecen dinero y buscan el “momento oportuno para entregarlo. Como epílogo de este episodio está la predicción de las negaciones de Pedro: Jesús fue traicionado y negado por dos de sus apóstoles.

  • 14, 10-11. Traición de Judas

El relato de la institución de la Eucaristía está precedido de la escena en la cual Judas va donde los sumos sacerdotes y decide entregar a Jesús y ellos le ofrecen dinero. El evangelista Marcos no menciona la cantidad dinero ofrecido a Judas por la entrega de Jesús.

  • 14, 12-16. Los preparativos

El relato propiamente dicho, que propone la liturgia para la meditación de este domingo, comienza con los preparativos que realizan los discípulos para la Cena Pascual. Los preparativos eran minuciosos: comprar el cordero, sacrificarlo en el templo hacia el mediodía y asarlo; además tendría que comprar el vino, los panes ázimos, las hierbas amargas, el “jaroset”; y, por último, disponer la sala, aunque estuviese ya preparada, según era costumbre en Jerusalén para recibir a los peregrinos, pues sólo dentro del recinto de la ciudad podía comerse el cordero. También era obligatorio tomar un baño ritual (Cf1″ Jn 11,55) y, antes que nada, tenían que subir a Jerusalén, distante unos tres kilómetros de Betania.

  • 14, 17-21. Anuncio de la traición de Judas

Se interrumpe el relato de la institución de la Eucaristía con el anuncio de la traición de Judas (17-21). Este episodio le da mayor dramatismo al relato de la institución de la Eucaristía: Un amigo de Jesús lo entrega a sus adversarios. Las palabras que pronuncia Jesús, muestran su angustia por lo que está sucediendo e introducen el relato de la Institución de la Eucaristía.

  • 14, 22-26. Institución de la Eucaristía

Estos versículos son el corazón del relato que nos presenta esta liturgia dominical. La fuerza del relato de la institución de la Eucaristía está en los verbos tomar, bendecir partir, dar, pasar, beber, cuando se hace referencia a las acciones realizadas por Jesús, tanto al pan, como al vino. La introducción a la narrativa de este episodio ubica la institución de la Eucaristía en un contexto de comida: “mientras estaban comiendo” (14,22). Cada una de las palabras que aparecen le dan dramatismo a lo que Jesús está haciendo los apóstoles. Tomar, bendecir, partir, son términos técnicos de la oración judía sobre la mesa. Una conocida bendición de la mesa dice: “bendito eres tú, Señor, nuestro Dios, Rey del mundo que haces brotar pan de la tierra”.

  • 14, 26. El cierre de la escena

El canto de un himno cuadra con la comida pascual, pero, también, con la celebración Eucarística. Dado que se presupone tenemos que pensar en el Hallel (recitación de los salmos 114 o 115-118 que tenía lugar al final de la celebración).

  • 14,27-31. Predicción de las negaciones de Pedro

No solamente uno de los doce lo entrega, sino que uno de los apóstoles más cercanos al Maestro lo va a negar. La composición de está impregnada de suspenso: Jesús les habla de manera clara a quienes cenan con Él, pero ellos no pueden entender nada.

2. Contexto teológico

Los primeros cristianos recordaron y luego celebraron este acontecimiento de la vida de Jesús y muestran cómo a partir de ese momento se convierte la celebración de la Eucaristía en un signo diferenciador y aglutinador de quienes había aceptado la fe en Jesús. En el libro de los Hechos de los Apóstoles nos narra cómo la celebración de la Fracción del pan se convirtió en un elemento importante en la vida de quienes aceptaron la fe en el Resucitado. (Hch 2, 42)

Los lectores del evangelio de Marcos encuentran que la pasión de Jesús se abre con unos episodios dramáticos que hacen que este acontecimiento se oriente hacia la cruz y la resurrección. Con la Cena pascual se cierra la serie de comidas que Jesús celebró con pecadores y con el pueblo e introduce a los discípulos en el contexto de la pasión.

