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III Domingo de Pascua

Comentario social

18 de abril de 2021

Por: P. Jesús Alberto Franco Giraldo, C.Ss.R.

Ciclo B: Lc. 24, 35-48

Estamos en el tiempo pascual

Celebrar la pascua, es dar pasos (pequeños y sencillos) que nos que alejen, “unos centímetros”, de nuestras esclavitudes y complicaciones y nos acerquen, un escalón, hacia la libertad de los hijos e hijas de Dios, es decir, hacia una vida resucitada. Con frecuencia nos quedamos en devociones, celebraciones bonitas y cirios encendidos sin dar pasos de pascua. Si no damos pasos de pascua, no celebramos la pascua haciendo inútil la vida, pasión, muerte y resurrección de Jesús. 

Recordemos que los apóstoles y los discípulos de Jesús, tuvieron miedos, dudas de fe, equivocaciones, angustias y comprendieron mal la misión de Jesús y la voluntad de Dios; que confundieron a Jesús con un fantasma, con un jefe político y religioso tradicional; que no lo entendieron en los momentos claves y lo abandonaron.

El Resucitado, se apareció varias veces a los “suyos” (apóstoles, discípulos, mujeres), quienes estaban con las puertas cerradas por miedo, se sentían fracasados, no entendían lo que había pasado, caminaban desconsolados, pensaban que todo se había acabado, que todo había sido un sueño, y que ahora les tocaba volver “a la normalidad” a la vida de antes. En un primer momento, “los suyos” no lo reconocieron, pero Él poco a poco se les fue revelando y les ayudó a cambiar la manera de ver y comprender los acontecimientos vividos. Ellos fueron asumiendo una actitud diferente que les cambió la vida para siempre, que los dio un nuevo sentido a su existencia, que les llevó a vivir de una manera totalmente diferente la fe, y a establecer unas nuevas relaciones entre hombres y mujeres, con Dios, con la sociedad y la naturaleza.

Va la pena pensar en este sentido de pascua en medio de la pandemia del covid 19, con las profundas crisis personales (depresiones, ansiedades, dudas de fe…), familiares (exacerbación de los conflictos y problemas), sociales (en los diversos aspectos de nuestra vida social), económicas (endeudamiento, empobrecimiento y concentración brutal de las riquezas) y ambientales (los daños ecológicos que han llevado a la crisis del calentamiento globa); revisemos si es lógico el llamado desde los gobiernos y la sociedad de consumo a volver “a la normalidad”, a la misma que nos ha llevado a la crisis o si necesitamos “otra normalidad”: ¿no será el momento de pasos pequeños en otra dirección que nos lleve a otra manera de vivir y relacionarnos con Dios, con la naturaleza, con las demás personas y nosotros mismos?

¿Qué dice la Palabra de Dios, en este tercer domingo de pascua?

En la primera lectura, Pedro le recuerda a la “gente” lo que ella hizo: entregar a Jesús y rechazarlo ante Pilado cuando este decidió dejarlo libre, rechazar al Justo y al Santo y pedir la libertad de un asesino. Y contrapone lo que hizo el Dios de la historia -el Dios de sus antepasados que sacó al pueblo de la esclavitud en Egipto-, resucitar y glorificar a ese Jesús, afirmando que ellos, los apóstoles son testigos de este hecho. Al final, Pedro abre una puerta de salvación: ustedes y sus jefes, lo hicieron por ignorancia; e invita a la conversión y al arrepentimiento.

En la segunda lectura, el apóstol Juan afirma que, aceptando a Jesucristo, el Justo, se vence el pecado personal y del mundo entero; que, quien conoce a Jesús, guarda sus mandatos, por eso, quien dice que lo conoce y no los guarda, es un mentiroso; y concluye afirmando que, conocer a Jesús, es guardar la palabra y llevar a la plenitud del amor a Dios.

