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V Domingo de Cuaresma

Comentario social

21 de marzo de 2021

Por: P. Jesús Alberto Franco Giraldo, C.Ss.R.

Ciclo B: Jn 12, 20 – 33

A manera de introducción

Son las frecuentes las afirmaciones que el Nuevo Testamento –NT es completamente diferente al Antiguo Testamento –AT, que el Dios que revela el AT es otro y muy distinto al del NT, y que Jesús de Nazaret supera al AT y lo hace intrascendente. Una lectura atenta a los dos Testamentos permite ver continuidades, discontinuidades, rupturas y profundizaciones. El mismo Jesús dijo: “No piensen que venido para abolir la ley y los profetas. No vine para abolir, sino para cumplir” (Mt 5, 17).

Recordemos que la ley son los cinco primeros libros de la Biblia: el pentateuco, que tiene como personaje principal a Moisés y como hecho central el éxodo del pueblo de Israel desde Egipto, la tierra de esclavitud a la tierra de libertad; que los profetas denuncian las injusticias que son el incumplimiento de la Alianza entre Dios y el pueblo, cuestionando los dirigentes del pueblo que lo dirigen en provecho propio y lo llevan por caminos diferentes a los que Dios quiere; que el pueblo de la Alianza crea una sociedad igualitaria social, económica, religiosa y políticamente; que cuando el pueblo permite la injusticias que atentan contra la igualdad fundamental los profetas los llaman a arrepentirse, a volver a Dios, es decir, a cumplir la Alianza, a reconstruir esa sociedad, por eso el año sabático y el año de gracia. No olvidemos que el Nuevo Testamento es la nueva Alianza, que Jesús es un nuevo Moisés y un nuevo profeta, que la Pascua como una nueva Alianza, así lo dice Jesús al ofrecer el cáliz en la última cena: “Tomen y beban todos de él, porque este es el cáliz de mi Sangre, Sangre de la alianza nueva y eterna, que será derramada por ustedes y por todos los hombres”.

Una mirada a las lecturas del profeta Jeremías y del evangelio de san Juan

Jeremías (31,31-34) profetiza que el Señor establecerá una nueva alianza con el pueblo, diferente a la primera alianza, cuando Dios tomó de la mano al pueblo y lo sacó de Egipto. Alianza que el pueblo violó. En esta nueva Alianza, Dios pondrá la ley en la conciencia del pueblo y la gravará en su corazón, así, Él será su Dios y ellos su pueblo, sin depender de quién y cómo se enseñe a conocer a Dios porque todos los conocerán, desde el mayor hasta el menor.

Los profetas, tienen como criterio para juzgar a los dirigentes y al pueblo, la Alianza realizada por iniciativa de Dios, quien llama al pueblo y la propone: “Yo seré su Dios y ustedes serán mi pueblo” (Ex 6,6; Lev 26,12; Jer 7,23) y el pueblo acepta. Dios cumple su parte al sacar al pueblo de la esclavitud en Egipto, llevarlo a una tierra abundante y al darle una “nueva ley”, el Deuteronomio (la otra ley) para que no reproduzca nuevas esclavitudes y muestre al mundo la calidad de vida que Dios quiere para su pueblo. 

Al llegar a la “tierra prometida”, el pueblo hizo lo que Dios quería, estableció una sociedad igualitaria, “toda escoba nueva barre bien”, así lo evidencian los especialistas bíblicos con las excavaciones arqueológicas del tiempo en el que el pueblo se estableció en Israel, por el análisis del tipo de construcciones y la contrastación con la literatura bíblica y extra bíblica.    

Con el paso del tiempo, el pueblo reprodujo la organización social, política y económica de los pueblos vecinos: reyes, ejércitos, esclavitud, clases sociales, luchas por el poder, como lo denunció Yerubaal en Jueces 9, 1-22: se “eligió” rey de Israel a Abimelec con trampas, oro, muerte, violencia, nepotismo y a escondidas, es decir, contra la voluntad del Señor. Los profetas denunciaron las injusticias que eran una traición a la Alianza y la responsabilidad de los dirigentes políticos y religiosos en esta traición, pero le tocó pagar con persecución, calumnias, destierros o la muerte la fidelidad a su misión. El pueblo reprodujo la esclavitud vivida en Egipto y sus dirigentes políticos y religiosos legitimaron su actuación con el nombre de Dios. Esta es la violación a la alianza que denuncia Jeremías.  

