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VI Domingo de Pascua

Comentario social

9 de mayo de 2021

Por: P. Edward Julián Chacón Díaz, C.Ss.R.

Ciclo B: Jn. 15, 9 – 17

El Evangelio de este sexto domingo de Pascua es la continuación del texto evangélico del domingo pasado, en el que Jesús enseñó que él era la vid y que sus discípulos (comunidad cristiana) eran los sarmientos. En el ejemplo de la vid y las ramas, aprendimos que nuestra unión con Jesús conducirá a un servicio fructífero. La lectura de hoy extiende esta enseñanza para describir el tipo de servicio que los cristianos están llamados a ofrecer a los demás.

Cuando Juan escribió este Evangelio, su comunidad estaba amenazada por un conjunto de creencias religiosas llamadas “gnosticismo”. Parece que una de las intenciones del evangelista era distinguir la creencia cristiana de las creencias heterodoxas. Uno de los principios de la enseñanza gnóstica fue la importancia del conocimiento o gnosis, como aspecto determinante de la fe. En este pasaje, Jesús recuerda a sus discípulos que el conocimiento de Dios debe expresarse en el amor.

Hoy en el mundo existe un nuevo “gnosticismo” la seguridad ciega en la ciencia y en la tecnología. La actual pandemia nos ha enseñado que no sólo con el intelecto sino con nuestras acciones de solidaridad, caridad y responsabilidad podemos mitigar el impacto del COVID-19. El conocimiento conduce al amor, y éste a su vez nos motiva a un compromiso específico. Entonces, la propuesta del “amor cristiano” no debe ser simplemente una teoría o una idealización que a veces compartimos en nuestras redes sociales, debe ser parte de nuestra cotidianidad.

Permanecer en el amor como lo pide el Señor no es simplemente una respuesta afirmativa a un imperativo categórico. En consecuencia, los mandamientos de Dios no están destinados a delimitar la libertad humana; más bien están destinados a ayudarnos a practicar el amor más fácilmente; de ahí que Jesús sintetizara la ética discipular en un solo mandamiento: “ámense unos a otros como yo los he amado” (Jn. 15, 12).

El amor del que estamos hablando aquí va más allá de la mera emoción. El amor al que Cristo se refiere aquí es un “amor generoso y oblativo”.  El amor verdadero genera acciones concretas de entrega y solidaridad, hasta llegar a la máxima expresión que es dar la vida por los demás. Necesitamos menos palabras y más hechos concretos. Estamos hartos de los discursos sobre la transparencia ética pronunciadas por políticos corruptos; nos hemos vuelto escépticos ante las alusiones sobre la responsabilidad social empresarial de empresarios ávidos de lucro.

Una característica del amor, que Jesús nos muestra en el fragmento del evangelio de Juan, es la de llamarnos y hacernos sus amigos. El tema de la amistad tiene un profundo fundamento bíblico. Dios hablaba con Moisés “como un amigo habla con su amigo” (Ex 33,11). No sólo somos hijos de un mismo Padre, y por tanto, hermanos, como Jesús nos ha revelado a lo largo de su vida, sino que el se hace servidor de sus hermanos y su vez nos hace amigos. Aquí Jesús enseña que su relación con sus discípulos se basa en la amistad, no en la servidumbre.

Sin embargo, otro aspecto de la creencia gnóstica de los primeros siglos del cristianismo era que el creyente era una persona elegida y apartada del mundo. No obstante, para la comunidad joánica ser elegido por Jesús, no es separación del mundo:  ser elegido por Jesús es ser enviado para servir al mundo como lo hizo él. Los discípulos de Jesús fueron elegidos y enviados a la humanidad para dar sus frutos sirviendo a los demás, sacrificándose por los demás, viviendo el mandamiento del amor.

En línea a lo anterior, la comunidad del Evangelio de San Juan comprendió que a Jesús lo podemos visibilizar en el hermano. La forma más efectiva de comunicar el amor de Dios a los demás es tratando a todos como amigos, dándoles a cada uno el respeto que merece como ser humano; Hélder Cámara (1909 – 1999), obispo brasilero, nos recuerda la invitación de Jesús con estas palabras: “Para liberarte de ti mismo lanza un puente más allá del abismo que tu egoísmo ha creado. Intenta ver más allá de ti mismo. Intenta escuchar a algún otro y, sobre todo, prueba a esforzarte por amar en vez de amarte a ti solo”.

Finalmente, el reto es vivir con amor. ¿Por dónde empezamos? Por nosotros mismos, la autoestima como amor propio. La fraternidad como expresión de caridad con los demás. La constancia en oración como comunicación del amor humano a Dios. Bien lo decía el Papa emérito Benedicto XVI: “El amor es la única fuerza capaz de cambiar el corazón del hombre y de la humanidad entera”