En el evangelio, san Juan cuenta que los dos discípulos de Emaús, le estaban contando a los otros que reconocieron a Jesús compartiendo por el camino y al partir el pan con un forastero al atardecer; que Jesús se les apareció y todos se llenaron de miedo y de espanto, porque lo confundieron con un fantasma; que Jesús para darles confianza, superar el miedo y disipar las dudas, los invitó a ver sus manos y sus pies, a tocar y a sentir su carne y sus huesos, y les mostró las manos y los pies. Y comió con ellos; que cuando estaban más tranquilos, les explicó lo que decían las escrituras sobre Él. Entonces les abrió el entendimiento para comprender las escrituras.

En las tres lecturas hay unos hechos relacionados entre sí: la ignorancia de la gente y sus jefes que los lleva a rechazar y condenar a muerte a Jesús; conocer a Jesús como plenitud del amor y fidelidad a sus mandatos; reconocer a Jesús por el camino y al partir el pan; no reconocer a Jesús y confundirlo con un fantasma como causa de miedo. Al final, Jesús explica las escrituras a los discípulos y les abre el entendimiento.

Por un lado, está la ignorancia y la confusión que generan muerte, equivocaciones y miedo y por el otro, conocer y reconocer a Jesús por los caminos de la vida es amor de Dios plenamente. En estas lecturas, la pascua sería el paso de la ignorancia y confusión en el conocimiento del Dios de Jesús, a un conocimiento verdadero y a un experiencia que transforman la vida, en todas sus dimensiones, y que hace más fácil caminar por la vida.

Conocer a Jesús es la plenitud del amor a Dios, lo que lleva a supera el miedo y el temor. Para evitar confundirlo con un fantasma, Jesús da la clave: ver su humanidad, sus manos, sus pies, tocar su carne y sus huesos, comer con él y escuchar sus explicaciones que abren el entendimiento. Es reconocer que el Resucitado es el mismo Jesús de la Historia y el mismo que fue crucificado por los poderes de su tiempo, que no soportaron que colocara como centro de la religión la vida y no las normas y tradiciones religiosas.

Cuando reconocemos que el Resucitado el mismo Jesús Histórico, el que fue asesinado por colocar en el centro de la religión la vida humana y de la naturaleza, cuando nos damos cuenta que este mensaje es para nosotros hoy y tomamos la decisión de relacionar la Palabra de Dios con nuestra vida, y empezamos a poner en práctica su mensaje hoy, celebramos realmente el tiempo pascual, tiempo de pasar de nuestras esclavitudes a la libertad, de nuestras muertes a la vida.

Las lecturas muestran que la ignorancia puede llevar matar la vida, a rechazar la vida y la dignidad que Jesús ofrece, a confundir a Jesús con un fantasma, es decir, a creer en imágenes deformadas que Dios que generan miedo y están al servido de los poderes que mataron a Jesús ayer, y lo matan hoy. La ignorancia religiosa puede legitimar gravísimas esclavitudes, llevado a los creyentes a respaldar y apoyar a quienes mienten, oprimen y manipulan; a quienes se apropian de las riquezas con métodos ilegales, o legales pero ilegítimos, generando hambre y degradación humana y ambiental; a  quienes han aprovechado la violencia, o la han propiciado, para acrecentar o conservar intereses políticos y económicos; a quienes han decidido conservar sus ganancias astronómicas a costa del planeta; a quienes han hecho del cristianismo, una religión a la medida de sus intereses, egoísmos y negocios, la presentan como la verdadera y auténtica, y la difunden por grandes medios, espectacularidad y esplendores, con gran apariencia de santidad.

Un primer paso para celebrar, honestamente, este tiempo pascual es revisar si la comprensión que tenemos del Señor Jesús se corresponde con el Jesús de los evangelios, o, si es una imagen de él, un fantasma, el Jesús “creado” y reproducido por los poderes de ayer, y reeditado por los poderes de hoy para dar una imagen buena, decente y creyente que oculte la lógica de exclusión y de muerte.

Una sugerencia: leer despacio, sin afanes, a nivel personal el evangelio de Marcos, el primero que se escribió y el más cortico. También nos puede ayudar meditar la Exhortación Apostólica Gaudete et Exsultate, sobre el llamado a la santidad, del Papa Francisco.

Una oración: Señor, haz brillar sobre nosotros la luz de tu rostro, la luz de tus enseñanzas para que nos abra el entendimiento y te conozcamos mejor.