Según Jeremías y los profetas, la causa de la violación a la Alianza era la falta de conocimiento de Dios: “no tienen conocimiento de Dios todos lo que hacen la iniquidad” (Sal 53,4), “mi pueblo fue destruido porque le falto conocimiento” (Os 4,6), o porque el “conocimiento” recibido fue torcido por la enseñanza de falso profetas y sacerdotes, o el conocimiento de Dios se limitó a la repetición de palabras de “labios para afuera”, sin relación con el corazón. Igualmente, el pueblo violó la Alianza con la práctica de un culto desligado de la vida personal, socio económica y de la relación armoniosa con el Creador y su obra.  

Dios hace dos propuestas al pueblo por boca de los profetas y del mismo Jesús:

1. “Que todo el pueblo me conozca, desde el mayor hasta el menor”, es decir, la popularización del conocimiento de Dios, lo que significa quitarle el poder de enseñar a los “especialistas”, los maestros de la ley, lo que llevará a ver realmente la voluntad de Dios. Entonces, la “ley” estará en la conciencia y gravada en el corazón del pueblo. Lo novedoso de esta “nueva “Alianza” es el conocimiento de Dios al alcance de todos, con esto cambia toda la realidad.

 2. Deslegitimar las prácticas religiosas de los “buenos”, los fariseos, como la expresión de la verdadera voluntad de Dios y volver al principio donde las prácticas religiosas estaban en relación con la vida y generaban unas relaciones sociales marcadas por la justicia.  

En el evangelio de san Juan 12,20-23, que acabamos de escuchar, vemos una característica muy importante de la nueva Alianza: la universalidad, la apertura a todas las personas, sin discriminaciones por ningún motivo.  Juan cuenta que algunos no judíos (unos griegos) quieren ver a Jesús, y buscan los discípulos quienes lo comunican a Jesús. Éste responde anunciando a los discípulos su glorificación: que su mensaje a todos los “hombres” empieza a ser acogido por los no judíos, es decir, los extranjeros.  Y explica: para que la “semilla” de vida y su predicación dé fruto, ha de pasar por el sufrimiento y la muerte, por eso la comparación con el grano de trigo, que complementa con la invitación a no apegarse a este mundo, a servirle y a seguirlo. La voz del cielo confirma a Jesús y a su mensaje. Luego viene las reacciones de la gente ante la voz y el “comentario final de Jesús”.

Unos mensajes de esta Palabra para nosotros hoy:

Prepararnos para la Pascua, es caminar hacia la nueva Alianza, lo cual nos lleva a:

  • Comprometernos a ir estableciendo relaciones personales, sociales, religiosas, económicas y ambientales sin daño, sin esclavitudes, sin opresiones, sin discriminaciones, sin exclusiones;
  • asumir que todos los bienes de la creación son de Dios, que los seres humanos somos sus hijos e hijas, y que, por tanto, somos herederos/as de todo lo creado para cuidarlo, para conservarlo y tomar de la naturaleza lo necesario para vivir digna y sobriamente, ayudándole a la tierra a recuperarse;
  • revisar el conocimiento que tenemos de Dios para darnos cuenta si corresponde al Dios de Jesús, al Dios de la Biblia;
  • preguntarnos si quienes nos hablan de Dios, lo hacen como los verdaderos profetas o como los dirigentes del pueblo que usan el nombre de Dios para legitimar sus intereses económicos, políticos o económicos;
  • tomar conciencia que el conocimiento determina las decisiones acertadas o equivocadas que tomamos como personas, como creyentes y como sociedad. Por eso es tan importante analizar si el conocimiento que recibimos responde a los intereses de las mayorías a intereses particulares y mezquinos que nos llevan a los desastres humanos, sociales y ambientales. Si el conocimiento nos lleva a hacer lo que Dios quiero o no.   
  • Revisar si la religión que “predicamos” es la misma que practicamos, y si es la religión que legitima las nuevas esclavitudes y destrucciones personales, sociales, económicas…. O si es la religión de los profetas y de Jesús que libera y construye una sociedad más justa e igualitaria;
  • verificar si nuestra formación y practicas cristianas nos están llevando a una conciencia más crítica y menos alienada, más humilde y menos autosuficiente, más abierta y generosas y menos etnocéntrica, xenófoba, racista o patriarcal;
  • reconocer hasta donde nuestra vida cristiana se limita a las practicas cultuales, rituales o piadosas sin relación con la vida o está tocando los corazones como personas, como sociedad, como naturaleza y creación;
  • Analizar si nuestro cristianismo es de mente y de ojos abiertos para ver el fondo de los problemas que ha develado el covid 19: el empobrecimiento, las injusticias, el cambio climático, la mercantilización de la salud, la escandalosa concentración de las riquezas…