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XXV Domingo del Tiempo Ordinario

Comentario dominical

19 de septiembre de 2021

Ciclo B: Mc. 9, 30 – 37

Por: P. José Samuel Rojas Tangua, C.Ss.R.

En la década de los sesenta del siglo pasado, un teólogo de la Iglesia afirmaba que los cristianos del siglo XXI deberían ser personas místicas.  Esta expresión señala un amplio horizonte a la vivencia de la fe debe confrontarse con los creyentes. En esta época, la vida de fe es confrontada por los modelos de vida que seducen al ser humano: el deseo de placer, de tener, de poder, el dolor, las guerras y las diversas realidades que se ven hoy en el mundo. Surge la pregunta ¿Cuál es la novedad que ofrece el cristiano?

Las lecturas de este domingo permiten dar unas pinceladas a esta pregunta.

La primera lectura del libro de la Sabiduría expone dos tipos de personas. En primer lugar, la actitud del impío, es decir, del que no reconoce a Dios y se dedica a cuestionar y poner en peligro la vida e incluso a poner a prueba la fe del justo. En esta actitud se nota la destreza para realizar acciones que denigran y amenazan experiencia de fe y la capacidad de sembrar cizaña. Y, en segundo lugar, la vida del justo el cual es invitado a mantenerse firme en sus principios y a manifestar la profundidad de su fe.

En la segunda lectura, el apóstol Santiago, presenta aspectos de la novedad, pues la experiencia de la fe, la unión con Dios, la sabiduría que nace del encuentro con el Señor, se reconocen en la vida cotidiana. El texto hace ver las características de la falsa sabiduría que es terrena y demoníaca, pues allí reina el desenfreno y la maldad total. En cambio, la sabiduría que surge del encuentro con Dios, con las características que le son propias: es pura, pacífica, indulgente, conciliadora, compasiva, fecunda, imparcial y sincera. Gran novedad que requiere hoy la sociedad y es la luz que irradia y testifica.

En el evangelio de Marcos se entrecruzan dos aspectos centrales de la vida cristiana. En primer lugar, Jesús, les anuncia a los discípulos, por segunda vez, su pasión. Tres verbos expresan este acontecimiento: entregar; crucificar y resucitar. Para el discípulo, es una auténtica novedad de vida. Una vida entregada en fidelidad al proyecto del Padre como la vivió el Señor Jesús. El cristiano no rehúye la cruz; forma parte de su ser y es señal de su fidelidad y amor. La gran novedad es la vida nueva que nace del encuentro con el Señor que vive. Es la vida mística de todo cristiano.

En seguida, como segundo aspecto, los discípulos discuten entre sí. ¡Qué contraste! Mientras el Señor anuncia el acontecimiento central de la vida, ellos discuten cuál es el más importante entre ellos. La respuesta es orientativa y señala la vida nueva del discípulo: “Si alguno quiere ser el primero, colóquese en último lugar y hágase servidor de todos”.

Esta novedad se vive con sencillez, amor y humildad que el texto recoge en la acogida a los niños.