En el evangelio según san Marcos los doce son quienes tienen las prerrogativas de concelebrar por primera vez la Cena del Señor. Con ellos se pone el cimiento a lo que continuará y se establece el recuerdo retrospectivo de aquella primera celebración y como patriarcas de la Nueva Alianza, la han trasmitido. Para el evangelista, el aspecto universal podría haber sido más importante que la idea de expiación. Jesús murió por los pueblos a los que se debe llevar ahora el evangelio. Celebrar la cena Pascual tiene una dimensión incluyente: “esta es mi sangre que es derramada por muchos” (Mc 14,24)

3. Contexto vivencial

Cada vez que participamos em la celebración de la Eucaristía, al momento de recibir la comunión, escuchamos por parte del celebrante o de uno de los ministros de la Eucaristía la frase “El cuerpo de Cristo” y respondemos “Amén”. El Amén es una forma sencilla de aceptar que aquello que estamos recibiendo es el mismo Cuerpo de quien entregó su vida por muchos.

Lo que vemos y lo que gustamos, es un pequeño trozo de pan muy distinto al que usualmente comemos, pero se nos dice que es el Cuerpo de Cristo y así lo entendemos y lo aceptamos como algo muy profundo de nuestra experiencia de fe.

La tradición milenaria de la Iglesia nos dice que contamos con testimonios escritos que afirman que los primeros cristianos repitieron muchas veces esa comida ritual en la que celebraba la Fracción del pan en la mesa del Señor. La fracción del Pan no era solo una comida de amigos o para juntarse simplemente a recordar con nostalgia algunas acciones de Jesús o a comentar algunas palabras del Maestro. Para ellos Jesús se encuentra de nuevo presente realmente en la comunidad de fe que celebra y reitera para ella el sentido de su vida, al mismo tiempo que les asegura su presencia permanente.

“Esto es mi cuerpo” … “Esta es mi sangre…”

El pan tomado, agradecido, partido y compartido por Jesús, deja de ser solo un pan para convertirse en el memorial de una vida que también es asumida, vivida con gratitud, entregada generosamente y participada a los demás para que tengan vida, de la misma manera que Jesús lo hizo.

La copa de vino que Jesús hace pasar de uno a otro de los comensales, no es sólo un líquido que alegra el corazón del ser humano, es signo de su propia vida, su sangre que causa alegría y gozo. La sangre, es una vida que se derrama para ofrecer perdón y purificación, a poner al alcance de todos, la abundante redención.

La última cena, no es sólo última porque ya no habría más cenas para el Jesús terreno. Es también la última porque la precedieron muchas otras en la que sin duda alguna, se estrecharon los lazos de amor con los demás comensales, se comentó el sentido de la misión y del reino anunciado por Jesús, se alegró el corazón y se fortaleció la esperanza de quienes habían aceptado la fe.

La última cena, es una cena única, pues nunca antes Jesús había estado en la misma situación. Quiso dejar a sus discípulos un medio real, verdadero y eficaz para seguir en comunión más allá de las vicisitudes de la historia presente y futura.

Jesús no se entrega con un gesto de resignación. Se entrega totalmente con un sentido de esperanza para quienes habían creído en Él y para quienes en el futuro abrazarán la fe cristiana.

En muchos ligares del mundo, muchas costumbres populares acompañan esta celebración: procesiones, ofrecimiento de los frutos de la tierra… Son una manera de decirnos unos a otros que la vida en Cristo se vive con gozo y hacemos de nuevo presente el misterio de la presencia real de Cristo en la Eucaristía.

La vida cristiana es una vida agradecida y la mejor manera de hacerlo en participando en la celebración de la Eucaristía. Cuando se dan las gracias, la alegría se hace presente de manera significativa. Tengamos presente que hay que celebrar a pesar de las dificultades y que cada vez que participamos en la Eucaristía y que hacemos una visita al Santísimo Sacramento, recordamos que Jesús sigue presente en nuestras vidas y que se hace compañero inseparable en nuestro diario caminar.